Editorial: Lo de Tezanos roza el escándalo

Que nos hallamos, una vez más, ante el uso escandaloso por parte del Gobierno en funciones de Pedro Sánchez de medios públicos para sus intereses partidistas lo confirma el propio Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) cuando, al presentar su barómetro del mes de junio, advierte de que sus datos deben valorarse más bien como un reflejo del pasado, consecuencia de las inmediatas elecciones del 26 de mayo, que como una plausible medición de eventuales comportamientos futuros. Y, sin embargo, con ser cierta esta confesión de parte, el organismo que dirige el veterano socialista José Félix Tezanos no tiene el menor empacho en hacer públicos unos resultados que, por más protestas que se hagan, buscan apuntalar la posición del jefe de su partido ante las dificultades que presenta su investidura ante el Parlamento. Porque lo que el CIS, de una manera bastante grosera, viene a decir es que una repetición de las elecciones generales beneficiaría en gran medida al PSOE, que sacaría más de veinte puntos de ventaja al segundo colocado, Ciudadanos, pero, lo que es más significativo, serían un desastre sin paliativos para Podemos, que se quedaría con un exiguo 12,7 por ciento de los votos. Moraleja: más le conviene a Pablo Iglesias aceptar el trágala de Pedro Sánchez que arriesgarse a un desplome mayor que el de abril. El problema, y Tezanos lo sabe, es que el mensaje no sólo cala fácilmente en la opinión pública, sino que contribuye a alimentar las discusiones internas de los partidos de la oposición, por más que los datos de la encuesta, presentados como intención de voto directo, adolezcan de las correcciones precisas. Baste con señalar que, según el mismo barómetro del CIS, la participación sería superior al 90 por ciento del electorado, una cifra «a la búlgara» que nunca se ha producido en España ni se producirá. Lo mismo reza para el resto de las conclusiones del sondeo, cuyo trabajo de campo se llevó a cabo entre el 1 y el 10 de junio, es decir, inmediatamente después de unas elecciones municipales que habían reforzado al Partido Popular frente a Ciudadanos, hasta el punto de que la formación que preside Pablo Casado había obtenido 15 puntos de ventaja sobre el partido naranja. Pues bien, según Tezanos, los mismos electores que habían votado una semana antes, cambiaban radicalmente su sufragio, concediendo a la formación de Albert Rivera el anhelado «sorpasso». Además, si de acuerdo a las mismas consideraciones del CIS, el barómetro no cumple la función primordial del sondeo, que es pulsar el estado de opinión, para introducirse en el campo de la arqueología social, no parece lógico despilfarrar el dinero público. Que el PSOE está recuperando parte del sufragio que se fue a Podemos y a Ciudadanos parece evidente, como han demostrado las últimas citas con las urnas, y es una circunstancia que sus rivales más directos ya tienen en cuenta. Otra cuestión por dilucidar es hasta qué punto llega esa intención de voto, lo que, desde luego, este barómetro no aclara porque más parece una expresión de deseos. Lo cierto es que la investidura de Pedro Sánchez sigue en el aire, pese a las amenazas, ya nada veladas, por cierto, de forzar una repetición de los comicios. Lo lógico sería que el candidato hubiera negociado sus apoyos antes de señalar la fecha de la investidura, incluso, antes de aceptar el encargo de formar gobierno por parte del jefe del Estado. Pero, dada la situación forzada, lo que no se puede exigir es que los supuestos socios cedan sus votos en la investidura a cambio de nada. Podemos está en su perfecto derecho de negociar una coalición o, si quiera, unas líneas maestras dentro del programa de Gobierno. Lo demás es puro voluntarismo. Aunque lo apoye José Félix Tezanos.