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Un tridente que también defiende

El Barcelona de Luis Enrique se basa, como sucedió con el de Pep Guardiola, en la capacidad realizadora de sus delanteros, porque sin gol no hay paraíso, no hay victorias y no hay excelencia. Y la capacidad del tridente azulgrana para romper la portería de los rivales nadie la discute. Con 121 goles en lo que llevamos de 2015, Messi, Luis Suárez y Neymar encabezan el ranking europeo superando a todo el Real Madrid, el Bayern y el PSG, sus grandes rivales del continente.

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Del «nacidos para marcar» también hemos pasado al «nacidos para defender». Luis Enrique ha conseguido que el equipo presione al rival en su campo para que no pueda salir con la pelota controlada y tenga que recurrir al pelotazo. La llamada «presión alta», que se hace en el área enemiga, comienza en el Barça con el trabajo y los movimientos de sus tres delanteros. No han jugado mucho juntos en lo que va de campeonato porque Messi se lesionó el 26 de septiembre y no reapareció hasta el pasado sábado en el Bernabéu. Pero Leo sabe lo que quiere el entrenador, conoce los sistemas y está implicado como uno más en las tareas defensivas. Frente al Roma, el martes, se ganó una tarjeta amarilla por derribar a un contrario al borde del área azulgrana. Se había dado una carrera de cuarenta metros para intentar robarle la pelota. La acción fue muy aplaudida por el público porque, además, el partido ya estaba resuelto. Leo ha comprobado cómo en su ausencia Neymar y Luis Suárez han sido algo más que dos espectaculares goleadores que han llevado al equipo al liderato.

Y es que el brasileño y el uruguayo, «matadores» por antonomasia en un momento de forma sublime –habrá que romper una lanza por la preparación física del Barcelona–, han contribuido con su trabajo, con su presión, con sus movimientos por todo el frente del ataque a que los rivales no estuviesen cómodos. A Luis Suárez se la ha visto más de una vez ir a presionar al portero enemigo para que no pudiera despejar con claridad cuando le ha llegado la pelota de un compañero. Y Neymar se ha ido a la banda izquierda para molestar y forzar al lateral a que diera un mal pase. En el Santiago Bernabéu Danilo siempre se sintió incómodo con la presencia de su compatriota en su zona de influencia. A Varane y a Sergio Ramos les ocurrió lo mismo con el uruguayo, que hizo una labor estajanovista en defensa y marcó dos golazos.

El Barcelona de la temporada pasada no estaba tan definido en ese aspecto. Luis Enrique ha encontrado la solidaridad del tridente y todo el equipo se mueve en bloque para presionar. Iniesta, Busquets y Rakitic (o Sergi Roberto) también se afanan en esa labor, por lo que el sistema funciona. Un sistema que hace al equipo más profundo y vertical, con la posesión del balón como primer mandamiento, pero con una capacidad asombrosa de reacción cuando se roba la pelota en las zonas en las que hace daño al rival. De la recuperación en campo contrario han llegado muchos goles.

También, como reconoce el técnico, por eso siempre habla de que hay cosas que se pueden mejorar, hay días en que el sistema falla. Vigo es el ejemplo más claro. El Celta superó las líneas de presión y se marcó un impresionante partido con cuatro goles. Un borrón que no desmerece al tridente azulgrana.