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Murray y su nueva "cadera de metal"

El tenista escocés, exnúmero uno del mundo, fue operado. Quiere llegar a Wimbledon para retirarse allí

Lo de Andy Murray ya no es una pelea para poder competir, para coger una raqueta y seguir jugando al tenis, es una pelea para poder vivir con cierta normalidad. «Me duele hasta sacar a pasear al perro», admitió hace unas semanas antes de empezar el Abierto de Australia, donde fue eliminado en primera ronda por Roberto Bautista tras un maratoniano partido a cinco sets. Su dolor de cadera, de la que se operó en enero de 2018, era insoportable y anunció que volvería a someterse a una intervención quirúrgica. Ya lo ha hecho, y lo publicó en su cuenta de Instagram, con una foto en el hospital y una radiografía de su nueva articulación. «Me sometí a una cirugía de reconstrucción de cadera en Londres. Me siento un poco dolorido y magullado, pero espero que ese sea el final de mi dolor de cadera. Sé que ahora tengo una cadera de metal», explicó en las redes sociales.

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El escocés de 31 años lleva un par de años peleando contra el sufrimiento. Todo empezó justo después de uno de sus mejores momentos, cuando alcanzó el número uno del mundo. Fue en noviembre de 2016, después de un final de curso espectacular, con triunfos en Wimbledon, los Juegos Olímpicos, Pekín, Viena, los Masters 1.000 de Shanghái y París y el Torneo de Maestros. Todo eso le sirvió para desbancar a Novak Djokovic al frente del tenis mundial, pero los problemas empezaron pronto. En julio de 2017 paró tras Wimbledon, en enero de 2018 se operó, reapareció a finales de ese mismo año, pero seguía con dolor y sin resultados hasta que este enero anunció que las lesiones le iban a obligar a retirarse. Su intención, dijo y mantiene, es decir adiós en Wimbledon, el «Grand Slam» que ganó dos veces, la primera de ellas en 2013, convirtiéndose en el primer británico en triunfar en la hierba de Londres desde 1936. Además, tiene dos oros olímpicos y un Abierto de Estados Unidos. Habitualmente se le ha incluido a él junto con Djokovic, Federer y Nadal. Los llamaban el «big four», por el dominio que han tenido en el circuito en los últimos quince años. También es uno de los tenistas más activos en la lucha por la igualdad de género. Amelie Mauresmo fue su entrenadora, y en 2017 corrigió a un periodista cuando le preguntó por su rival, Sam Querrey, el «primer tenista estadounidense en llegar a semifinales de un Grand Slam desde 2009». «Tenista hombre», contestó él. Porque Serena y Venus Williams habían alcanzado esa ronda en varias ocasiones. Estos son sólo unos ejemplos. Tiene muchos más.

Es complicado que el sueño de Murray se cumpla. Ahora tiene por delante varios meses de recuperación, y apenas podrá preparse en una pista para poder competir con alguna garantía o con dignidad en Wimbledon. Juegue o no juego, seguro que le hacen un homenaje. Eso sí, para julio espera poder sacar a sus perros tranquilamente y sin sufrir.