España pide un Gobierno de Rajoy

El PP aumenta en 14 los escaños obtenidos el 20-D y se coloca a 52 de la segunda fuerza. El PSOE resiste el «sorpasso», pero pierde cinco escaños y más de 100.000 votos. Unidos Podemos no rentabiliza la coalición y recibe su primer castigo en las urnas. C’s se deja ocho diputados y 400.000 votos, y sumaría con el PP más que el bloque de izquierdas

El presidente del gobierno en funciones Mariano Rajoy
El presidente del gobierno en funciones Mariano Rajoy

El PP aumenta en 14 los escaños obtenidos el 20-D y se coloca a 52 de la segunda fuerza. El PSOE resiste el «sorpasso», pero pierde cinco escaños y más de 100.000 votos. Unidos Podemos no rentabiliza la coalición y recibe su primer castigo en las urnas. C’s se deja ocho diputados y 400.000 votos, y sumaría con el PP más que el bloque de izquierdas

Las urnas volvieron a dejar de nuevo este domingo una imagen poco clara de pactos, aunque con una diferencia sustancial por la subida en apoyos del candidato del PP, Mariano Rajoy, que llega hasta los 137 escaños frente a los 123 de diciembre. El PP aumenta su ventaja y el PSOE frena el «sorpasso», pero pierde cinco diputados respecto a la representación que tenía. La opción más estable sería un Gobierno del PP, que vuelve a ganar por segunda vez las elecciones, con apoyo de PSOE y Ciudadanos. Pero no es una salida cerrada según lo que se ha visto en una campaña polarizada, sin propuestas, y en la que los principales candidatos no se han movido de las líneas rojas y de los vetos en los que se enredaron en los seis meses anteriores. Los primeros mensajes de Unidos Podemos dejaron ver su escepticismo respecto a la posibilidad del acuerdo con los socialistas, después de haber sido su gran mantra de campaña. También los barones del PSOE empezaron a apuntar a la opción de dejar gobernar al PP.

Con una participación parecida a la del 20-D, la gobernabilidad de España depende de si PSOE y Ciudadanos mantienen su negativa a dejar gobernar a la lista más votada. Una decisión que sólo ha dado pérdidas a los socialistas y a la formación naranja. Ninguna de las dos alianzas naturales obtiene la mayoría absoluta, en los 176 escaños, aunque la del bloque de centro derecha se aproxima mucho más que la de izquierdas. Serían 169 (PP más Ciudadanos) y 156 (PSOE más Unidos Podemos).

El PP vuelve a ser el partido más votado, supera la línea del 33 por ciento de los votos y llega a los 137 escaños. Aumenta en casi 700.000 papeletas sus resultados de diciembre. Pero esta subida es ponderada con el batacazo que se mete Ciudadanos, que pierde ocho de sus 40 escaños. Ya no son determinantes para formar gobierno. Y sus exigencias para que Rajoy deje de ser el candidato del PP a La Moncloa pierden todo sentido. El partido de Albert Rivera no rentabiliza en las urnas el acuerdo de gobierno que firmó con Pedro Sánchez en la Legislatura fallida, ni tampoco la estrategia de campaña focalizada en «disparar» contra Rajoy casi con más intensidad que contra Pablo Iglesias. Además de ignorar a su socio de gobierno.

Si durante los meses de negociación tras el 20-D Rivera consiguió un protagonismo exagerado con respecto a sus escaños, y a la utilidad de los mismos en el mapa político porque no sumaban ni con PP ni con PSOE, esa estrategia no le ha dado ningún rédito. El voto útil ha funcionado en favor del PP. Rajoy, por tanto, vuelve a mirar a Sánchez y a Rivera para la alianza constitucionalista, que en el mejor de los casos podría traducirse en una abstención a un Gobierno en minoría del PP. En campaña, tanto Sánchez como Rivera hicieron causa común en solemnizar su negativa a dejarle gobernar, aunque volviese a ser la fuerza más votada. Rajoy no se apartará para lograr una abstención porque sale fortalecido de las urnas. El candidato popular se apunta un éxito por encima de las mejores previsiones internas. Y en el otro lado de la balanza se sitúa Pablo Iglesias, que no cumple ni de lejos con los pronósticos. Su coalición con Alberto Garzón, diseñada para convertir en escaños los 700.000 votos que en las pasadas elecciones se quedaron en tierra de nadie en la aplicación de la Ley D´Hont, no consigue alcanzar al PSOE. Su gran objetivo era el «sorpasso» y la hegemonía de la izquierda, y el de los socialistas, evitarlo.

El peor resultado

Pablo Iglesias no consigue que la jugada le salga como la había diseñado, mientras que Pedro Sánchez resiste y se queda al borde del precipicio. Es el peor resultado de su historia en escaños, pero como ha aguantado el empuje de Podemos más Izquierda Unida, esto da oxígeno a la actual dirección socialista. Siguen siendo el segundo partido, con cinco escaños menos, y con peor porcentaje de votos que en diciembre. Los de Iglesias asumieron anoche su fracaso. Ya que su suma con IU no se acerca a la de los votos de los dos en las elecciones de diciembre. Iglesias no puede encabezar la negociación y solo, si acaso, puede volver a ofrecerse como vicepresidente de un Gobierno de coalición con Sánchez. Muy difícil porque necesitaría más apoyos externos.

A partir de esta noche, la única fecha fijada de antemano en el calendario es el 19 de julio, en la que se constituirán el Congreso y el Senado.

La nueva política pierde fuerza después de que su primera irrupción en el Parlamento culminase en unas nuevas elecciones.