Casado, en la senda de Gobierno

Diálogo y principios constitucionales. Ambos son la brújula con la que Pablo Casado, según afirma en entrevista en LA RAZÓN, articula un futuro Gobierno para todos los españoles y donde ha asegurado que “los españoles acuden al PP cuando las cosas no van bien’‘

Alberto R. RoldánLa Razon

Construir un proyecto político de futuro es un desafío para el que se necesita esfuerzo, compromiso y determinación. Un plan de trabajo definido en tiempos de tribulación. El Partido Popular ha sido y es un partido de Estado. De Gobierno. Atrás queda la forma abrupta en que fue descabalgado de la gestión económica y política de la Nación. Tras aquello, llegaron momentos de subasta del poder, entre unas fuerzas políticas que hicieron de la ideología y el frentismo su argamasa. Ahora, el PP, de la mano de Pablo Casado, busca dejar atrás su travesía del desierto y reencontrarse con la voluntad de los españoles en un tiempo nuevo que pasa por reafirmar la seguridad jurídica y económica sobre la que construir el futuro abierto a todos. Un espacio de diálogo inclusivo que se asienta sobre los principios constitucionales. Que busca ese centro ideológico que aventuras como la protagonizada por Cayetana Álvarez de Toledo parecían distraer.

El Partido Popular rechazó con fuerza esos espejismos y volvió a subrayar y reafirmarse en el camino que lo ha hecho decisivo. Ahí están los ejemplos de Galicia, Castilla y León, Andalucía o la Comunidad de Madrid. Su poder regional marca el espacio político en el que Casado debe crecer. Sus últimas intervenciones y llamadas a la responsabilidad institucional en temas de tal calado para el bienestar de los españoles como la vuelta al colegio –donde el «absentismo» en la gestión del Ejecutivo ha sido evidente–, o su compromiso con dar una respuesta a la ocupación de viviendas, sobre la que ha afirmado que hay que acabar con la ocupación ilegal y proteger la propiedad privada y la seguridad de los españoles, dibuja la diferencia con un Gobierno ausente, de vacaciones, mientras los españoles veían cómo la bola de nieve del Covid, con sus ecos sanitarios y económicos, crecía y crecía hasta llegar a un septiembre en el que las cifras de contagios aumentan sin parar y el escenario de las empresas se traduce en unas pésimas perspectivas de cara al otoño.

Pablo Casado, en la entrevista que hoy publica LA RAZÓN, refleja lo que quiere que sea un PP de pacto y acuerdo, de gestión. «Le pediré que de una vez por todas coja el toro por los cuernos y gestione bien esta pandemia, porque no se ha podido gestionar peor», afirmó. De ahí que insista, una y otra vez, en llegar a acuerdos de gobierno con Pedro Sánchez, pese a que sus alianzas con comunistas e independentistas tienen al Ejecutivo prisionero y sin margen de maniobra para construir una administración pública que dé servicio a todos los españoles. Desde la libertad, como ha sentenciado en la entrevista de nuestro periódico: «Las ideas de la libertad son las que han hecho avanzar la sociedad, aquí y en todas partes, ahora y siempre, y esa batalla de las ideas, de la guerra cultural, que yo siempre he dado, desde hace casi dos décadas, tenemos que aplicarla a las preocupaciones reales de la gente».

Desde la igualdad de oportunidades. Una condición que no se da en nuestro país, donde las alianzas están construidas sobre un castillo de naipes de político en el que todo se vende al mejor postor por un puñado de votos y sin perspectiva de articular un gobierno abierto a todos los ciudadanos. El PP, como ha afirmado Casado, «seguirá siendo la casa común del centro derecha» y «los españoles acuden al PP cuando las cosas no van bien». Mientras tanto, el Ejecutivo de Sánchez-Iglesias deberá encarar septiembre con las cifras de contagios de Covid disparados y la desconfianza en su gestión económica. Apunta Casado que no es despreciable que los presupuestos de Montoro, del PP, sigan vivos. España, con el horizonte de las ayudas de la UE, no puede mantenerse en la observancia de unas cuentas de sobra superadas. El Gobierno parece vivir, de nuevo, en aquel 1 de junio de 2018. El país, bien lo sabemos todos, no.