Rajoy irá a la investidura

Defiende una coalición con PSOE y Ciudadanos, pero explorará todas las fórmulas, incluida la de PNV y CC. Abrirá los contactos esta semana con todos los partidos y urge a acelerar los trámites para tener Gobierno en un mes.

Mariano Rajoy, ayer, durante la rueda de prensa en la sede del partido
Mariano Rajoy, ayer, durante la rueda de prensa en la sede del partido

Defiende una coalición con PSOE y Ciudadanos, pero explorará todas las fórmulas, incluida la de PNV y CC. Abrirá los contactos esta semana con todos los partidos y urge a acelerar los trámites para tener Gobierno en un mes.

Los 137 escaños dan la vuelta a la estrategia de Mariano Rajoy con respecto a las elecciones de diciembre. El candidato popular sigue apostando, en teoría, por la gran coalición con PSOE y Ciudadanos, un acuerdo de estabilidad para cuatro años «que permita hacer las reformas que necesita España» y «trabajar en defensa del interés general».

Y hacia ahí dirigió su primer mensaje tras presidir el Comité Ejecutivo del PP, que ayer se reunió en Génova. En esta primera declaración Rajoy apostó por un programa de gobierno pactado para los próximos cuatro años, que dé estabilidad y garantía de que se puede ejecutar un plan de reformas.

Pero Rajoy sabe que ese acuerdo de coalición no saldrá adelante por la insistencia tanto de los socialistas como del presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, a atarse a su proyecto. Aunque él ofrezca puestos en su Consejo de Ministros o consensuar una agenda de reformas. «Es muy posible que dé igual. Pero hay que intentarlo», puntualizan, con escepticismo, en su entorno.

Ante esto, Rajoy deja la puerta abierta a estudiar todas las fórmulas, y a gobernar, por supuesto, en minoría con apoyos puntuales. Esta semana, cuando vuelva de Bruselas, abrirá una ronda de contactos con todos los partidos, aunque su prioridad es conseguir la abstención socialista en segunda vuelta, por «responsabilidad institucional», según puntualizan en Moncloa.

Ésta es la salida más verosímil que vislumbran en las filas populares. Rajoy y su equipo se preparan para un Gobierno en minoría, con muchas dificultades para gestionar el día a día. Pero ahora su primera prueba es conseguir la investidura. Y ahí lo fían todo a una abstención de Ferraz, «obligada por los resultados electorales».

En esta negociación con todos, Rajoy hablará con Rivera, pero no participará en ningún «teatro» como los de la legislatura fallida, puntualizan en Moncloa. En ese sentido, a diferencia de diciembre, desde su entorno anticipan que las urnas le legitiman para tomar la iniciativa y para optar a la sesión de investidura, aunque no tuviera asegurada la abstención socialista en la primera vuelta. El objetivo es llegar a esa investidura con el escenario clarificado, «pero habrá que ver».

Ayer dejó claro que no renunciará a gobernar ni renunciará tampoco a presentar su candidatura porque las urnas han «avalado» la estrategia del PP. En su comparecencia, exhibió los 700.000 votos que ha mejorado con respecto a diciembre. Y apuntó al hecho de que su distancia con el PSOE ha pasado a casi 2,5 millones de votos frente al 1,7 millón de papeletas que les separaron en diciembre. Y a 52 escaños. También recordó que el PP ha ganado en todas las comunidades autónomas, excepto Cataluña y País Vasco. «Las urnas han avalado la estrategia de acatar el mandato de las urnas, de admitir la necesidad de pacto y de ofrecer al PSOE y a Ciudadanos la gran coalición, huyendo de la teatralización de la política», precisó.

El primer gesto de Rajoy tras la noche electoral fue tender la mano a los partidos moderados, y pedir altura de miras y responsabilidad. Además de urgir a que se acelere todo el procedimiento para que pueda haber un nuevo Gobierno en el mes de julio. La dirección popular confía en conseguir apoyos en sus contactos con los demás grupos parlamentarios y si no, en el peor de los casos, el candidato popular se planteará acudir al Congreso para que cada cual se retrate en un mapa político «que no tiene nada que ver con el de las anteriores elecciones». Sería «grotesco» que los demás partidos no dejaran gobernar a quien ha ganado las elecciones y con mejor resultado que la anterior vez, advirtió ayer.

El líder popular sabe que a ninguno de sus principales adversarios les interesa ir de nuevo a un examen electoral después de que su estrategia no les haya otorgado ninguna ventaja el pasado domingo. En ese sentido, Rajoy confirmó expresamente que no acepta el veto de Rivera a su persona, porque «sería el primer dirigente de la historia que admite irse porque se lo piden quienes han perdido». «A ver si somos serios y nos comportamos democráticamente», añadió.

No obstante, el líder popular optó por medir el tono y las formas, para acentuar el «espíritu constructivo» que él demanda a Pedro Sánchez y a Rivera. Es «fundamental» que España tenga un Gobierno en julio o, como muy tarde, a principios de agosto.

El candidato presidió por la mañana una Ejecutiva de trámite. No tiene quien le tosa internamente, y hasta el que lo hacía, el ex presidente José María Aznar, se rindió ayer a su éxito electoral. Con las manos libres, en otoño convocará el Congreso Nacional del PP, en el que volverá a presentar su candidatura a la Presidencia de su formación. No tendrá rival. Y a partir de este cónclave pondrá en marcha el proceso de renovación territorial con los congresos regionales y provinciales que están pendientes de celebrarse. Este proceso quedará concluido en diciembre.

Contra el pronóstico de muchos de los suyos, el resultado electoral de ayer le legitima para dirigir la reorganización interna que necesita el PP para corregir los agujeros que le ha hecho el desgaste electoral de los últimos años.

La suma para la investidura, y aun más para gobernar, sigue sin estar clara. Pero hasta los más críticos reconocen que «ha resucitado frente a todos los pronósticos». «Yo no voy a renunciar a gobernar porque hay 8 millones de españoles que me han apoyado, pero si eso no es posible gobernaré con el apoyo que nos han dado los españoles y algunos pactos puntuales. Es de sentido común que hay que hacer un gobierno, hacerlo ya, y respetar lo que dicen los españoles. Prefiero un Gobierno para cuatro años con programa pactado. Pero si no es posible habrá que gobernar pactando las cosas en el día a día, aunque hay cuestiones que necesitan de acuerdos nacionales», sentenció. Como ocurrió en diciembre, los escaños de Rivera no son decisivos para tener una mayoría, y por eso Rajoy se volcará en presionar al PSOE.