Más allá del deporte, «rusos sí»

El COI ha escuchado a las federaciones internacionales y dos terceras partes de la delegación podrá competir

El alcalde de Río, Eduardo Paes, fue uno de los portadores de la antorcha

El COI ha escuchado a las federaciones internacionales y dos terceras partes de la delegación podrá competir

El COI aprovecha los Juegos Olímpicos para celebrar su Congreso. En la sesión del martes, cuando se decidió que «rusos sí», hubo 39 intervenciones de los asambleístas para discutir sobre la «salud» del deporte en el país de Vladimir Putin. Todos los miembros, salvo uno, y son más de cien, votaron a favor de mantener en los Juegos de Río a los deportistas que han pasado el filtro de las federaciones internacionales, esa gatera por la que han escapado Thomas Bach, y la comisión tripartita, de la que forma parte Juan Antonio Samaranch Salisachs, que tenía que cribar la lista hasta dejarla como una patena.

En el Congreso han participado los presidentes de las Federaciones Internacionales, en quienes finalmente ha recaído la responsabilidad de fumigar a una tercera parte de la delegación rusa. Luego Samaranch, en representación de Bach; Erdener, presidente de la Comisión Antidopaje, y Bacler, presidenta de la Comisión de Atletas, afilaron aún más las uñas sin que su intervención haya resultado decisiva. La decisión, crítica, estaba tomada. El martes, por ejemplo, de los 16 piragüistas represaliados por su evidente contacto con el «dopaje de estado», no salvaron como se pretendía ni siquiera a uno que había dado positivo por consumo de cocaína.

Los remeros de Rusia recurrieron al TAS y recibieron un bofetón con la mano abierta. No admiten a ninguno de los 17 que reclamaron. Y tampoco a los 68 atletas cuya federación internacional, con el presidente Sebastian Coe en vanguardia, declaró no aptos, en lo que también coincidió el Tribunal de Arbitraje Deportivo.

Conclusión, que a pesar de las aceradas críticas de la WADA o AMA, quienes tomaron la decisión de contradecir a la Agencia Mundial Antidopaje, drástica en la medida, se muestran moderadamente satisfechos con la presencia en los JJ OO de las dos terceras partes del deporte ruso. Prevalece el espíritu olímpico de Thomas Bach, decidido a respetar la participación de los deportistas rusos limpios, y a luchar con todos los medios contra el dopaje. El aviso está dado: las muestras de los controles se conservan durante diez años, por eso en este 2016 se han destapado positivos de Pekín’2008 y de Londres’2012.

El COI va a combatir a los tramposos con rigor y con todos los medios a su alcance. Es uno de los dos grandes frentes que tiene abiertos en Río: el dopaje y la organización de estos Juegos, que los deportistas, en la Villa Olímpica, aguardan ansiosos de comenzar. Se acostumbran al horario, al clima, a las incomodidades, que algunas hay, y con la ilusión por bandera hacen gala de una moderada satisfacción.

A Tania Hidalgo, una de las componentes del equipo de ciclismo en pista, casi todo le parece bien, pero la comida se le hace bola: «Casi todos los días comemos lo mismo, es monótona». A la judoca Julia Figueroa, en cambio, le ocurre todo lo contrario: porque no come. Pesa 50 kilos, lucha en la categoría de 48 y ni siquiera está a pan y agua: «Un poco de lechuga. Estoy que muerdo». De aquí a mañana tiene que perder dos kilos, pero algo ingiere, barritas energéticas, batidos de proteínas, «tenemos trucos». Y para perder peso rápido, un traje de plástico.

La báscula es ahora su principal enemiga. «Pero después de pesarse come», dice Gemma Mengual, que camina junto a Ona Carbonell por la Villa Olímpica, convencidas ambas de las posibilidades de alcanzar medalla para continuar con la tradición de la «sincro». Desde luego, el ambiente es mucho mejor en la Villa que entre las bambalinas del COI; más aún después de tomar la sublime decisión de mantener a los rusos en los estadios.