El declive de la izquierda europea

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Apenas un puñado de países europeos (Portugal, España, Austria, Gran Bretaña, Bulgaria, Eslovaquia, Noruega y Hungría) cuentan con un primer ministro de centro izquierda y el declive puede agravarse tras las elecciones alemanas de septiembre y las británicas de 2010. Ni el marasmo económico parece ser suficiente para que la izquierda se una para recuperar el poder. Pero donde la crisis de la izquierda es más sangrante es en los grandes países europeos.

El líder de la izquierda italiana, Walter Veltroni, tuvo que dimitir en febrero tras ser incapaz de presentar una alternativa creíble a Silvio Berlusconi. La derrota honrosa que tuvo el candidato del Partido Demócrata en las legislativas de hace un año se han transformado en una creciente sangría de votos. Mientras, Il Cavaliere puede dormir tranquilo sin una oposición que critique sus patrullas ciudadanas, sus inmunidades o su eterno conflicto de intereses.

En Francia, los socialistas llevan veintiún años sin ganar una elecciones presidenciales y doce unas legislativas. El PS que preside Martine Aubry por un puñado de votos apenas ha sabido cicatrizar las heridas abiertas en las primarias del pasado noviembre, que fracturaron el partido entre aubryistas y royalistas (partidarios de Ségolène Royal). A pesar del descenso de su popularidad, el presidente de la República, Nicolas Sarkozy, tampoco tiene un líder de la oposición fuerte.

La Gran Coalición (democristianos y socialdemócratas) que gobierna Alemania desde noviembre de 2005 tiene los días contados. Según las encuestas, los socialdemócratas obtendrán apenas un 25% de intención de votos en las elecciones legislativas de septiembre. Si se confirma en las urnas, será su peor resultado desde la Segunda Guerra Mundial. Así las cosas, la canciller Angela Merkel podrá optar entre liberales (en alza en los sondeos) o ecopacifistas para gobernar en Berlín. La Izquierda, formación que agrupa a socialdemócratas descontentos y ex comunistas, amenaza con seguir minando el suelo electoral del SPD, cuyos líderes se oponen a pactar con sus contrincantes.

Por su parte, en Gran Bretaña, el Nuevo Laborismo, que ha gobernado las islas desde hace doce años, se enfrenta a una derrota anunciada en las urnas. El primer ministro, Gordon Brown, con mucho menos carisma que Tony Blair, parece asistir impotente al auge de los conservadores de David Cameron, que aventajan al "Labour"en catorce puntos. Incluso la capacidad para afrontar la crisis económica, la tradicional baza del experimentado Brown, ya no convence a los británicos, que confían más en las iniciativas del inexperto y joven líder "tory".

En principio, la crisis financiera y económica iniciada en el segundo semestre del año pasado debería ser un buen acicate para que la izquierda, en la oposición en la mayoría de países del Viejo Continente, recuperara el poder. Sin embargo, la izquierda, como la derecha, no saben ni cómo ni cuándo superaremos la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial.

Las próximas citas electorales, en cualquier caso, nos confirmarán en los próximo meses si el declive de la socialdemocracia europea es meramente temporal, producto de la lógica alternancia política, o una profundización del giro hacia la derecha abierto tras el 11-S.