El padre de Naiara, la niña torturada hasta la muerte en Huesca: “Espero que el asesino de mi hija no vuelva a la calle”

Mañana comienza en la Audiencia Provincial de Huesca el juicio por el crimen de la niña de 8 años

Se ha tenido que posponer en dos ocasiones a causa de a pandemia pero finalmente hoy comienza en la Audiencia Provincial de Huesca el juicio contra uno de los crímenes más brutales que se recuerdan en España. Se trata de las torturas hasta provocarle la muerte que sufrió Naiara Abigail Valentina Briones, una niña argentina de 8 años que vivía en Sabiñánigo (Huesca) con su madre, la nueva pareja de ésta y el hermano de este último, el presunto autor material de su asesinato. Su caso fue emblema por Save the Children para denunciar el maltrato infantil pero describir todo lo que le hicieron a esta niña resulta complicado. Aunque la situación venía arrastrándose de lejos (tanto en el colegio como en casa), lo que ocurrió el 6 de julio de 2017 en un primer piso de la avenida Yebra de Sabiñánigo, es digno de una película de terror. Su tío, Iván Pardo, la había castigado copiando 20 veces la lección y al no haber cumplido la niña dicha tarea, comenzó su última tortura. Eran las 8:15 horas de la mañana. «Yo voy a sudar pero tú lo vas a pasar mal: te voy a dar durante diez horas», le dijo. Y eso hizo: cogió un calcetín, amordazó a la niña colocándoselo en la boca y lo apretó con su cinturón alrededor de la cabeza de la menor. Con dos esposas, ató de pies y manos a la pequeña y unió ambas extremidades con una cuerda negra. Así, una vez asegurado de que la niña ya no podría moverse ni gritar, empezaron los golpes.

Una raqueta eléctrica

Con una raqueta eléctrica para matar moscas (manipulada con un cable extra conectado con celo) comenzó a darle descargas por todo el cuerpo, puñetazos y patadas en boca y nariz, la obligó a morderse las mejillas a sí misma para hacerlas sangrar y luego la obligó a meterse alcohol y enjuague bucal para que rabiara de dolor. La puso de rodillas sobre gravilla colocada en el suelo para que le sangraran las rodillas pero ella ya había perdido la consciencia y, según se describe en el sumario, al que ha tenido acceso este diario, empezó a decir «hola, hola, hola» sin sentido. Después llegó lo que serían los golpes mortales. Arrastrándola por el pelo, la levantaba unos palmos del suelo para dejarla caer sobre su cabeza. El mismo gesto en bucle. La sangre terminó por asustar a sus primas, presentes y en momentos colaboradoras con su tío (una de ellas , de ahora 16 años, está imputada por colaboración), y llamaron al 061. La ambulancia llegó a las 15:30 horas pero la gravedad de las lesiones obligaron a los médicos a tomar la decisión de trasladarla en helicóptero al Hospital Miguel Servet de Zaragoza. Su muerte cerebral se produjo a las 19:45 horas del 7 de julio y su madre autorizó la donación de riñones.

“Confío en la Justicia”

El padre biológico de la niña, Manuel Briones, explica desde Chile, donde se encuentra trabajando, cómo se siente apenas horas antes de que comience el juicio contra la salvajada que cometieron contra su hija. No ha podido viajar a España para asistir al juicio oral por la pandemia y porque a su llegada “tendría que guardar cuarentena”. Aun así, a pesar de la diferencia horaria, estará pegado al teléfono para saber cómo se van desarrollando las sesiones del juicio. “Estoy nervioso, la verdad, pero confiado porque tengo fe en mi abogado y en la Justicia. Creo que hay bastantes pruebas contra los responsables pero todo dependerá de la Justicia”, explica a LA RAZÓN.

Sigue sin entender cómo pudo su ex pareja, la madre de la menor, consentir que la niña viviera en semejantes condiciones pero prefiere no opinar: “Uno cree que conoce a una persona pero termina sabiendo que no las conoce o nunca la termina de conocer”. Sí tiene claro, no obstante, que no hay lugar a que el principal acusado salga indemne: “Espero que a Iván le den prisión permanente y que no le dejen salir más porque no merece estar en la calle”, dice tajante. Y es que, a pesar de estar lejos de ella los últimos años de su vida, nunca pudo acostumbrarse a vivir sin ella. “Nunca me olvidaré de mi hija, echo de menos todo de ella. Todo lo que sabía de ella, las pocas cosas que supe... Nunca la voy a dejar de extrañar”. Entre tanto horror, Manuel trata de aferrarse a los buenos recuerdos que guarda de la pequeña Naira, una niña alegre, risueña y muy sociable. “Ella tendría unos tres años. Yo estaba volviendo de trabajar. Ella estaba montada en su bici con ruedines y cuando me vio se bajó enseguida de la bici y fue corriendo a abrazarme. Fue algo muy hermoso. Cualquiera que tenga hijos sabrá de qué le hablo”.

Prisión permanente

La acusación de Briones la ejercerá Marcos García Montes, que pide la prisión permanente revisable para el principal acusado, al tratarse del asesinato de una menor, y 15 años de prisión para la abuelastra, Nieves Pena y el padrastro, Carlos Pardo, ya que, como se podrá demostrar en el juicio eran conocedores y consentidores del maltrato a Naiara. Consta en los mensajes de WhatsApp que la abuela estaba presente durante las agresiones y Carlos (pareja de la madre de la menor) recibió fotos con imágenes de las vejaciones hacia la niña.

“Plenamente consciente”

Por su parte, la Fiscalía solicita la prisión permanente para Iván Pardo por asesinato con alevosía, ensañamiento y vulnerabilidad de la víctima, de solo 8 años. Para la abuelastra y el padrastro, 3 años de cárcel por violencia física y psicológica en el ámbito familiar. La defensa del acusado plantea en su escritos que su cliente “no estaba pasando por un buen momento anímico”, y, además, en los dos últimos meses había sufrido pérdidas de conciencia por una enfermedad neuronal anterior agravada por problemas de “estrés y preocupación”. A pesar de tener una minusvalía del 34% por un trastorno de la personalidad, Pardo es «plenamente conocedor de sus actos y las consecuencias que de ellos se derivan», según los dos forenses que le evaluaron. Recalcan que esa minusvalía no le impidió el acceso a una plaza de vigilante en una empresa de seguridad, donde trabajaba. En prisión, además, no se le suministra medicación alguna.