La cara oculta del desplome del crudo

Extracción de petróleo en California
Extracción de petróleo en California

El petróleo barato reduce los costes de producción de las empresas y aumenta el poder adquisitivo de los ciudadanos, pero a la postre podría empobrecer. Más del 60% del Ibex 35 lo conforman seis grandes compañías con enormes intereses en los mercados emergentes, importantes exportadores de crudo.

¿Quién iba a aventurar a mediados de 2004 que, casi 12 años después, el precio del crudo se encontraría en los mismos niveles? ¿No decían que el petróleo se acababa? Si sólo unos meses atrás pocos bróker apostaban por un barril en torno a los 40 dólares, esta semana hemos visto sucumbir todos los presagios. Es cierto que un petróleo barato resulta un motivo de fiesta para Europa. La música suena. Pero, hoy por hoy, nadie baila.

Si bien aparentemente la caída de los precios beneficia a los países consumidores e industrializados, ya que reduce los costes de producción de sus empresas e incrementa el poder adquisitivo de sus ciudadanos, al final también puede empobrecer. Los principales efectos negativos del desplome serían una mayor presión para las economías emergentes, acentuando sus problemas estructurales, un mayor riesgo de desinflación o precios bajos a nivel mundial en un entorno de bajo crecimiento y, a medio plazo, un deterioro significativo de la capacidad instalada de producción de petróleo y energías alternativas, lo que podría limitar el crecimiento potencial.

En lo que va de año, y hasta el pasado jueves, el petróleo Brent acumulaba una depreciación del 20%. Desde que la cotización del crudo comenzó a desplomarse hace año y medio, la caída ronda el 75%. El «oro negro» no deja de perder quilates, y el barril llegó a hundirse por debajo de los 30 dólares, lo que hizo saltar las alarmas. De hecho, probablemente los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) se reúnan a comienzos de marzo, tres meses antes de lo previsto, para mover ficha.

Las tensiones en Oriente Medio están recrudeciendo la guerra de precios, existe un exceso de oferta y el dólar se está fortaleciendo. Pero, actualmente, el principal foco de alerta sobre el petróleo puede situarse en China. Ante el batacazo de su economía y con el objetivo de abaratar sus exportaciones, el gigante asiático acometió una importante devaluación de su moneda –el yuan–, que encarece sus importaciones. Desde Pekín ya han avisado a sus vendedores más habituales (Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Kuwait) de que reducirán las compras. Y si diariamente entran en el mercado unos cinco millones de barriles que no tienen salida, el excedente aumentará todavía más.

Tras el estallido de la gran crisis mundial, el precio del barril de petróleo cayó desde los 158 dólares hasta los 55. Al compás de la recuperación, pero con los excesos de producción estadounidense todavía en los tanqueros, repuntó hasta los 110 dólares, en el que se encontraba apenas hace 18 meses. Los países productores no han querido recortar su producción, y la caída en picado ha llevado el precio a niveles de otra década. Mientras que desde Morgan Stanley sostienen que una depreciación del 15% del yuan podría desinflar el barril hasta los 20 dólares, los analistas de Goldman Sachs reiteran que no descartan un hundimiento hasta ese entorno.

Rodrigo Villamizar, profesor de la Universidad de San Diego (Estados Unidos), coincide con las grandes firmas internacionales de inversión: el precio bajará durante los próximos meses hasta la franja de los 20-30 dólares y, a partir de la segunda mitad de año, comenzará a repuntar de forma muy gradual. Prevé que tarde un par de años en situarse alrededor de los 70 dólares. Otras fuentes consultadas destacan que la mayor parte de los productores cubrirían costes con un barril a 60 dólares. Por su parte, Ole Hansen, jefe de estrategia de materias primas de Saxo Bank, augura que el mercado comenzará a equilibrarse a sí mismo y que apoyará un movimiento alcista hasta los 55-60 dólares por barril para finales de 2016.

