Inflación: la gran amenaza económica de 2022

Si los precios siguen desbocados, el BCE se verá obligado a subir los tipos de interés y mermará el crecimiento de España. De momento cree que la inflación es pasajera y que subir ahora los tipos no serviría

Una persona pagaba pescado en el mercado de la plaza de Lugo, en la ciudad de La Coruña, con un billete de 100 euros
Una persona pagaba pescado en el mercado de la plaza de Lugo, en la ciudad de La Coruña, con un billete de 100 euros FOTO: Cabalar EFE

El dato económico con el que arrancamos el año es probablemente también el dato que va a condicionar de un modo más intenso el comportamiento de la economía española y, más en general, de la economía mundial durante el año 2022. Me estoy refiriendo, claro está, al dato de inflación. Y es que, según publicó el Instituto Nacional de Estadística (INE) este pasado jueves, el dato adelantado del IPC para el mes de diciembre se ubicó en el 6,7%: el más elevado desde el año 1992. Semejante alza de los precios ha sido no sólo una gran sorpresa en diciembre (Funcas, por ejemplo, esperaba una inflación del 5,8% para finales de este año), sino también en el conjunto del ejercicio: si hace un año, a comienzos de 2021, se hubiese preguntado a los economistas más destacados del país (o del planeta) si creían que la inflación terminaría cercana al 7%, probablemente ninguno hubiese contestado de manera afirmativa.

Y no es que no hubiese economistas preocupados por la inflación a inicios de 2021: quizá el más conocido sea el ex secretario del Tesoro con Bill Clinton, Larry Summers, quien desde enero-febrero ya venía advirtiendo del riesgo de un fuerte estallido en la inflación. Algunos, más humildemente, a comienzos de marzo de 2021 también señalamos que «nos encontramos ante la coyuntura más propicia para la inflación desde hace más de 10 años». Pero ninguno anticipó una subida de precios tan intensa a finales del ejercicio.

Como decía, el modo en el que evolucione la inflación a lo largo de 2022 marcará de cerca el comportamiento de nuestra economía y, en términos más amplios, de la economía mundial. Si la inflación continúa desbocada –quizá no a las muy elevadas tasas actuales, pero sí en porcentajes claramente superiores al 2% que establecen como objetivo las principales autoridades monetarias del planeta–, entonces los bancos centrales se verán forzados a subir tipos de interés, lo cual contribuirá a contraer el gasto agregado dentro de nuestras economías (para eso se hace justamente: para que, restringiendo el gasto agregado, se modere la inflación) y eso mermará la capacidad de crecimiento de las distintas economías mundiales pero, muy en especial, el de aquéllas más relativamente endeudadas… como es el caso de España.

Acaso por ello, el Banco Central Europeo todavía se esté resistiendo a aumentar los tipos de interés en 2022: según han declarado diversos miembros del consejo de gobierno –empezando por su presidenta, Christine Lagarde, la muy alta inflación que ahora mismo está experimentando la Eurozona tiene una naturaleza puramente coyuntural derivada de los cuellos de botella globales, de modo que subir tipos no contribuiría en nada a moderarla dentro de la Eurozona. De ahí que los próximos meses sean críticos para poner a prueba la conjetura del BCE: si la inflación comienza a descender de manera apreciable –especialmente la intermensual, dado que la interanual no podrá bajar a niveles aceptables hasta la segunda mitad de 2022– entonces las expectativas del BCE se habrán validado y probablemente no asistamos a subidas de tipos de interés hasta que la recuperación europea esté más consolidada; pero si la inflación no desciende de manera apreciable, el viento se llevará todas las actuales palabras de los jerarcas del BCE en contra de subir los tipos de interés. El mandato estatutario de esta institución es muy claro –objetivo de inflación del 2%– y sus dirigentes no van a poder soslayarlo durante mucho más tiempo. ¿Estamos en España preparados para ese posible shock? Feliz 2022.

Electricidad

Uno de los precios que más se ha incrementado a lo largo de 2021 ha sido, claramente, el de la electricidad. Diciembre fue, de hecho, el mes en el que el mercado mayorista español registró su precio más elevado de la historia. A este respecto, debería ser claro que Pedro Sánchez incumplió su compromiso de que todos los españoles pagaran una factura de la luz similar en 2021 a la de 2018. Las tretas que ha empleado el presidente del Gobierno para convencernos de que ha honrado su palabra (a saber, que el consumidor español promedio no pagará más en 2021 que en 2018) no deberían servir: 11 millones de consumidores domésticos (más de un tercio del total) sí han pagado mucho más en 2021 que en 2018. Y Sánchez se comprometió a que todos los españoles pagaran lo mismo.

Ómicron

Si la inflación es una de las amenazas económicas de 2022, otra es el coronavirus. Si la pandemia resurgiera con la virulencia de marzo de 2020, podríamos enfrentarnos a situaciones que, si bien no serían tan graves como las de entonces porque ya hemos aprendido socialmente a manejarnos con el virus, sí acarrearían importantes pérdidas económicas para todos. No obstante, parece que podemos ser razonablemente optimistas: la variante Ómicron, si bien tiene mucho más potencial de contagio, está resultando mucho menos dañina y está requiriendo muchas menos hospitalizaciones (entre un 50% y un 80% menos que la variante Delta). Si esta variante se convierte en dominante, su menor gravedad combinada con las vacunas deberían proporcionar suficiente inmunidad como para que empecemos a pasar página.

Liberalizaciones en Madrid

La Comunidad de Madrid acaba de aprobar uno de esos paquetes de medidas que debería ser de sentido común para cualquier gobierno nacional o autonómico, especialmente aquellos que digan tener algún tipo de conexión con el liberalismo. Se trata de un conjunto de reformas que, aunque sea mínimamente, pretenden liberalizar hasta 20 sectores de la economía. Por ejemplo, será posible instalar paneles fotovoltaicos con la mera declaración responsable, las terrazas podrán colocarse a partir de las 8 de la mañana y los hoteles no necesitarán autorización administrativa para colocar una cama supletoria. Ninguna de estas medidas va a suponer, claro, una revolución: pero todas ellas imprimen más flexibilidad y potencial de crecimiento a la economía madrileña. Bienvenidas sean: ojalá en el futuro vengan muchas más.