Torra quiere dejar como sucesor a Mascarell tras ser inhabilitado

El presidente de la Generalitat busca evitar que el vicepresidente, Pere Aragonés, ocupe su puesto hasta la convocatoria de elecciones tras la sentencia del Supremo

Joaquim Torra, el presidente de la Generalitat de Cataluña, sigue deshojando la margarita electoral. Ha amagado, al menos en dos ocasiones, con fijar la cita. No lo ha hecho porque Carles Puigdemont ha presionado para que no lo haga. Junts per Catalunya está todavía en proceso de constitución como partido, presionando sin ningún tipo de concesiones al PDeCAT, que se resiste como gato panza arriba a ser engullido por la nueva formación. Necesita tiempo y parece que ha alcanzado su objetivo.

Torra todavía baraja la posibilidad de fijar el 15 de noviembre la fecha electoral, pero también esta posibilidad está perdiendo fuelle porque Puigdemont quiere seguir confrontando con el Estado, al tiempo que presionar a ERC acusándola de debilidad para «lograr la república efectiva». Este escenario se dibujará como anillo al dedo cuando el Tribunal Supremo se reúna el 17 de septiembre para ratificar la sentencia contra Joaquim Torra por desobediencia a la Junta Electoral por colgar lazos amarillos en la campaña. Cuando la sentencia sea comunicada, Torra quedará inhabilitado.

Con la inhabilitación se abre el proceso para elegir un nuevo presidente de la Generalitat en el Parlament, que tiene que ser obligatoriamente diputado. Pere Aragonés, el vicepresidente del actual ejecutivo y candidato de ERC, será el presidente en funciones. Aquí, Puigdemont abre el melón. Proponer un candidato para forzar a ERC a votarlo con la excusa de que «el Supremo no es quién debe convocar elecciones, lo tiene que hacer el president de la Generalitat». Y ese candidato es Ferràn Mascarell, ex conseller de Pasqual Maragall, ex delegado del Govern en Madrid, ex PSC, hombre cercano a Waterloo, ideólogo independentista de nueva hornada y diputado desde que Puigdemont dejó su acta en el Parlament.

Desde sectores de Junts per Catalunya apuestan por Mascarell para dejar en evidencia a la ERC de Aragonés, a la que pretenden presionar para evitar elecciones. Si ERC no lo apoya será vilipendiada a cuenta de su tibieza con España y por erosionar la unidad del independentismo. Además, dicen contar con la CUP, los anticapitalistas e independentistas radicales: «La CUP no podrá votar en contra de un candidato transversal y progresista como Mascarell».

Si la operación Mascarell no cuaja, Puigdemont gana tiempo. Con este escenario sobre la mesa, las elecciones se retrasarán hasta la segunda semana de enero. Tiempo más que suficiente para elegir a su sucesor porque él es consciente de que no será president, lo que no implica que no vaya en la lista, y acabar de consolidar su partido con la rendición sin condiciones del PDeCAT. Los de David Bonvehí, con fuerza en el sector municipalista, se resisten a esta rendición y han amagado en diferentes ocasiones con romper su ligamen con Puigdemont. Ahora, parece que es la hora y la guerra arrecia. Los senadores se han pasado en bloque a Junts per Catalunya rompiendo el carnet del PDeCAT, lenguaje que indica el nivel de acritud en este pulso, y esta semana los tribunales iniciarán el proceso para dictaminar quién es el propietario de la marca Junts. En juego, los derechos electorales. Estos hechos avalan una ruptura inminente, que llevaría a Àngels Chacon, consejera de Empresa, a liderar una candidatura que deja a Junts en minoría en el Govern, y que divide por la mitad al grupo parlamentario en el Congreso. O sea, cuatro diputados podrían desmarcarse de la política de enfrentamiento constante con el Estado que apadrina Puigdemont que vería a sus fuerzas reducidas a cuatro diputados.

A la espera de la resolución de este conflicto, que Puigdemont espera ganar porque la dirección del PDeCAT no «aguantará» la marcha de centenares de militantes y de estructuras locales a Junts per Catalunya, Puigdemont sigue trabajando en la construcción de su partido. Acercamiento a sectores de la CUP, a Poble Lliure el grupo heredero del PSAN y Terra Lliure más independentista que antisistema, y a personalidades independientes. Mónica Terribas, la periodista que ha abandonado el programa matinal de Catalunya Ràdio y con gran predicamento en el mundo independentista, parece que ha sido tentada a formar parte de la candidatura de JxCAT. Ella lo niega con cierta sorna: «La tarea de los periodistas es no fiarnos de las malas lenguas», ha comentado, aunque lo cierto es que la pasada semana se reunió con Jordi Sánchez, una de las piezas fundamentales de Puigdemont y todavía líder de la Crida Nacional per la República, el partido fallido de Puigdemont, en la cárcel de Lledoners.

La Covid está también tensando la situación en el Govern entre los dos socios y el president, que mantiene una febril actividad para quitar protagonismo a sus consellers, sobre todo a los de ERC, para hacer declamaciones que deben ser luego puntualizadas por las consellerias y para atacar a los consellers republicanos acusándolos de errores como si él no fuera el máximo responsable del Ejecutivo.

La última fricción la convocatoria de las manifestaciones del 11 de septiembre. Salut, dirigida por ERC, advierte de que será muy contundente en la exigencia de medidas de seguridad sanitaria. Torra, a pesar de prohibir reuniones de más de 10 personas, es más laxo y apuesta por permitir las movilizaciones que este año «rodearán las instituciones opresoras del Estado». Delegaciones del Gobierno, de la Seguridad Social, la Agencia Tributaria y las estaciones de RENFE serán los objetivos, pero ante la sorpresa de muchos, también la Universidad de Barcelona. En esta universidad, Elisenda Paluzié, presidenta de la ANC, es catedrática desde el mes de marzo, por lo que su salario lo recibe de esta Universidad que su organización ha señalado como opresora «porque los rectorados no son independentistas». En las redes sociales se la acusa de «ser española a tiempo parcial» porque no ha renunciado al cobro de sus prestaciones «españolas». La Universidad de Barcelona celebrará elecciones en el mes de noviembre y el movimiento de la ANC y de la propia Paluzié debe enmarcarse en un intento del independentismo de hacerse con el rectorado, al estilo de la Cámara de Comercio o el Barça, que se ha convertido en otro de los objetivos prioritarios.