¿Pero dónde estaba el candidato Pedro Sánchez?

El líder del PSOE llegó cuatro minutos tarde por problemas de «intendencia» y elevó el nerviosismo en el plató

Ana Pastor, Albert Rivera y Soraya Sáenz de Santamaría comentan el retraso de Sánchez
Ana Pastor, Albert Rivera y Soraya Sáenz de Santamaría comentan el retraso de Sánchez

El líder socialista se moroseó en un posado que se hizo al filo del inicio del programa. Sus adversarios políticos, Pablo Iglesias –luciendo sonrisa dentífrica inédita y pelín impostada–, Soraya Sáenz de Santamaría, Vicente Vallés y Ana Pastor posaban ante los fotógrafos con cierta cara de estupor mientras el candidato socialista se hacía de rogar. Cuatro minutos más tarde llegó. Problemas de intendencia alegaron. Ese desliz horario fue un filón para los periodistas porque ante una espera que parecía eterna, el tiempo apremiaba, empezaron esas conversaciones casuales que parece que no pero tienen algo de sustancia. Ana Pastor le comentaba a Soraya Sáenz de Santamaría que el domingo en los ensayos «iba con abrigo porque hacía mucho frío».

Y se habló del tiempo

La vicepresidenta le contestaba que «ahora hace una temperatura muy buena, vamos a estar cómodos», además de añadir que la puesta en escena, que luego ellos se ocuparían de llenar de contenido, «le gustaba mucho». Ambas seguían hablando del decorado hasta que, sea casualidad o causalidad, se estableció una conversación entre Albert Rivera y Sáenz de Santamaría en un tono bajo no sea que algún oído inquieto captaran lo que estaban comentando. Mientras Iglesias no se dirigía a sus contrincantes y, con un bolígrafo en la mano del que no se despegó durante el posado –quizá fuera un recurso para dotarse de seguridad, dada la rigidez gestual, hablaba con Vicente Vallés con una sonrisa, insisto, que parecía que era labor de un mal maquillador de lo paralizaba que se quedaba. Ana Pastor comentaba a la Prensa que ni ella ni Vicente Vallés había visto todavía a los invitados y se notaba porque el saludo inicial indicaba que no hubo toma de contacto previa. Todos estuvieron en su sitio: afables antes de empezar la faena y tomándose las distancias.

Todos encajaban cromáticamente con la puesta de escena. Había truco. Atresmedia les había dicho cómo y qué colores se iban a utilizar para que su vestimenta casase visualmente y formasen un todo armónico. Los asesores de Sáenz de Santamaría, María González Pico; Sánchez, atención que le acompañó su esposa, Begoña Gómez, además de César Luena; Rivera, Daniel Bardavío; e Iglesias, que llegó con su inseparable Íñigo Errejón, no estaban en ese momento en el plató y no bajaron hasta que llegaron las interrupciones publicitarias de seis minutos. Siguieron el debate en varios despachos acompañados por directivos de Atresmedia. El tema de los camerinos donde esperaron hasta la hora D también tiene su aquel. Se designaron por sorteo y, casualidades de la vida, el más grande le tocó a Rivera. En esta vida hay que tener suerte para todo. Y mejor que fuese así porque el líder de Ciudadanos llegó en una furgoneta de la que empezaron a salir personas como si aquello fuese el camarote de los hermanos Marx. Al otro lado estaba un pequeño grupo de la tercera edad de los podemitas de Alcobendas-San Sebastián de los Reyes, y un mínimo, juntos no llenaban ni la furgoneta de Rivera, de miembros de UpyD encabezados por el que intenta llevar la batuta ahora, Andrés Herzog, que protestaban por no haber sido convocados al debate.