Defensa de Rey

Ahora se impide al Rey ir a Barcelona para no molestar a los golpistas

Estos días Felipe González y Rajoy han hecho –cada uno en su estilo– una cerrada defensa de la Constitución y de la Monarquía, esta última como piedra angular de la primera. Sus declaraciones han tenido un merecido eco, y huelga explicar las razones que les han movido a realizarlas.

Por desgracia, ¡desde el mismo Gobierno! hemos visto insólitas descalificaciones a Felipe VI, en una sucesión de despropósitos que han cuestionado la neutralidad política del monarca, e incluso le han acusado de actuar contra el mismo Ejecutivo. En ese escenario, no es extraño que Rufián se permita en el Congreso calificar de diputado de Vox al Rey, y hasta muestre una fotografía suya a la edad de diez años saludando a Franco, pretendiendo con ello deslegitimar a la Corona.

No es mera coincidencia que estas afirmaciones se produzcan al cumplirse tres años de la declaración del Rey en pleno golpe de Estado del separatismo, en una actuación que recuerda a la de D. Juan Carlos del 23-F. Ahora se impide al Rey ir a Barcelona para no molestar a los golpistas, e incluso habla por teléfono con el Presidente de un poder del Estado.

Nada sucede por casualidad, y todo esto es consecuencia de un Gobierno extremista y tendente a actitudes propias de adolescentes en asambleas estudiantiles. La Historia de España es pródiga en experiencias que aconsejan alejarse de aprendices de brujo en el Gobierno. El papel quizás lo aguante todo, pero me temo que «el horno no está para bollos» en pleno nuevo confinamiento.