Pepe Moral, al borde de la Puerta del Príncipe con la de Miura

Toreo espectacular del sevillano al natural con una interesante corrida en la última de Sevilla

Pepe Moral
Pepe Moral

Toreo espectacular del sevillano al natural con una interesante corrida en la última de Sevilla

Ficha del festejo

Sevilla. Última de feria. Se lidiaron toros de Miura, bien presentados. El 1º, flojo, de media arrancada y sin humillar; el 2º, sin humillar pero manejable; el 3º, lesionado durante la lidia; el 4º, complicado, humilla pero orientado; el 5º, de buen juego y destacado pitón izquierdo; y el 6º, de buen juego y a menos. Tres cuartos largos de entrada.

Antonio Nazaré, de berenjena y oro, estocada corta contraria y trasera, seis descabellos, aviso (silencio); estocada muy tendida, cuatro descabellos (saludos).

Pepe Moral, de grana y oro, estocada (oreja); estocada baja (oreja con dos vueltas al ruedo).

Esaú Fernández, de verde botella y oro, estocada delantera (saludos); pinchazo, estocada (silencio).

Y de pronto ocurrió. Como ocurren las cosas mágicas. Los momentazos. Así fue. Quizá tres o cuatro naturales invadiendo los terrenos sagrados de la naturalidad, la pureza, la cadencia y la lentitud. Hundiéndose y agarrándonos la emoción hasta la asfixia. Y a un toro de Miura. Fue Pepe Moral. Un grande delante del toro. Ese Miura que sí quiso ser cómplice de la tarde y un torero, que debutaba con este hierro, e hizo el toreo sin mirar la divisa. Andaba cogiéndole el aire por el pitón diestro, era el quinto animal de la tarde, y tenía armonía la faena. Una revolución por dentro, de tripas, fue cuando tomó la muleta por el izquierdo. Ralentizando los tiempos, avanzaban los sueños, belleza e intensa fue la faena por ambas manos y los remates, pero esos naturales resultaron inolvidables. Torería con un buen toro de Miura. La gente entregada. Y lo sabía Moral. Se enfrentaba así a quizá el momento más importante de su vida. Una oreja había cortado del segundo y tenía la Puerta del Príncipe al alcance de la mano como moneda de cambio a los desvelos. Se perfiló, se tiró encima y hundió el acero pero la estocada cayó abajo. El público pidió el doble trofeo pero la presidenta no aceptó. Una oreja y dos vueltas al ruedo retrataban lo vivido.

Otra había cortado de "Marismeño". Cumplió en varas y llegó a la muleta con sus desafíos: no humillaba y tendía a quedarse corto pero pasaba por allí, que ya es. Moral le cogió la medida al toro, la clave la encontró el sevillano en la distancia, en dejar un tiempito entre los muletazos para lograr que el Miura pasara con más largura por el engaño, sin obligarle demasiado, a su aire. Y así al natural cosió los últimos muletazos. Se tiró a matar con todo. Y tuvo premio.

Se llevó el lote y en negativo Antonio Nazaré, que se las vio con los dos peores del encierro. Su primero frustró las ilusiones de todos, ganadero incluido, al poco de salir. Se cayó el toro, flojo de remos, de media arrancada y sin humillar. Se justificó el torero por ambos pitones y se fue detrás de la espada, a pesar de que el Miura le tapó la salida y le hizo pasar un mal rato con el descabello. Fue al caballo el cuarto y le lucieron en el peto. Apretó mucho a la cuadrilla después y fue complicado en la muleta. Humillaba pero orientado. Nazaré hizo el esfuerzo sin renunciar ni buscar ventajas. El riesgo estaba servido. No se alió con la espada, pero salió a saludar.

Esaú Fernández le echó valor del bueno y se fue a portagayola en el tercero. Le pudo salir carísimo. Y a nosotros nos dejó mudos durante un buen rato. Le volteó, le cogió, zarandeó, pisó y cuando llegó la hora de reponerse, de pronto el torero no fue capaz de ponerse en pie. Hubieron momentos de confusión, muchos toreros en la plaza y el matador en la enfermería. Volvió. Regresó. Y le hizo un quite por chicuelinas. No acabaron los susto ahí. A Curro Robles le puso el pitón en el pecho en el último par. Milagroso que saliera ileso. Fue con claridad a la muleta y cuando estaba buscando el acople, el toro se lastimó una pata y tuvo que optar por abreviar la faena. El sexto fue toro bueno en la versión de Miura, repitió en el engaño y lo hizo con cierta claridad en el viaje. La faena de Esaú fue de más a menos y sin llegar a encontrar las coordenadas de entendimiento con el toro, que no es tarea sencilla.

Pepe Moral se fue a hombros, aun sin abrir la Puerta del Príncipe. El toreo fue suyo y los naturales eternos.