Receta Rubalcaba para sobrevivir en el PSOE: «Tira para adelante»

En los zapatos de... Pedro Sánchez. Sigue el consejo de sus antecesores: «no te distraigas» cuando se le habla de guerra interna contra él. Hace «apuntes para recordar» a las fichas de los discurso que prepara su equipo y en cuanto tiene un minuto habla con su mujer, Begoña

En los zapatos de... Pedro Sánchez. Un 46 para remontar el naufragio del PSOE
En los zapatos de... Pedro Sánchez. Un 46 para remontar el naufragio del PSOE

Sigue el consejo de sus antecesores: «no te distraigas» cuando se le habla de guerra interna contra él. Hace «apuntes para recordar» a las fichas de los discurso que prepara su equipo y en cuanto tiene un minuto habla con su mujer, Begoña

6:00 a.m. Suena el despertador y da comienzo el primer día de campaña para Pedro Sánchez. Amanece en Madrid, pero le espera una larga jornada en Barcelona. Lo primero, una ducha rápida, ponerse la camisa y los zapatos con los que recorrerá los 9.000 kilómetros de socialismo previstos para estos días previos a la contienda electoral. Unos zapatos con los que espera, además, guiar sus pasos hasta La Moncloa, dando esquinazo a los malos augurios que vaticinan las encuestas. Si el escenario y los horarios lo permiten aprovecha para practicar algo de deporte antes de comenzar la jornada, pues reconoce que «le ayuda a empezar con energía y organizar las ideas». Pero hoy no es el caso, tiene previsto coger un vuelo en apenas unos minutos. Después de una «pegada de carteles» que se extendió hasta la madrugada, ha tenido la suerte de poder descansar en casa, en su propia cama, aunque apenas haya hilado cuatro horas de sueño. Todavía con signos de haber dormido menos de lo necesario llega al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas donde se reúne con su equipo. Sube al avión, en el que esta vez no le acompaña la caravana de periodistas que cubrirán su actividad estas dos semanas. Durante el trayecto puede echar alguna cabezada furtiva, pero prefiere aprovechar para cerrar los flecos de la intervención que realizará en un desayuno informativo organizado por El Periódico, la primera parada de la jornada. También da un vistazo rápido a la prensa para manejar las noticias más importantes e introducir algún toque de actualidad al discurso del día.

A su llegada al Hotel Juan Carlos I, Sánchez se detiene unos minutos a charlar con los periodistas y en un tono distendido se jacta de haber dormido «una hora más» que ellos. Su relación con los medios es cordial, a pesar de estar siempre en el punto de mira de sus informaciones por movimientos internos inesperados o luchas intestinas con Andalucía. El líder socialista se sube al atril del orador y desliza sus mensajes de campaña en dos ejes: para frenar el avance de los emergentes y para postularse como la única alternativa de cambio al Partido Popular. Sánchez sabe que esta campaña será decisiva para su futuro y el del partido y se lanza a la carretera con la vocación de desacreditar a las encuestas que le auguran un mal resultado. La campaña será cercana y de piel con piel. Más bien de mejilla con mejilla, porque el líder socialista no escatima en besos allá donde va. La siguiente parada del día es el mercado de la Guineuta, un paseo y visita a la zona comercial para palpar los ánimos de la militancia a pie de calle. El enclave no se ha dejado al azar, el Nou Barris es una foto fija de la situación del PSOE en Cataluña, un patrón que podría trasladarse también a nivel nacional. Este distrito barcelonés fue, durante muchos años, nicho de votos obreros y socialistas, pero en los últimos tiempos, desencanto mediante, ha ido perdiendo la fidelidad que profesaba al puño y la rosa para decantarse por los emergentes. No es casual que en una cafetería de esta zona de la Ciudad Condal se celebrara el debate organizado por el programa Salvados de Jordi Évole entre Albert Rivera y Pablo Iglesias.

Salir a la calle es la mejor medicina para paliar el efecto de un barómetro del CIS que ha minado la moral de los socialistas en el inicio de campaña. Los malos datos de la encuesta, que dejaría a Sánchez a casi ocho puntos del PP y con Rivera pisándole los talones, se contrarrestan con el fervor ciudadano. «Hazme una foto con mi Pedro», grita una señora al paso del «séquito» socialista. Sánchez se para con todo aquel que le devuelve el saludo y escucha atento las peticiones de un barrio de población envejecida e inmigrante. Cuando considera que la petición trasciende al ámbito local, llama a la candidata por Barcelona, Carme Chacón, para que se haga cargo. «Nos vamos a hacer familia con todo lo que vienes por aquí», asevera otro viandante, y lo dice con fundamento, Sánchez pasó en Cataluña diez de los 15 días de la campaña de las elecciones catalanas, arropando a Miquel Iceta. El líder socialista espera un apoyo de ida y vuelta porque, después de Andalucía, Cataluña es la segunda comunidad a través de la cual tradicionalmente se ha apuntalado el triunfo socialista. También aquí las encuestas muestran el sorpasso de Ciudadanos y Podemos, dejando al PSC como cuarta fuerza en Barcelona.

