Historia

17-J: El día en que Don Juan Carlos calló

A pesar de que distintas voces pedían que se pronunciase sobre la campaña electoral, se mantuvo en la sombra erigiéndose al final como el triunfador real

El Rey Don Juan Carlos sancionó la Constitución el 27 de diciembre de 1978, en un acto en el que estuvo presente su hijo, el entonces Príncipe Felipe
El Rey Don Juan Carlos sancionó la Constitución el 27 de diciembre de 1978, en un acto en el que estuvo presente su hijo, el entonces Príncipe Felipe

A pesar de que distintas voces pedían que se pronunciase sobre la campaña electoral, se mantuvo en la sombra erigiéndose al final como el triunfador real

Se ha señalado que si las primeras elecciones democráticas tuvieron un protagonista, ese fue sin duda Adolfo Suarez. Y estoy de acuerdo. Él las ganó y protagonizó un cambio político del que todavía vivimos. Sin embargo también todo el mundo sabe que aquellos comicios, previos incluso a la nueva Constitución, tuvieron otro protagonista en la sombra que fue el Rey Don Juan Carlos.

Protagonista porque se había jugado mucho con la designación de Adolfo Suárez, el candidato que ahora encabezaba aquel partido de centro. Y protagonista también porque todos los movimientos que hasta entonces había hecho se sometían ahora al test de los ciudadanos. El más importante. Ya la participación, que alcanzó casi el 79 % del censo, aseguró un respaldo al camino iniciado, aunque quedaba lo más importante. El resultado electoral terminaba de garantizar el camino iniciado con las reformas y, sobre todo, la posibilidad de elaborar una nueva Carta Magna que respondería a la sensibilidad de todos los ciudadanos. Pero el foco se centró en los partidos, diputados y senadores electos, y Don Juan Carlos, por primera vez en aquel proceso, pasó a un segundo plano. Entonces era una Rey puesto por Franco y que los españoles tampoco se habían pronunciado por el debate monarquía-república. Y que era el monarca el que, además de impulsar las reformas, garantizaba la continuidad con aquel viejo sistema, al menos hasta que hubiera otra norma que anulara las anteriores.

Así las cosas, a muchos sorprendió la desaparición de Don Juan Carlos en la campaña, aunque hubo algunos intentos, especialmente en la UCD y en Alianza Popular de hacerse portavoces de las intenciones y apoyos del soberano. Tampoco fueron muchos. Pero no eran solo los partidos los que buscaban alguna señal en el Jefe del Estado. Muchos españoles pensaban que debía pronunciarse sobre algunas de las declaraciones subidas de tono que se pronunciaron en aquella campaña electoral. Que las hubo. Pero el Rey calló.

Hoy no nos sorprende aquella actitud, pero los poderes que hoy tiene la jefatura del estado no son nada comparados con los que tenía entonces don Juan Carlos. Solo hubo una anomalía, por decirlo de alguna manera. La Ley de Reforma Política entonces vigente establecía que una quinta parte de los senadores –en total 207– debían ser designados directamente por el Rey. Y por eso Don Juan Carlos designó a dedo 41 senadores. Y, aunque los elegidos tenían como rasgo común, su prestigio e independencia, tampoco faltaron los que militaban en algún partido político o se adscribieron posteriormente a alguno de los grupos parlamentarios. Entre ellos figuraban Justino Azcárate, Gloria Begué, Jaime Carvajal, Camilo José Cela, Enrique Fuentes Quintana, Julián Marías, José Ortega Spottorno, Martín de Riquer, José Luis Sampedro, Víctor de la Serna, Alfonso Escámez, Guillermo Luca de Tena, Miguel Primo de Rivera, y Torcuato Fernández-Miranda. No faltó quien dijo que entre los designados había más personalidades de derechas que los diputados y senadores electos, pero aquel privilegio real acabaría con la nueva Constitución. Definió por aquel entonces José María de Areilza a Don Juan Carlos como el motor del cambio, pero a mí me parece que hay otra idea afortunada para describir la figura de aquel joven Rey: el garante del cambio. Y no solo porque gracias a su impulso se dieron aquellos pasos hacia la democracia, también porque garantizaba, frente a los sectores más involucionistas, una continuidad sin sobresaltos con la dictadura que condujo a que todos apoyaran las decisiones que tomaba. El hecho de que fuera su candidato a Presidente del Gobierno –el impulso real fue decisivo para meterlo en la terna del Consejo del Reino– el que saliera refrendado por las urnas, tiene mucho de apoyo a la decisión del Monarca. Por eso no es gratuito decir que, aunque aquellas elecciones las ganó Suárez, el verdadero triunfador fue Don Juan Carlos.