Calviño, no te vayas

Por fortuna el cargo europeo para el que está siendo promovida Nadia Calviño, es compatible con su responsabilidad en España. Aun así es una noticia con doble cara. La buena, que una política española pase a asumir funciones en Europa, donde ya es conocida. La mala, que va a tener menos tiempo para su trabajo en el mercado nacional, sobre todo en este momento crítico en el que hay tantas decisiones importantes que tomar. Que el cargo sea compatible inquieta menos, pues de lo contrario nos darían ganas a muchos de decir que también nosotros nos queremos ir con Calviño, dado que su ausencia del Consejo de Ministros nos dejaría en manos de Sánchez e Iglesias, debidamente aconsejados por nacionalistas e indepes, ahora también con el aplauso entusiasta de una desconocida Arrimadas. No es que Calviño sea la mejor ministra del mundo mundial. Pero al menos sabe de economía, tiene sentido común, no es populista y es consciente de que no nos podemos endeudar hasta el extremo que propone Iglesias, ni nacionalizar todo como quiere Garzón, ni entregar lo poco del Estado que queda a los independentistas.

Calviño ha sido, hasta hoy, el muro de contención ante el que han chocado las medidas estrambóticas de Iglesias y su esposa, que proponía –tía– combatir la crisis económica de la COVID con «medidas antifascistas». Todo muy romántico y tralará, aunque no sé si la señora Merkel, jefa suprema de la UE, es de la misma opinión que nuestra querida ministra-tía. Así que mejor que Calviño no se vaya.