LaLiga

San Mamés devora al Atlético (2-0)

El Athletic, mucho más intenso y más metido en el partido, le pasó por encima y lo derrotó con goles de Guruzeta y de Nico Williams

El Athletic celebraba su 125 aniversario y el Atlético, como un hijo educado, no quiso molestar. Iribar y Jon Rahm fueron las estrellas antes del comienzo. Lo que sucedió después era cosa de los hermanos Williams. Nunca supo el Atlético cómo contenerlos; el equipo de Simeone se vio superado siempre por la intensidad y el ímpetu de los futbolistas del Athletic. No es que fueran más contundentes en las áreas o que tuvieran más acierto en el remate, es que ganaban todos los duelos. Apretaban arriba y no dejaban pasar del centro del campo al Atlético, que estaba más preocupado por que no le hicieran demasiado daño que por intentar ganar el partido. Vio demasiado pronto que era imposible. Tan imposible que Griezmann fue sustituido a la hora del partido. No daba crédito el francés a la decisión de su entrenador, que tampoco daba crédito a la decisión de sus jugadores. Porque fueron dos goles los que marcó el Athletic, pero podían haber sido muchos más si hubiera estado más acertado en el remate y si Oblak lo hubiera estado un poco menos.

Que la herida no fuera demasiado profunda se la debe el Atlético a su portero. Los Willliams entraban por las bandas con comodidad. Juegan a una velocidad superior. Especialmente Iñaki, que formó una perfecta sociedad con Lekue en el costado derecho y entre los dos aprovecharon el hueco que quedaba entre Lino y Hermoso por ese lado para intentar hacer daño al Atlético.

Fue Guruzeta el que abrió el marcador, pero podía haber sido cualquiera. Pudo ser Sancet en la primera mitad, pero el mediapunta internacional mandó a la grada un penalti que le había hecho Soyuncu a Nico Williams.

Era la primera titularidad del turco, que no hizo muchos méritos para que se repita la decisión del Cholo. No fue culpa suya, el Atlético no se enteró de nada en todo el partido, incapaz de molestar a Unai Simón durante la mayor parte del tiempo y de contener los ataques bilbaínos. Los delanteros del Athletic llegaban demasiado sueltos y la defensa de cinco no supo sujetarlos.

Era un juego arrollador el del Athletic, que pasó por encima del hermano pequeño. No tenía nada que ver el Atlético que pisó San Mamés con el que se acostumbra a ver en este campeonato. Era mucho más veloz, mucho más intenso y mucho mejor el equipo de Ernesto Valverde, que además de todas las ocasiones que creó mandó dos balones a los postes. Oblak detuvo un mano a mano a Nico Williams y varias veces más tuvo que aparecer para que la herida no sangrara demasiado.

Unai Simón hizo lo que debía para que el Atlético no aprovechara sus escasas ocasiones. El único temor del Atlhetic era que su rival se adelantara en el marcador mientras él desaprovechaba una ocasión detrás de otra. Pero no había peligro.