Juncker, un europeísta de la vieja escuela al frente de la Comisión

El futuro presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker
El futuro presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker

La primera vez que Jean-Claude Juncker participó en una cumbre europea en 1995, compartía mesa en el Consejo con el alemán Helmut Kohl, el francés François Mitterrand o el español Felipe González. A sus 41 años, el joven político social cristiano asumía las riendas del Gobierno de Luxemburgo tras la marcha a Bruselas de Jacques Santer para presidir la Comisión Europea. Dos décadas después, Juncker no sólo sigue los pasos de su mentor, sino que se convertirá en el primer presidente del Ejecutivo comunitario surgido de las urnas.

Pocos dirigentes como el luxemburgués conocen los entresijos de las instituciones comunitarias. A comienzos de los noventa fue uno de los partícipes del nacimiento de la Unión Económica y Monetaria (UEM) y, por ende, del euro en el Tratado de Maastricht. Durante sus dieciocho años como primer ministro del país más rico de la UE, presidió en dos ocasiones el Consejo. Aún se recuerda su batalla épica con el británico Tony Blair para sacar adelante los presupuestos comunitarios en 2005. "A las once de la mañana ya había resuelto todos los problemas del día", explicaba el jefe de Gobierno luxemburgués para justificar su dedicación al proyecto europeo. En 2004, renunció a presidir el Colegio de Comisarios para concentrarse en la política doméstica. En cambio, en 2009 sus colegas europeos prefirieron elegir al manejable Herman Van Rompuy como presidente del Consejo.

En su condición también de ministro de Finanzas del Gran Ducado, estuvo al frente del Eurogrupo entre 2005 y 2013. Precisamente, durante su mandato, se convirtió a su pesar en la cara de los recortes y de los impopulares planes de rescate de Grecia, Irlanda o Portugal durante la crisis del euro. Con ironía y pragmatismo trató de actuar como puente entre Alemania y Francia. En plena crisis del euro, llegó a reconocer que "sabemos qué tenemos que hacer, pero no sabemos cómo ganar después las elecciones".

Consciente de que le debe ser el cabeza de lista del PPE al apoyo decisivo de la CDU de Angela Merkel, no se cansó de abogar por unas cuentas públicas saneadas durante la reciente campaña. "La falta de disciplina presupuestaria tuvo sus consecuencias. Hemos tenido que aplicar recetas muy duras para conseguir comenzar a ver signos positivos de crecimiento y de la reducción del desempleo".

Ahora promete reunificar la UE tras la profunda división entre Norte y Sur que ha provocado la crisis. "Como presidente de la Comisión, quiero unir a Europa. Soy un constructor de puentes". Sus cualidades negociadoras y su europeísmo le han granjeado el apoyo de los socialistas europeos, que apuestan por trasladar a Bruselas la Gran Coalición que gobierna en Berlín. Paradójicamente, sus peores le esperan en su propia familia política. Merkel le ninguneó diciendo que era su candidato, mientras mostraba sus simpatías por la directora del FMI, Chistine Lagarde. El húngaro Viktor Orban le vetó por compartir nacionalidad con la comisaria europea de Justicia, Vivian Reding, que no ha dudado en criticar la deriva autoritaria del Gobierno de Budapest. Pero las pruebas más duras le han llovido desde el otro lado del canal de La Mancha, donde la prensa británica no ha parado de demonizarlo y describirlo como el "hombre más peligroso de Europa". Incluso un tabloide desenterró el pasado nazi de su padre, que fue obligado a alistarse al Ejército alemán tras la invasión alemana de Luxemburgo.

Nacido en Redange (Luxemburgo) el 9 de diciembre de 1954, Juncker se licencia en Derecho en la Universidad de Estrasburgo antes de iniciar una carrera política meteórica en su país natal. En 1979, se hace con las riendas del Partido Popular Social Cristiano (CSV) y es nombrado secretario de Estado de Trabajo y Seguridad Social en 1982, con sólo 28 años. Entra por primera vez en el Gobierno en 1989 como ministro de Trabajo y Finanzas antes de pasar a presidirlo en 1995 manteniendo al mismo tiempo su cartera ministerial. Aficionado al alcohol y el tabaco, permaneció en 1989 dos semanas en coma tras sufrir un aparatoso accidente de tráfico. Un escándalo de escuchas que alcanzaron al mismísimo Gran Duque le hicieron dimitir en 2013 y adelantar las elecciones al pasado octubre. Pese a volver a ganar de nuevo, un acuerdo entre los partidos de la oposición le desbancaron del poder. Un contratiempo que le ha servido a Juncker para conquistar un puesto para el que parecía predestinado desde su juventud. Tras su investidura en el Parlamento Europeo el próximo 16 de julio, iniciará su mandato en noviembre.

pgarcia@larazon.es