La Reserva Federal cambia de estrategia

El banco central norteamericano ya no se priorizará el control de la inflación por encima de la lucha contra el desempleo

La Reserva Federal modificó la semana pasada el marco de su política monetaria. Hasta el momento, la Fed tenía dos objetivos: por un lado, preservar la estabilidad de precios –lo que equivalía a mantener una inflación anual en el entorno del 2%–; por otro, dar un apoyo decidido a la actividad para, a su vez, rebajar las tasas de desempleo –lo que suponía intentar que el paro no superara el 6% de la población activa–. Así las cosas, cuando la tasa de inflación era demasiado alta –superaba el 2%–, la Fed desarrollaba una política monetaria de tipo contractivo –por ejemplo, incrementar las tasas de interés– y cuando, en cambio, la tasa de paro era demasiado alta –se ubicaba por encima del 6%–, la Fed desarrollaba una política monetaria expansiva. ¿Y cuando ambos objetivos entraban en conflicto –por ejemplo, alta inflación y alto desempleo, como sucedió durante los 70–? En ese caso, la inflación adquiría preponderancia sobre el desempleo y por tanto se optaba por una política monetaria contractiva: el banco central, pues, actúa preferentemente como cuidador de la moneda en lugar de como gestor de la economía.

Pues bien, este marco es el que la Fed ha decidido modificar muy sustancialmente en los últimos días. A partir de ahora, el banco central ya no se priorizará el control de la inflación por encima de la lucha contra el desempleo, sino al revés: el mandato principal de la Fed dejará de ser la estabilidad de precios y pasará a ser la lucha contra el paro. Por consiguiente, aun cuando el país esté experimentando una altísima inflación, la Fed podrá oponerse a endurecer la política monetaria siempre que la economía no se ubique en el pleno empleo. A su vez, y por si lo anterior no resultara suficiente para volver todavía más laxa la actividad del banco central, la inflación ya no se considerará excesiva cuando supere el 2% al año, sino cuando la media de varios años –la Fed no ha especificado cuántos– se ubique por encima del 2%. Dicho de otra forma, aunque estemos en una situación de pleno empleo y el IPC aumente muy por encima del 2% durante varios años, la Fed podrá oponerse a restringir la oferta monetaria alegando a partir de ahora que la alta inflación presente se compensará más adelante con menor inflación futura, de modo que el promedio a largo plazo seguirá anclado en el 2%.

En definitiva, la Fed ha aprovechado el actual contexto de baja inflación para relajar sus reglas internas de autorregulación monetaria. A partir de ahora, sus banqueros centrales contarán con mayor margen para suministrar crédito en condiciones de imprudencia porque ni siquiera se verán limitados por una posible frontera inflacionista. En lugar de poner coto a la arbitrariedad de su consejo de gobierno, tal como sería deseable que sucediera, las nuevas normas estatutarias ampliarán esa arbitrariedad para confiarle a la política monetaria objetivos –como la reducción del desempleo– que no pueden ser materia de la política monetaria sino en todo caso de la estructura regulatoria de cada país. A corto plazo, es dudoso que vayan a cambiar mucho las cosas: a largo plazo, y si hay un repunta serio de la inflación, su credibilidad para estabilizar los precios se verá mermada.

El potencial de la fusión de Bankia y CaixaBank

La fusión entre Bankia y Caixabank ofrece a la entidad resultante la oportunidad para reinventarse y transitar hacia la nueva etapa organizativa. A la postre, cada vez más los bancos han de empezar a prestar sus servicios a través de la red y mucho menos a través de oficinas físicas con sus correspondientes empleados. Y, en este sentido, tanto Bankia como Caixabank son las dos entidades que necesitan de una mayor transformación: el grupo resultante será el que cuente con más trabajadores (51.620 ahora mismo) y más oficinas (6.743 en estos momentos), por tanto el que requiere de un mayor esfuerzo de ajuste. La fusión, pues, puede actuar como un catalizador de los recortes de gastos y de las inversiones en modernización que necesitan con urgencia.

Los riesgos de la fusión

La fusión entre Bankia y Caixabank daría como resultado la mayor entidad financiera española por su volumen de activos en nuestro país. En particular, ambos bancos poseerían activos valorados en 659.000 millones de euros frente a los 419.000 millones del BBVA (en España: la totalidad de activos del grupo BBVA sigue siendo mayor: 753.000 millones). Dicho de otra manera, la fusión agravaría la situación de concentración bancaria que ahora mismo ya experimenta la industria. En Economía, se suele medir el grado de concentración de una industria con el llamado Índice de Herfindahl: antes de la fusión, el índice de las diez mayores entidades de España tenía un valor de 1.516, lo que indicaría un grado de concentración bajo; a partir de ahora tendrá un valor de 1.913, que ya indica una concentración moderada-alta.

Privatizar Bankia

La fusión entre Bankia y Caixabank daría como resultado la mayor entidad financiera española por su volumen de activos en nuestro país. En particular, ambos bancos poseerían activos valorados en 659.000 millones de euros frente a los 419.000 millones del BBVA (en España: la totalidad de activos del grupo BBVA sigue siendo mayor: 753.000 millones). Dicho de otra manera, la fusión agravaría la situación de concentración bancaria que ahora mismo ya experimenta la industria. En Economía, se suele medir el grado de concentración de una industria con el llamado Índice de Herfindahl: antes de la fusión, el índice de las diez mayores entidades de España tenía un valor de 1.516, lo que indicaría un grado de concentración bajo; a partir de ahora tendrá un valor de 1.913, que ya indica una concentración moderada-alta.