Messi se libera

Aficionados argentinos en una furgoneta que homenajea a Messi
Aficionados argentinos en una furgoneta que homenajea a Messi

«Es difícil jugar contra Messi. Inicialmente, pensé en marcarlo durante 90 minutos, pero es imposible. No quería obligar a un jugador a que le sacaran una o dos tarjetas, pero mis futbolistas sabían que cada vez que tuviese el balón tenían que estar cerca de él», confesaba el seleccionador bosnio, Safet Susic, después de que su equipo perdiera contra Argentina en su estreno en un Mundial. La primera parte amenazaba con prolongar la mala relación de Leo con el torneo. No ofreció nada que recordara al mejor jugador del mundo y seguía sin marcar en un partido del campeonato. En los ocho encuentros que había disputado entre las dos ediciones anteriores sólo había marcado un gol. Y fue en su estreno, en 2006.

En la segunda mitad, Argentina cambió el dibujo y Messi cambió a Argentina. Consiguió su segundo gol mundialista, que acabó siendo decisivo, y ofreció motivos para la esperanza a su selección. «Estoy contento por el gol, no estábamos jugando como queríamos. Es importante ganar, pero tenemos que mejorar. No es fácil, porque en el primer partido en un Mundial tienes nervios y ansiedad, pero luego hicimos un gran segundo tiempo y así tenemos que seguir», explicaba Messi tras el encuentro. Estaba feliz, pero quiso mandar un mensaje a su seleccionador: «A los delanteros nos gusta más el sistema del segundo tiempo, porque podemos salir a la contra con más opciones de pase, aunque es posible que podamos sufrir un poco más». En la segunda mitad, Higuaín se unió a Messi y Agüero en la delantera y el centro del campo estaba mejor armado con la entrada de Gago y la compañía de Mascherano y Di María. Messi defiende su sitio, pero también intenta que Argentina explote sus virtudes. Es un equipo con muy buenos delanteros y futbolistas no tan buenos por detrás. «Tuvimos la pelota y creamos ocasiones, así tenemos que jugar, como en el segundo tiempo», asegura Messi. «Nos costó más en el primer tiempo, porque estábamos atrás, pero lo importante es que se ganó», añade.

«Es el mejor jugador del mundo, más allá de lo que ocurra en este Mundial y está entre los mejores de la historia», reconoce el seleccionador argentino, Alejandro Sabella, cuando habla de Messi. Y termina dándole la razón. «Necesita abastecimiento y acompañamiento», dice. Como ocurrió en el segundo tiempo contra los bosnios.

Messi llegó a Brasil con ganas de mejorar su discreta temporada con el Barcelona y de acabar, por fin, con la idea de que para ponerse a la altura de Maradona debe ganar un Mundial. Lo ha ganado todo con su club, pero en su selección siempre ha sido un extraño. Se crió para el fútbol en España y no jugó con Argentina hasta que alguien avisó a José Pékerman, cuando se encargaba de las selecciones inferiores de la albiceleste, de que debía ver a aquel diminuto futbolista que no paraba de meter goles con los juveniles del Barcelona.

Pékerman lo incluyó en la lista para el Mundial 2006, aunque fue muy criticado por mantenerlo en el banquillo en el partido decisivo ante Alemania y elegir en su lugar a Julio Cruz. Cuatro años después, Messi le dio la razón, aunque Maradona, seleccionador entonces, lo defiende: «En Suráfrica disparó 10 veces al arco y los porteros se lucieron», explica Diego, feliz por el gol de Leo ante los bosnios: «Aún recuerdo su llanto cuando nos eliminó Alemania».