Tenis

Ferrer jubila a «Míster “come on”»

David Ferrer recibe la felicitación de Lleyton Hewitt
David Ferrer recibe la felicitación de Lleyton Hewitt

El español alcanza la tercera ronda del Abierto de Australia tras derrotar a Hewitt, ex número uno y un rebelde del tenis en sus inicios, que se retira.

El «¡come on!» («¡Vamos!») más famoso de los últimos 20 años en el tenis se oyó por última vez en la Rod Laver Arena. Ante su público, Lleyton Hewitt abandona el tenis tras ceder en la segunda ronda del Abierto de Australia ante David Ferrer (6-2, 6-4 y 6-4), un tenista de su generación que ha sabido «envejecer» mejor, que ido hacia arriba con el paso del tiempo, justo lo contrario que su oponente. «Ferru» es como una versión moderna y mejorada del australiano. Se marchó Hewitt emocionado, tras una larguísima carrera en la que fue número uno del mundo y logró levantar dos títulos de «Grand Slam», hasta que llegaron los Federer, Roddick, Nadal y compañía, además de los problemas con las lesiones, para apartarlo de los primeros puestos del ranking.

«Pensé que iba a dominar el circuito muchos años», afirmó Pete Sampras cuando Hewitt era todavía muy joven y era todavía un jugador polémico. El tenista «aussie» es el más precoz de la historia en haber conquistado un torneo ATP, el de Adelaida, con 16 años, 10 meses y dos días, y también el que alcanzó antes el puesto de número uno, con 20 años, 8 meses y 26 días. Ha ganado más de 600 partidos, estuvo en lo más alto durante 80 semanas y el Abierto de Estados Unidos de 2001 y Wimbledon de 2002 figura en un palmarés con 30 títulos, incluidas dos Copas Davis, una de ellas ganadas a España, en 2003, en la famosa final disputada en Melbourne en la que pusieron por equivocación el himno de Riego. Hewitt es un tenista admirado por todos... Ahora. «Definitivamente, me hizo ser mejor. Veía su consistencia con lo joven que era, y yo no la tenía...», ha dicho hace poco Roger Federer. Pero no siempre fue así. En sus inicios, los altercados en las pistas eran tan sonados como sus éxitos, fundamentados estos últimos en un juego volcánico desde el fondo de la pista, en un gran resto y en una gran capacidad de lucha que a veces le hacían inabordable. Con todo eso superó su falta de un tiro definitivo. Pero era irreverente e incluso maleducado, y su forma de celebrar los puntos era además un desafío para sus oponentes. Es frecuente oír gritar a los tenistas «come on» después de un gran tanto, pero él lo hacía sacando el puño y mirando directamente al jugador que tenía al otro lado de la red. Su bronca más famosa fue con el argentino Chela, que incluso llegó a escupirle, harto de los comentarios de su rival, durante la tercera ronda del Abierto de Australia de 2005. Al suramericano le costó 2.000 dólares de multa. El año pasado, Hewitt se abrió una cuenta en Twitter y Chela, siempre bromista en las redes sociales, le dio la bienvenida con este mensaje: «¿Te acuerdas de mí?», que acompañó con dos emoticonos que simulaban el salivazo. En ese mismo torneo se midió después a otro argentino, Nalbandian, y en un cambio de pista sus hombros chocaron y hubo mucha tensión. Sus problemas con los árbitros también fueron sonados, sobre todo en un partido del Abierto de Estados Unidos de 2001 ante James Blake en el que acusó a un juez de línea de favorecer a su rival porque ambos eran negros.«Míralo y míralo a él. ¿Ves la similitud?», le dijo al juez de silla para protestar. En esa época todavía no existía el Ojo de Halcón.

Su irrupción coincidió con el final del duelo entre Agassi y Sampras y precedió al de Nadal y Federer. Eso y las lesiones de cadera, rodilla o muñeca le mandaron casi al anonimato. Ha tenido algún repunte, como la conquista de Halle en 2010 y de Brisbane en 2014, ambos precisamente ante Federer. Excepciones en un final de carrera modesto. Los años fueron calmando su carácter, aunque otros compatriotas como Kyrgios le han tomado el relevo. El gigante de 193 centímetros es el actual chico malo del circuito.

A punto de cumplir 35 años, sus retos con la raqueta no han terminado, pero ya desde el banquillo, pues es el capitán australiano de la Copa Davis.

Garbiñe, con paso firme

La cuarta jornada del Abierto de Australia dejó de todo para el resto de españoles. Venció Garbiñe Muguruza, a la belga Flipkens (6-4 y 6-2), y también Feliciano López al argentino Pella, tras cuatro horas y 31 minutos y con 42 saques directos del toledano (7-6 [7/2], 6-7 [4/7], 7-6 [7/3], 6-7 [8/10] y 6-4). Pero Verdasco, después de haber eliminado a Nadal, se despide de forma precipitada tras no poder con el israelí Sela (4-6, 6-3, 6-3 y 7-6 [7/4]). John Isner eliminó a Granollers (6-3, 7-6 [8/6] y 7-6 [7/2]), Raonic a Robredo (7-6 [8/6], 7-6 [7/5] y 7-5) y Lepchenko a Lara Arruabarrena (7-6 [9/7] y 6-4).

Entre los favoritos, Murray se paseó frente al cañonero australiano Groth (6-0, 6-4 y 6-1).