Torra usa a Sánchez sin el menor pudor

La negociación entre el Ejecutivo de la nación y el Gobierno autónomo catalán viene marcada por el mero tacticismo de ambas partes, aunque con ventaja para los partidos nacionalistas, que dirimen su pugna electoral.

Òmnium exige a Torra plantear la amnistía en la mesa de gobiernos para que el diálogo sea "real"
EUROPA PRESS

Que los socialistas se muestren desagradablemente sorprendidos por la última maniobra del presidente de la Generalitat, Joaquim Torra, a cuenta de la mesa de diálogo con el Gobierno, nos remite al «¡qué escándalo, aquí se juega!» del personaje del comisario Renault en «Casablanca». Porque en este juego de equívocos, más deplorable, si cabe, por cuanto está sobre el tapete la dignidad del Estado, nadie que esté medianamente avisado puede considerar que el bloque separatista catalán se avenga a un acuerdo que no pase por el reconocimiento del derecho de autodeterminación y la celebración de un referéndum independentista, dos cuestiones que ningún gobierno español puede ni siquiera negociar sin suicidarse políticamente.

De ahí que la negociación que comienza el próximo miércoles entre el Ejecutivo de la nación y el Gobierno autónomo catalán venga marcada por el mero tacticismo de las dos partes convocantes, aunque con ventaja para los partidos nacionalistas, que no tienen ya nada que perder y que dirimen sobre las espaldas de Pedro Sánchez su pugna electoral. Así, si no supiéramos de lo que estamos hablando, serían preocupantes los mohínes de la portavoz del PSC en la Cámara catalana, Eva Granados, –pidiendo a la Generalitat que piense en el interés general–, o el angelismo de la presidenta del PSOE, Cristina Narbona –cuando plantea como eje de la negociación la llamada «agenda del reencuentro» gubernamental con sus propuestas de financiación e infraestructuras–, porque retratarían a unos interlocutores fuera de la realidad. Pero no. Sabe el PSOE que de la continuidad de la mesa depende el apoyo de ERC al mantenimiento de la Legislatura, sin descartar su hipotético respaldo a los Presupuestos Generales, y cree el Gobierno de Sánchez que bastará con la permisividad en las exigencias penales a los condenados por el Procés para mantener a los republicanos atados al diálogo.

Esta estrategia, que, a medio plazo, podría dar sus frutos, al menos, sobre el papel, tiene, su talón de Aquiles en la batalla que libran ERC y JxCat por la hegemonía del separatismo catalán y que viene condicionada por el adelanto de la elecciones regionales en el Principado, ya convocadas, aunque sin fecha. Ambas formaciones operan sobre un sector del electorado cada vez más radicalizado –como demuestra el surgimiento de formaciones independentistas más extremistas– al que se ha hecho que creer que el fracaso de octubre no es más que un tropiezo pasajero. Y, en estas circunstancias, cualquier actuación que pueda interpretarse como cesión a Madrid se traducirá en pérdida de votos.

Sólo desde esta perspectiva se entienden las maniobras del presidente de la Generalitat, claramente dirigidas a sabotear la mesa de diálogo por el procedimiento de forzar al máximo la obligada tolerancia del Gobierno de Pedro Sánchez, situando, de paso, a ERC en una posición imposible: o sus exigencias a Pedro Sánchez rompen la negociación o pierde credibilidad para el liderazgo independentista. No admite otra explicación la designación de un equipo negociador en el que el Ejecutivo catalán queda infrarrepresentado en favor de cuatro pesos pesados del separatismo como son Josep Rius y Elsa Artadi, colaboradores directos del ex presidente fugado Carles Puigdemont; Marta Villalta y Josep María Jové. Con el agravante, que no deja de ser un trágala al Gobierno, de que este último no sólo está considerado como el «arquitecto del procés», sino que está procesado por su intervención en los preparativos del golpe de Estado. Pedro Sánchez esta a tiempo de rectificar y exigir que, por lo menos, se cumpla las condiciones pactadas en la composición de la mesa, que sólo incluía a miembros de ambos ejecutivos. Lo demás es hacerle el juego a Torra.