Pero no todo son besos y abrazos, hay quien reprocha al candidato socialista que sólo se prodigue «cuando hay elecciones» y de pronto se escucha desde un coche un furtivo grito de “¡Podemos!”. A un fotogénico Pedro Sánchez también le incomodan ciertas instantáneas, como la que los ávidos periodistas se disponían a sacar junto a una dependienta que, calzoncillos rojos en mano, llamaba a gritos al candidato socialista. «Esa foto no la quiero», brama el líder del PSOE, al tiempo que hace un requiebro a la pizpireta joven que cambia el rictus al ver como Pedro pasa de largo y entra en la peluquería que colinda con su negocio.

Sánchez comparte protagonismo con Carme Chacón durante toda su jornada en Barcelona. La cabeza de lista por esta ciudad estuvo tentada en su día de dar la batalla por la candidatura a La Moncloa, algunos la llegaron a considerar incluso la «tapada» de Susana Díaz. Su tentativa fue un mazazo para Ferraz, pues Pedro había confiado en ella para llevar la cartera de Relaciones Internacionales. Estos gestos de deslealtad suponen la cara amarga del PSOE, pues -en ocasiones- parece que Sánchez cuenta con mayor oposición dentro que fuera de su partido. El líder socialista asegura que no tiene miedo de que le muevan la silla y confía en que el resultado que obtenga el 20 de diciembre sea lo suficientemente bueno como para garantizar la continuidad de su proyecto al frente del partido. El consejo que le dan ex dirigentes como Felipe González o Alfredo Pérez Rubalcaba es «que tire para adelante y no se distraiga en nada que no tenga que ver con los problemas de los ciudadanos».

Distracción o no, con Chacón comparte mitin en Hospitalet, que junto al Bajo Llobregat es el reducto más fiel del socialismo en Cataluña. Sánchez lleva un discurso fijo estructurado en bloques que corresponden a los ejes fuertes de su programa: acabar con la desigualdad, aumentar las oportunidades, blindar los derechos y libertades y articular un proyecto de convivencia territorial. Este es el mensaje que cobra mayor protagonismo en Cataluña. Pedro hace sus propias incorporaciones de puño y letra al grueso del discurso que su equipo le organiza en diversas fichas, son lo que él llama «apuntes para recordar» y suelen surgir en los traslados entre ciudades. «La improvisación aparece cuando estás ya hablando. Eso no se fuerza», reconoce. Además de la documentación de partido, Sánchez se entretiene en los viajes leyendo novelas, ahora tiene entre sus manos una de Javier Cercas, su autor favorito.

En campaña no hay mucho tiempo libre, las jornadas son maratonianas e impiden conciliar. «Si en política es difícil, en campaña todavía más. Lo intento pero el resultado no es el que quisiera», reconoce. No obstante, el líder socialista ha estructurado su campaña con muchas paradas en Madrid para poder dormir en casa y compartir tiempo con su mujer y sus hijas. «Siempre que tiene un rato aprovecha para hablar con su familia», comentan desde su equipo. La última llamada a Begoña ha sido para preguntar qué tal le ha ido a su hija Ainhoa en un examen.

Con quien también mantiene un contacto permanente es con los barones territoriales y con el resto de candidatos, pues es necesario articular una estrategia coordinada en campaña. Lejos del tacticismo y la estrategia, Sánchez se relaja escuchando música de grupos indie españoles, aunque reconoce que «ratos libres y campaña electoral es una asociación casi imposible». Tampoco se prodiga en exceso en el ámbito gastronómico, las comidas las suele realizar en el hotel para repasar sus intervenciones en los mítines de la tarde y en las cenas le gusta disfrutar de la compañía del equipo que viaja con él.

Fin de la primera jornada de campaña. Ilusión, fuerza y una sonrisa acompañarán al candidato Pedro Sánchez durante los catorce días restantes. Para él, esta es «la campaña del cambio». Hoy toca Palma de Mallorca. 10:00 a.m. Suena el despertador y comienza la recta final para llegar a La Moncloa.

Un 46 con solera

Pedro Sánchez calza un 46, un número acorde a su estatura y a la «talla política» del candidato. Están limpios, casi relucientes, a semejanza del perfil de candidato ajeno a la corrupción con el que se identifica. El calzado lo firma «Camper» una empresa española y mallorquina, muy acorde al itinerario que visita hoy y a la apuesta por la industria patria que hace Sánchez. Los compró hace un año y medio, justo el tiempo que lleva al frente de la Secretaría General del partido.