Los robots invaden el mercado laboral

La explosión de la robótica y la irrupción de la inteligencia artificial nos llevarán hacia un mundo donde muchos de los trabajos que actualmente desempeñan las personas serán realizados por las máquinas

La explosión dela robótica y la irrupción de la inteligencia artificial nos llevarán hacia un mundo donde muchos de los trabajos que actualmente desempeñan las personas serán realizados por las máquinas

«Yo, robot», la película protagonizada por Will Smith y ambientada en el Chicago de 2035, muestra una completa armonía entre las personas y los robots inteligentes, que ya en el «thriller» se habían convertido en la principal fuerza laboral de la especie humana. Pero la era de los robots ha llegado antes de lo previsto. No se trata de la sinopsis de una película, ni de una historia de ciencia ficción. Hasta 2020 la robotización desplazará más de siete millones de empleos en las 17 economías más importantes del mundo, según un informe presentado en Davos. No será una sustitución perniciosa, pero los trabajos rutinarios y monótonos posiblemente desaparecerán.

El desarrollo exponencial de la tecnología –especialmente en lo que se refiere a la automatización–, la explosión de la robótica y la irrupción de la inteligencia artificial nos llevarán hacia un mundo donde muchos de los trabajos que desempeñan actualmente las personas serán suplantados por las máquinas, lo que sin duda conllevará la desaparición de millones de empleos. Y mientras que la visión pesimista ofrece un panorama desolador, con más desigualdades, más pobreza y más miseria; la optimista recuerda que en todas las grandes revoluciones de la historia de la humanidad, los empleos que se perdían se veían más que compensados por las nuevas industrias que emergían. Juan Martínez Barea, autor del libro «El mundo que viene», piensa que la realidad podría estar en un punto intermedio. Y si, a medio plazo, podemos vivir una crisis de adecuación a un nuevo modelo de sociedad, a largo plazo se muestra optimista sobre este nuevo mundo, que «será mucho mejor que el que tenemos actualmente».

Ya en 1995, el economista estadounidense Jeremy Rifkin vaticinaba la inevitable reducción de la jornada laboral como un mecanismo de reparto del trabajo, ante el constante aumento de la productividad en el mundo occidental. En una fábrica que trabajaban 400 personas hace tan sólo 20 años, hoy únicamente emplea a ocho trabajadores y 200 robots computerizados. Pero en pocos años no requerirá ni un solo empleado, únicamente la visita ocasional del técnico que repare y mantenga los robots. Aun así, «el ser humano seguirá trabajando. Cobrarán más valor la invención y la creatividad en un mundo nuevo donde se potencie al máximo la colaboración entre productores y consumidores. Sin embargo, este escenario no es inmediato. Se producirá en torno a unos 100 años vista», asegura José Miguel Cortina, socio director de Vector Management consulting.

La tecnología se encuentra inmersa en un periodo de desarrollo y crecimiento exponencial que cambiará la sociedad de manera drástica en apenas una generación o dos. La inteligencia artificial, la robótica y la biotecnología avanzan a pasos agigantados y muy pocos imaginan el orden de magnitud de los cambios que se avecinan. Pilar Manchón, experta internacional en Inteligencia Artificial y actualmente ejecutiva de Intel, señala que aunque todavía estemos en una fase donde la inteligencia humana supera a la artificial, en algunas tareas específicas, como analizar grandes cantidades de datos rápidamente, la artificial es claramente superior. «Los algoritmos que emulan ciertas habilidades humanas, como la comprensión visual, el reconocimiento de voz o el procesamiento del lenguaje natural, continúan progresando». Y para ciertas aplicaciones estas nuevas capacidades permitirán automatizar labores tediosas o peligrosas. Pero Manchón revela que también siguen produciéndose avances en el campo de la verdadera inteligencia artificial, mediante la que «las máquinas podrían ser capaces de percibir, aprender, razonar, actuar y adaptarse al mundo real. No obstante, la ‘‘toma de conciencia’’ de una súper inteligencia que ponga en peligro la vida humana, tal y como muestran algunas famosas obras de ciencia ficción, todavía queda muy lejana», apostilla.

La velocidad con la que estos cambios tendrán lugar no está del todo clara. Y es que pese a que el desarrollo de estas tecnologías es bastante rápido, numerosos factores afectarán al ritmo de adopción de la inteligencia artificial, como la aceptación social, la economía, o diversas consideraciones culturales y políticas. Manchón opina que el problema fundamental no reside en los avances tecnológicos en sí, sino en que nosotros, como sociedad, nos adaptemos a los importantes cambios que nos aguardan. Y considera que actualmente no se está ayudando correctamente a los trabajadores a adecuarse al cambio, ni preparando suficientemente a las generaciones futuras para el panorama laboral y tecnológico que se avecina. «Debemos pensar varios pasos por delante a la hora de formar a la juventud y encontrar formas eficientes de redistribuir la población activa para poder minimizar las alteraciones sociales y maximizar los resultados».

