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Para Melero no era penalti indiscutible

La Razón
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Pero, ¿no iba a acabar el VAR con las polémicas en el fútbol?

No. En las entrevistas a los responsables del videoarbitraje, empezando por el presidente del Comité Técnico, Velasco Carballo, estos ya advirtieron de que la polémica no iba a acabar porque detrás del VAR hay seres humanos que pueden equivocarse.

¿Por qué no revisó Munuera Montero el posible penalti a Vinicius?

Para empezar, un apunte sobre el funcionamiento del VAR: el árbitro de campo nunca puede pedir revisar una jugada, por tanto tenía que haber sido Melero López, que era el colegiado que estaba en la cabina en Las Rozas, el que le avisara de su posible error. Si lo hubiera hecho, Munuera habría ido a ver la jugada al monitor que hay en la banda, y la decisión última hubiera sido siempre suya. Si Melero López no lo hizo fue porque, después de revisar todas las imágenes y tomas de las que disponía, interpretó que no era una acción rotunda (porque Rulli toca el balón con la punta de los dedos, por ejemplo), independientemente de que a él le pareciera penalti o no. Lo que le parezca a él o lo que nos parezca a cada uno no tiene importancia: deben ser acciones incontestables. Y ahí está el «error»: ¿qué es una acción incontestable o un error flagrante? La de Vinicius lo parece, porque el hecho de que el portero toque la pelota no anula la opción de que sea penalti, pero de nuevo se entra en la interpretación. La sensación que queda a veces es que sólo se hace justicia a medias (¿por qué esta jugada sí y la otra no?).

¿Hay motivos para quejarse del VAR?

Primero hubo polémica porque la línea de fuera de juego no era exacta. La tecnología que se utiliza en España tiene que mejorarse, pero lo cierto es que en ese tipo de acciones (gol anulado o concedido por fuera de juego) se ha ganado mucho. Las quejas principales han sido por las jugadas de penaltis y por alguna tarjeta roja de más que se podía haber mostrado. El error más incomprensible en lo que va de campeonato es el penalti no pitado al Getafe en San Mamés: el agarrón de Íñigo Martínez a Mata es continuado y claro.