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Sin móvil ni comida en la sala del VAR

El Comité Técnico de Árbitros (CTA) abrió ayer las puertas del VAR a los medios de comunicación. Es el segundo año en el que se utiliza la tecnología en LaLiga, esta vez con nuevo proveedor, Hawk-Eye, y las instalaciones se han modernizado. En la Ciudad del Fútbol de Las Rozas hay 12 estaciones preparadas para videoarbitraje (una habitación con cinco puestos y otros siete individuales), pues desde esta temporada también se utiliza en los partidos de Segunda División. Cada jornada hay por tanto 21 encuentros que están bajo la vigilancia del VAR. Para entrar hay un control por huella digital. Detrás de la puerta hay un pasillo con las paredes azules y desde ahí se tiene acceso a las distintas salas.

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El trabajo de los colegiados comienza 100 minutos antes de que empiece el partido, cuando se va comprobando si todo funciona dentro de la sala, si están bien las comunicaciones con el estadio... Cuando falta media hora para el comienzo sólo pueden entrar a la sala los árbitros principales, los asistentes (llamados AVAR) y los operadores de cámara, que serán los encargados de proporcionar las imágenes que les pidan los colegiados durante el encuentro, los que darán los diferentes planos y tomas para poder apreciar mejor si ha habido alguna infracción de las cuatro que mira el VAR: jugadas de gol, penaltis, tarjetas rojas directas y equivocación de identidad. Durante un partido están como mínimo esas tres personas, pero puede haber más ayudantes. En España, para enfrentamientos como puede ser un clásico, hay más cámaras en el estadio de las que hubo para la final del Mundial de Rusia. En el Camp Nou se llega a 39.

El plano en el que figura dónde está colocada cada cámara es una de las pocas cosas que los árbitros llevan consigo en la sala. «No se puede entrar ni con móviles ni con comida ni bebida», explica Velasco Carballo, presidente del CTA. Hace poco se coló una imagen del VAR en Grecia en el que a los árbitros se les entregaba un pizza. En realidad, no hay ninguna ley que impida la comida, pero en España se hace por precaución porque se puede derramar algo. El teléfono sí está específicamente prohibido.

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Al lado de los monitores en los que se ven las imágenes hay dos botones, uno verde y otro rojo. El verde es para comunicarse con los colegiados que hay en el campo: cuando se pulsa, lo que se dice en la cabina lo escucha el árbitro que esté en el estadio. El rojo es para marcar jugadas: posible penalti, posible fuera de juego... Se espera a que acabe la acción y uno de los árbitros se centra en seguir el partido mientras que el otro intenta analizar lo más rápido posible la jugada señalada. En caso de dudas se pulsaría el botón verde para decirle al árbitro que está en el estadio que espere porque lo están chequeando.

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Para los fueras de juego se tiene en cuenta la perspectiva y las líneas se tiran con proyección ortogonal, para las situaciones en las que el cuerpo está por delante del pie. La zona desde la que hay que medir es el hombro. La intención del CTA es mostrar al público en televisión tanto las tomas de los fueras de juego en los que se rectificó una decisión del árbitro como en las que no, para evitar suspicacias.