Opinión

Biden impone el ultimátum talibán
Washington confía en las garantías islamistas y quiere acabar cuanto antes
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Todo indica, como reconocía ayer apesadumbrada la ministra española de Defensa, Margarita Robles, que los auxiliares y colaboradores afganos que no hayan podido embarcar en el Puente Aéreo occidental el 31 de agosto serán dejados a su suerte. El presidente de los Estados Unidos está decidido, y así se lo ha hecho llegar a los miembros del G-7, a cumplir sus acuerdos con los talibanes. Retirará a sus últimos soldados y entregará las instalaciones aeroportuarias el próximo 31 de agosto, aunque no se haya culminado la evacuación. Fuentes alemanas señalaban que se quedarán atrás más de seis mil personas que trabajaron para su Ejército. Reino Unido, cuyo primer ministro, Boris Johnson, convocó la reunión del G-7 para presionar a Washington, calcula en más tres mil el número de afganos que serán abandonados por su parte. Se cede, pues, al ultimátum de los talibanes, pese a que no parece que estén cumpliendo con lo que les toca, que no es más que facilitar la llegada al aeropuerto de Kabul de quienes deseen hacerlo. Al contrario, las milicias islamistas han intensificado los controles en torno al aeropuerto, detienen, especialmente, a antiguos policías y funcionarios del gobierno derrocado y presionan a quienes están junto a las vallas del recinto para que vuelvan a sus casas. Sin duda, no es fácil entender la posición del inquilino de la Casa Blanca, cediendo ante el pulso planteado por los insurgentes porque, entre otras cuestiones poco gratas, significa el reconocimiento de facto de un gobierno islamista en Kabul, que no estaba sobre la mesa en los acuerdos de Doha. El presidente Biden prefiere arrostrar el desprestigio exterior de su país y –como le han recordado medio centenar de asociaciones de ex combatientes–, el de las mismas fuerzas armadas con tal de dejar atrás lo antes posible una crisis que ha erosionado gravemente su popularidad interna. El hecho de que su vicepresidenta, Kamala Harris, haya sido enviada a una gira por el sudeste asiático, en la que ha vertido las veladas amenazas hacia China de rigor, hace presuponer que Washington busca un nuevo escenario exterior que borre de las primeras planas las imágenes de la desesperación de los afganos que tratan de escapar a su destino. Y una vez comprobada la debilidad del adversario, su falta de voluntad política, ni siquiera es seguro que los talibanes se contengan hasta el 31 de agosto sin intervenir el aeropuerto.