La revolución tecnológica está cambiando el mundo del trabajo y creando nuevas disciplinas, pero son muchos los expertos que resaltan que la tecnología no nos puede sustituir. Mariana Spata, responsable nacional de Grandes Cuentas de Hays España, opina que las noticias más dramáticas que ponen en duda la continuidad de muchos puestos de trabajo subestiman el valor humano de las personas, ya que detrás de cada producto y servicio hay un potencial cliente, y mientras esto exista habrá personas diseñando, innovando, protegiendo y liderando estrategias para incrementar la competitividad de las empresas. El valor humano es lo más importante, único, para diferenciarse de la competencia. «Las herramientas que utilicemos, o las mejoras tecnológicas que podamos implementar, nos ayudarán a ser mejores o peores, a tener éxito o fracasar, pero no van a tomar decisiones por nosotros ni van a liderar el mundo del trabajo». Spata apostilla que la tecnología puede cambiar la rentabilidad y la economía de los negocios, pero no es una amenaza para el hombre, sino herramientas que revolucionarán el mundo laboral.

¿Vivir sin necesidad de trabajar?

El trabajo como forma de desarrollo personal no desaparecerá nunca, ya que el ser humano necesita, para exprimir todo su potencial, marcarse retos de forma continua y esforzarse para conseguirlos. Las personas buscan nuevos propósitos y metas para sacar lo mejor de sí mismas, y para ello «el trabajo es una fantástica vía de realización», piensa Martínez.

El mundo laboral en el futuro quizás se polarice en dos fuerzas: una élite que controlará y gestionará la economía global de alta tecnología y, por otra parte, un creciente número de trabajadores con pocas esperanzas de lograr un empleo digno. Pero, en cualquier caso, la mayoría de los expertos coincide al asegurar que la robotización y la transformación digital no permitirán vivir sin necesidad de trabajar. Y es que Cortina recuerda que el mundo globalizado requiere de la contra-prestación de bienes y servicios para evolucionar tanto económica como socialmente. No obstante, admite que el trabajo será percibido y valorado de una forma muy diferente. «Aún faltan al menos tres generaciones para que el escenario ‘‘vivir sin trabajar’’, tal como lo percibimos hoy, se llegue a materializar», agrega.

Manchón, por su parte, sostiene que con el crecimiento exponencial del rendimiento y la producción de recursos resultaría teóricamente posible llegar a un punto utópico donde se podría vivir de forma decente trabajando sólo unas pocas horas a la semana, o sin trabajar en absoluto. Y aunque esto obligue a plantear iniciativas relacionadas con la implantación de un sueldo base para todos los ciudadanos, la ejecutiva de Intel no cree que se haya encontrado ninguna fórmula realista que permita alinear todos estos factores para proteger de manera efectiva a las víctimas inadaptadas que se generarán inevitablemente.

El reto de lograr un nuevo modelo de sociedad en la que todas las personas puedan sentirse útiles, independientemente del trabajo que realicen, resulta bastante trascendental. Y Martínez insiste en la conveniencia de evitar encaminarnos hacia una sociedad donde una gran parte de los ciudadanos sean meros consumidores pasivos, sin aportar nada a los demás ni a sí mismos.

La mayor parte de la humanidad ve el trabajo como un «castigo divino». Son pocos los que realmente disfrutan trabajando y se desarrollan como seres humanos a través de su labor diaria. Algunos expertos advierten de que tendrá trabajo quien viva para trabajar, pero quien trabaje para vivir, muy posiblemente no. Y Martínez imagina un mundo donde el trabajo deje de representar algo pesado y obligatorio, y pase a ser algo placentero, la principal vía para encontrar un propósito en la vida. Así, entiende el trabajo no como esa tediosa obligación de lunes a viernes para ser felices «a cachitos» durante el fin de semana, sino como una vía para desarrollar todo nuestro potencial como seres humanos.

Mayor cualificación

Todo cambio genera incertidumbre. Y en los países más avanzados tecnológicamente, el número de trabajadores desempleados o sobrecualificados es cada vez más alto. Cortina revela que estamos comenzando la «cuarta revolución industrial», una nueva era caracterizada por la automatización de los procesos, que tendrá consecuencias en todos los sectores: desde los trabajadores de una fábrica, hasta los asesores del conocimiento. Y recuerda que el proceso de creación-destrucción y nueva creación forma parte de la esencia del espíritu del capitalismo. «Hemos sobrevivido a las tres anteriores, y siempre se ha reforzado el bienestar de la sociedad en su conjunto, haciendo que el trabajo sea cada vez menos pesado y más gratificante para las personas». No obstante, asevera que «los países más desarrollados necesitan una mayor cualificación y aportación de ideas por parte de sus trabajadores».

Martínez lamenta que muchas veces confundamos cualificación y preparación con la acumulación de títulos académicos. «España tiene una hiperinflación de títulos universitarios, quizás porque debido a la falta de oportunidades profesionales, muchos universitarios han decidido continuar estudiando y obteniendo más y más títulos». Pero el autor de «El mundo que viene» apunta que el entorno tan competitivo en el que vivimos no requiere títulos, sino capacidades como la iniciativa, la innovación, el carácter o la determinación, y estar en punta de lanza en tu sector. Y los conocimientos necesarios para estar en punta de lanza no son los que se estudian en la universidad, muchas de ellas con titulaciones y contenidos desfasados e incapaces de seguir el ritmo de la evolución de la tecnología. «Los conocimientos que se requieren son lo último de lo último, lo que cualquier joven con iniciativa y curiosidad puede obtener en Google, no en clase». Martínez confiesa que algunas de las personas más preparadas que ha conocido para competir en este nuevo mundo no tienen grandes títulos universitarios, pero se han capacitado trabajando, investigando y formándose por sí mismas, en esa nueva gran universidad global que es internet.