En tierra de nadie

A este terreno quiere Sánchez llevar al PP. Ante la gravedad del momento, un estadista, o simplemente un presidente preocupado ante todo por el interés general del País y el bien común de sus compatriotas, no pensaría en estrategias de «vuelo gallináceo» para aislar a la alternativa política de la oposición, a fin de mantener su futuro político personal, sino que pactaría con ella.

No tenemos esa fortuna, quizás porque no lo merecemos, y «con estos mimbres» debemos trabajar. Entre la moción de censura de Vox y la estrategia de Sánchez, el PP se arriesga a quedar en «tierra de nadie», y debe huir de esa encerrona antes de que sea demasiado tarde. Consciente de que Sánchez no quiere prescindir de su socio de Gobierno para ejecutar su desdichada estrategia para España —que no para él—, Casado debería romper de un tajo solemne ese nudo gordiano: anunciar su disposición a un Pacto de Estado para la recuperación nacional, público y publicado, con un nuevo Gobierno sin cabida para los actuales socios.

La concreción de ese Gobierno es secundaria respecto al Pacto en sí mismo, pues su misión sería ejecutarlo en el horizonte temporal previamente acordado. Si Sánchez lo rechazara, sería su responsabilidad, y Casado tendrá las manos libres para ejercer la oposición que merecerá un presidente que ha actuado así en un momento de emergencia nacional. ¿No quiere unidad y un nuevo tiempo político? Pues ahí tiene la respuesta.