«Hay jueces en Berlín»

La moraleja es clara: la tutela judicial efectiva nos iguala a todos ante la ley

Es conocida la frase «aún quedan jueces honestos en Berlín», atribuida entre la historia y la leyenda a Federico II de Prusia. Evoca el episodio protagonizado por él y un sencillo molinero, a quien amenazó con expropiar su máquina por el ruido y la proximidad a su recién inaugurado Palacio de Sanssouci en Postdam, que le impedía disfrutar plenamente de su flamante nueva residencia.

Ante la oposición del humilde súbdito a la pretensión de desprenderse de su molino planteada por el todopoderoso –aunque ilustrado– soberano déspota, dos versiones de la historia cuentan que uno u otro habría pronunciado la citada frase. Sea como fuere, la moraleja es clara: la tutela judicial efectiva nos iguala a todos ante la ley. La referencia a una instancia judicial independiente y no sometida al poder, ante el evidente deseo de hacer desaparecer por la fuerza aquel obstáculo para el pleno disfrute de sus sentidos, era la garantía de que los derechos del débil fueran respetados.

Pongan ustedes a Sánchez o Iglesias en la posición de uno de los dos protagonistas traída a la actualidad, y saquen sus propias conclusiones. Aquello sucedió en 1774, hace 286 años, pero las pulsiones autoritarias se repiten, aunque el actual despotismo ni siquiera sea ilustrado.

La pretensión de que sea la mayoría parlamentaria del momento y no la cualificada de 3/5 como ahora permitirá que el gobierno de los jueces sea una mera correa de transmisión del poder ejecutivo. Algunos pretenden jueces sumisos para derribar impunemente el molino que moleste a la «casta» del momento.