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La Razón
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Está por ver si tal y como ha dicho la Directora del FMI, Christine Lagarde, la recuperación está en el aire, o sólo es el sueño de una mujer que creció escuchando a Bob Dylan. Lo cierto es que mientras los tipos de interés estén en negativo, los inversores no tienen más remedio que tomar posiciones de riesgo para sacar algo de rentabilidad a su riqueza, de ahí el interés creciente por invertir en aquellos países más castigados por la crisis, donde las rentabilidades potenciales se supone son las mayores.

Esto es lo que ha despertado la entrada creciente de flujos de inversión en España, especialmente desde el segundo trimestre de 2013, si bien lo que ha entrado hasta ahora han sido principalmente, más allá de alguna inversión puntual sonora como la de Bill Gates, fondos con estrategias de inversión de «distress» –los llamados fondos buitres–, y sólo en las últimas semanas se han empezado a acercar fondos de deuda, que de consolidarse su presencia mediante el cierre de operaciones dará paso al renacer del «private equity», de momento completamente muerto, que son los que apuestan por inversiones de crecimiento.

Hasta aquí el ciclo normal, la fase en la que nos encontramos estaría indicando que hemos tocado fondo, coincidiendo con el cierre, esperemos que no el falso, de la profunda reforma del sector financiero, que si bien ha sido efectiva y bien dirigida por el Gobierno, ha supuesto una inyección de dinero público en porcentaje de PIB mayor que la que realizaron EE UU o Reino Unido en 2009, y está por ver quién paga la cuenta cuando todo parece indicar que seremos los contribuyentes con nuestro impuestos.

Asumiendo que hemos tocado fondo, el problema es que con una deuda total un 40% sobre PIB mayor que al principio de la crisis, con una tasa de mora bancaria por encima del 13%, que obliga a meter diferenciales de 500 puntos básicos, y una tasa de desempleo por encima del 25%, el tiempo que podemos estar en el fondo nos puede llegar a desesperar, a la vez que nos pone en una situación de debilidad frente a schocks externos como una posible nueva quita de Grecia dilatada hasta después de las elecciones europeas. Algo que también está «blowin in the wind», aunque la máxima representante del FMI parece que sólo quiere escuchar los vientos elíseos.

*Director de EUDE Finanzas