Efectos negativos

Europa sufre una dependencia energética superior al 50%, pero el efecto positivo de la caída del crudo se ve neutralizado en gran medida por la revalorización del dólar. Asimismo, un crudo extraordinariamente barato –en una debacle generalizada de las «commodities»– perjudica a los países emergentes, importantes mercados para los desarrollados y cuyo modelo de crecimiento está basado en la venta de materias primas a China o Europa. Así, y en el momento en que el gigante asiático –que absorbe el 40% del petróleo mundial– ha dejado de demandar tanta cantidad, estos países se están encontrando con enormes excesos de oferta que se traducen en caídas sostenidas de los precios.

Por otro lado, muy buena parte de las grandes empresas a nivel mundial pertenecen al sector energético y, particularmente, al petrolero, donde operan las tres compañías más fuertes de Madrid. Las petroleras luchan por su supervivencia y no dejan de anunciar planes de ajuste para adaptarse a la peor crisis del crudo de la historia. Al tratarse de industrias con un enorme «efecto arrastre», la caída de la materia prima que comercian, refinan, transportan o distribuyen se convierte en un auténtico «quebradero de cabeza» que les obliga a recortar costes –en forma de despidos masivos– o a modificar su política de retribución a los accionistas. Por culpa de la caída del crudo, BP recortará 4.000 empleos, Petrobras reducirá un 25% sus inversiones hasta 2019, y más de 200.000 millones de dólares de inversión en proyectos ya han sido cancelados o pospuestos. Otra consecuencia directa del desplome es una contracción del crédito, que ha llevado al sector energético a su peor calificación crediticia desde 1995. Hansen piensa que si los precios del petróleo no rebotan pronto, comenzarán las bancarrotas y ventas de activos, que conmocionarán a todo el sector.

Resistencia

Un barril por debajo de los 50 dólares sólo es sostenible, a duras penas, por los países del Golfo Pérsico, donde el coste de producción no alcanza los 10 dólares. Sin embargo, otros grandes productores se cubren entre las cuerdas, ya que incluso sufren para colocar, con pérdidas, su petróleo. Los países altamente dependientes de este «monocultivo» podrían ver quebrar sus finanzas públicas con un precio inferior a los 80 dólares. Si el barril se mantuviera por debajo de los 40 dólares, el hundimiento de la economía venezolana sería irremediable.

Villamizar revela que, debido a su elevada deuda y a su incapacidad de generar desarrollo económico, el hundimiento del petróleo es negativo para los países emergentes. Y también para los desarrollados, porque no están en condiciones de aprovechar la oportunidad que brindan unos precios tan bajos. El profesor de la Universidad de San Diego afirma que «el único país que se beneficia es Estados Unidos, ya que su economía sí está reactivada». En condiciones normales, las economías de países consumidores de petróleo –y las empresas industriales que lo usan– deberían favorecerse y contrarrestar los efectos negativos de los países y empresas productoras. Pero estamos atravesando una época de grandes desequilibrios estructurales, con Europa y Japón rumbo a la deflación, Rusia y Brasil en recesión, China desacelerando y mercados en pánico «que hace que todos pierdan; los consumidores carecen de condiciones para aprovechar esta bonanza de precios bajos».

La economía carioca está en caída libre, y depende en un 80% de las demandas chinas de materias primas y alimentos, por lo que el futuro no resulta nada alentador. El gigante asiático continúa caminando con los pies de barro, y está pasando de un crecimiento del 13-14% a otro próximo al 7%, aunque algunos expertos creen que la tasa estaría en torno al 3-4%. Tras estos batacazos, ¿se prevén más caídas? Villamizar piensa que desplomes de la envergadura de los de China o Brasil no se verán en el corto plazo. Pero apunta que si el petróleo continúa bajando, muchos países sufrirán.

Ante el hundimiento del crudo, Vladímir Putin prepara la tijera para hacer recortes presupuestarios. Y es que la caída sostenida del petróleo podría tambalear la economía rusa más que las sanciones. El presupuesto para este año se había elaborado con un barril en torno a los 50 dólares. Y si en un primero momento el recorte será del 10%, bajo el supuesto de nuevas bajas tendrán que tomar medidas más drásticas. Fuentes del Kremlin ya han reconocido que deben prepararse para lo peor y que el país debe crear un nuevo modelo de crecimiento que no dependa de los ingresos que generan las exportaciones de petróleo. Villamizar cree que al disponer del recurso, y sobre la base de un repunte de los precios, saldrá hacia adelante después de pasarlo mal durante un par de años. Además, la caída del crudo ha arrastrado al rublo, que sólo en dos años ha perdido más de la mitad de su valor.

