Editorial

Las cuentas de Ayuso como modelo a seguir

El hecho de que la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIREF) haya avalado el proyecto presupuestario de la Comunidad de Madrid, lo que, por cierto, no hizo con las cuentas públicas elaboradas por el Gobierno de la Nación, adquiere, a la luz de los últimos acontecimientos relativos a la pandemia, un significado mayor, puesto que en las previsiones macro de los equipos financieros de Isabel Díaz Ayuso ya partían de un cierto nivel de incertidumbre y contemplaban factores, en principio, aleatorios, sobre el incremento del coste de la energía, la disrupción en el suministro de materias primas, la reimplantación de restricciones a la movilidad y, muy significativamente, por la falta de concreción en la llegada de los fondos de reconstrucción de la Unión Europea.

Por supuesto, no es preciso glosar que esos elementos de incertidumbre operan hoy sobre la economía española, que sufre un repunte extraordinario de la inflación, y nada garantiza que no puedan ir a más. De ahí, que las cuentas públicas de la Comunidad de Madrid, que ya se hallan en la recta final del procedimiento parlamentario, pueden considerarse un modelo a seguir, no sólo por su mayor o menor adecuación a unas circunstancias coyunturales, sino porque parten de unos postulados económicos racionales, que priman la reducción del gasto público, reducen la presión fiscal sobre empresas y hogares, y, fundamentalmente, crean un clima propicio institucional para el desarrollo empresarial y la llegada de nuevas inversiones. Ese modelo fiscal y financiero, muy alejado del que plantea el gobierno de coalición que preside Pedro Sánchez, tendrá, sin duda, sus detractores, pero los hechos demuestran que funciona. Así, en el último año, pese a todas las dificultades, la Comunidad de Madrid ha registrado un crecimiento del PIB regional del 31,7 por ciento, es decir, 12 puntos por encima de la media nacional, aupado por el consumo interno de los hogares, el mejor desempeño del sector servicios y la construcción, pero, también, por la llegada de inversiones, tanto nacionales como extranjeras.

Tiene, pues, el Partido Popular en Madrid un inmejorable escaparate de sus políticas que debería aprovechar. Porque el modelo fiscal de Ayuso, con todas las cautelas que se quieran adoptar, responde a los mismos postulados que defiende Pablo Casado y que serán el eje de su política económica y fiscal en el caso, probable, de que llegue a gobernar. La fórmula, sencilla, no esconde secretos. Se trata de identificar con claridad los factores que constituyen la realidad, hacer un buen diagnóstico de las debilidades y fortalezas propias y confiar en la capacidad de la sociedad española para avanzar, a poco que le favorezca el clima institucional y político. Ayuso, una vez más, será el objetivo a batir de la izquierda, pero ello sólo significa que está en el camino correcto.