El terremoto Macron

Emmanuel Macron celebra su victoria con sus seguidores al pie de las pirámides del Louvre
Emmanuel Macron celebra su victoria con sus seguidores al pie de las pirámides del Louvre

Los franceses debían elegir el domingo pasado entre el billete a lo desconocido de Emmanuel Macron o el salto al abismo de Marine Le Pen. Al final, se decantaron por dar una oportunidad al “golden boy” de 39 años y dejar en el banquillo a la hija del fundador del Frente Nacional (FN). La apuesta por el candidato “ni de izquierdas ni de derechas”, sin embargo, supone un auténtico terremoto en el sistema político de la V República, cuyo andamiaje se ha visto sacudido por un neófito que creó un partido con el único fin de llegar al Elíseo.

De ahí que todos los actores políticos del Hexágono traten ahora a toda prisa por buscar su mejor lugar en el nuevo escenario del “macronismo”, esa ideología posmoderna que como un imán atrae a votantes y dirigentes del centro, la izquierda y la derecha. Un centro infinito que tienta al socialista Manuel Valls o al conservador Bruno Le Maire, que ya se han ofrecido al nuevo presidente de la República para ayudarle a construir una mayoría amplia de Gobierno.

Mientras, tanto el Partido Socialista (PS) como Los Republicanos (LR), que no lograron pasar el corte de la primera vuelta, tratan de sobrevivir sin líder a unas legislativas que dentro de un mes volverán a ponerles bajo el escrutinio de los votantes.

Los conservadores mantienen un sentimiento de revancha tras verse aupados del poder por un candidato, François Fillon, que se negó a marcharse pese a estar imputado por el contrato ficticio de su mujer y dos de sus hijos como asesores parlamentarios. Probablemente, con Alain Juppé las cosas hubieran sido muy diferentes. Pero el ultraconservador ex primer ministro de Nicolas Sarkozy ganó las primarias y eso no tenía vuelta de hoja. Ahora buscan con obtener mayoría absoluta en la Asamblea Nacional e imponer a Macron una incómoda cohabitación. El presidente se vería obligado a sacrificar su propia agenda por la de la derecha. Y es que la situación política de LR es especialmente peligrosa, pues sufren una doble sangría de votos. Por la derecha el FN trata de seducir a su electorado más tradicionalista, mientras que los más centristas se sienten tentados por el aire nuevo de la República en Marcha, la marca electoral de Macron.

En el PS las cosas son aún más graves. El 6,3% obtenido por su candidato Benoît Hamon en la carrera al Elíseo les convierte en una fuerza marginal del cara a la legislativas y en peligro de implosión por culpa de sus guerras internas. Tanto Hamon como la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, anunciaron ayer sus propios movimientos transversales para evitar verse arrastrados por la extinción del PS. Como sus rivales de la derecha, los socialistas pierden votos por el centro hacia Macron y por la izquierda hacia el antiglobalista y neocomunista Jean Luc Mélenchon. Con ánimo de meter el dedo en el ojo de su antigo partido, el líder de Francia Insumisa anunció ayer que se presentará en Marsella en contra de un viejo líder del PS. Con todo, la situación tampoco es tan fácil para los insumisos, pues los comunistas no han llegado a un acuerdo con ellos y concurrirán en solitario a las legislativas.

Incluso la ultraderecha, que se erige como la única oposición del futuro presidente francés, se encuentra inmersa en un proceso de refundación y crisis para aumentar su base electoral y poder así acceder al poder en los diferentes niveles políticos. Para aumentar la tensión interna, la tercer generación de los Le Pen, Marion Maréchal Le Pen ha abandonado el FN por no compartir la deriva “izquierdista” puesta en marcha por su tía.

Y es que Macron, ese objeto político no identificado (OPNI), amenaza con hacer saltar por los aires el equilibrio de poder vigente en Francia desde hace sesenta años. El bipartidismo ha muerto y el Hexágono se precipita hacia un terreno inexplorado, hacia lo desconocido...

pgarcia@larazon.es