Situación distinta es la de Suráfrica, país donde existe carbón –muy penalizado en la última cumbre de París–-, pero no petróleo. México, mercado importante para las empresas españolas, tiene mucho crudo sin explotar. El problema es que su estructura política ha paralizado toda su economía. Enrique Peña Nieto, su presidente, intentó liberar el sector para captar inversión extranjera, pero eligió un mal momento, en el que los precios estaban cayendo, por lo que las empresas no quisieron entrar. «Si las petroleras del sector privado no entran en México, lo pasará muy mal porque no tiene la capacidad tecnológica de extraerlo».

Las tensiones geopolíticas en Oriente Medio siempre han disparado el precio del crudo, pero actualmente está agudizando la guerra de precios. El «fracking» ha transformado el mapa petrolero, ya que las dos terceras partes del bombeo diario proceden de países no miembros de la OPEP, EE UU exporta petróleo por primera vez en 40 años. Más allá de una oferta saturada por la irrupción de nuevos productores y con la demanda deprimida por la parálisis económica, el conflicto entre Arabia Saudí e Irán se erige como un empujón del barril hacia el precipicio. Villamizar opina que Irán necesita producir lo que no pudo cuando sufrió sanciones durante cuatro o cinco años, y que «está en guerra con Arabia Saudí para ver quién controla Oriente Medio».

España gana Y pierde

Lejos del pánico que siembra, la amenaza yihadista apenas tiene capacidad para determinar el precio del petróleo. Cuando Daesh ataca los tanques y las refinerías de Libia reduce la oferta, lo que debería incrementar el precio. Pero hay tanto crudo en el mundo... Villamizar resalta que no importa lo que haga para incidir en el precio del petróleo. «Quieren golpear la producción de los países que quieren dominar. Tienen pozos propios y venden entre 8.000 y 10.000 barriles diarios, lo que les reporta entre 20 y 50 millones de dólares», apostilla.

El crecimiento previsto para la economía española en 2016 es de un 2,7%. Pero si el barril de petróleo se mantuviera por debajo de los 40 dólares, se podría añadir hasta un 0,3% al PIB. El crecimiento adicional en nuestro país derivado de la caída del petróleo fue del 0,7% al cierre de 2015. Y miembros del Gobierno ya han manifestado que el ahorro energético para nuestra economía podría sumar hasta un punto porcentual al crecimiento de este año. Un crudo más barato reporta a España entre 10.000 y 12.000 millones de euros, que incluso podrían elevarse unos 5.000 millones más. Nuestra dependencia energética supera el 80%, y España sólo produce un 0,4% del petróleo que consume.

Vistos los datos, el desplome del crudo nos beneficia enormemente. José Luis Martínez Campuzano, estratega de Citi en España, considera complicado valorar el impacto del petróleo barato en el crecimiento económico. No obstante, asevera que ha podido contribuir, junto a la mejora de las condiciones financieras y a los recortes de impuestos, a que el consumo crezca a ritmos del 3%. Pero cree que un movimiento excesivo de precios, como el que vemos ahora en el crudo, tiene más costes que beneficios a medio plazo, debido a la elevada sensibilidad de los mercados financieros a la caída de los precios. Y es que la mayoría de las grandes empresas españolas está presente en Latinoamérica, que es exportadora de crudo y otras materias primas. Además, a medio plazo, precios del crudo excesivamente bajos conllevan dudas sobre la sostenibilidad de un flujo constante energético a precios estables en el tiempo. El abaratamiento drástico del petróleo también podría frenar el impulso a las energías renovables y paralizar inversiones en eficiencia energética.

Aunque unas 8.000 gasolineras españolas despachen el litro de gasoil a menos de un euro, más allá de que los conductores que reposten sus vehículos con diesel puedan ahorrar unos 170 euros al año y lejos de que España haya aprovechado el desplome del crudo para disparar más de un 10% sus reservas, el hundimiento del petróleo trae consigo algunos efectos negativos. Hasta la fecha, la rentabilidad por dividendo de las grandes petroleras era algo sacrosanto, intocable. Sin embargo, la dureza de la «guerra de precios» entre los países productores obliga a «apretarse el cinturón», y a evitar la descapitalización de sus empresas, bajando el dividendo o, incluso, suprimiéndolo. Así, el mercado financiero es el gran perjudicado, sobre todo si depende del comportamiento de grandes empresas en bloque. Es el caso del español que, por culpa de la caída del crudo, la bolsa está sufriendo un castigo superior al resto de los índices europeos.

Más del 60% del Ibex 35 lo conforman seis grandes empresas con enormes intereses en los mercados emergentes. Al margen de Inditex –la «superviviente» por su diversificación–, las grandes compañías españolas tienen concentrada una buena parte de su negocio en Latinoamérica. Véase Banco Santander o Telefónica, con un 30% y un 38%, respectivamente, de sus cifras de negocio provenientes de Brasil. En posición preocupante también se encuentran BBVA en Turquía (donde la lira ha perdido en cinco años un 50% de su valor frente al dólar), o Iberdrola y Repsol, también en Brasil. La petrolera, que acumuló en las seis primeras sesiones del año una caída superior al 13% –en cuatro días se disparó el coste de su deuda un 50%–, necesitaría un barril por encima de 80 dólares para poner en marcha el descubrimiento que hizo en el Atlántico.

Sin despreciar el efecto evidente que pueda tener la inestabilidad política o la volatilidad que está imprimiendo China, los expertos afirman que el factor determinante para explicar la trayectoria del Ibex 35 es, sin duda, la crisis de los emergentes, derivada de la caída de los precios de las «commodities».

Bolsas sin combustible

Si bien durante el pasado año el precio del petróleo originó fuertes caídas en las bolsas de los países emergentes y más de un batacazo en las acciones de compañías energéticas, y aunque la correlación entre ambas variables se haya intensificado drásticamente en los últimos tiempos –un precio del petróleo más bajo se interpreta como un débil crecimiento económico global–, existen otros factores que explican los castigos bursátiles. «A menores precios del crudo, menor crecimiento. Y a mayor debilidad económica, menores perspectivas de beneficios de las empresas y, por tanto, debilidad en las bolsas». Desde Saxo Bank exponen que los bajos precios del petróleo son parte de la explicación de la caída de las bolsas, pero también apuntan a la incertidumbre sobre China y a los efectos que tendrán los mayores tipos de interés estadounidenses en los mercados globales.

Rodrigo García, analista de XTB, no cree que exista una correlación tan fuerte entre el precio del petróleo y la renta variable. Admite que algunas empresas caen en bolsa debido al descenso del crudo, pero alega que a la mayoría de compañías les interesa que los precios de los combustibles estén bajos. Sobre todo a las aerolíneas a las que el petróleo barato les da alas. Y recuerda que la caída desde los 110 dólares hasta los 65 euros estuvo acompañada por una subida de la bolsa española de los 9.800 a los 11.500 puntos. «Los problemas que atraviesan las economías en vías de desarrollo, junto a las dudas sobre la recuperación económica mundial, están haciendo que los inversores extremen la cautela y se dispongan a recoger beneficios de sus posiciones».

Las principales plazas europeas se mueven al compás del precio del petróleo –cada rebote invita a tomar posiciones– y, en ocasiones, muchos agentes del mercado intentan buscar las justificaciones de las caídas de las bolsas en los argumentos más fáciles. Sin embargo, García ve complicado que los inversores fuertes decidan vender sus acciones por el mero hecho de que el petróleo caiga. Y agrega que en plena subida del Ibex el año pasado las acciones directamente relacionadas con el petróleo eran las que más se movían. «Mientras empresas como Repsol y Técnicas Reunidas eran las que más caían, valores como IAG, NH Hoteles, Melia o Amadeus se encontraban entre los más beneficiados. Ahora mismo, el impacto del petróleo en el Ibex es el mismo, sólo que además existen otros factores que anulan ese efecto», apostilla.