Realidad Orwelliana

Entre el coronavirus y el inefable D. Simón, y las elecciones norteamericanas, parecería no haber espacio para más noticias de interés. Sin embargo, no es así, ya que el Gobierno «sale a la calle» a buscar problemas como si no bastara con los que nos vienen solos. Nos encontramos en pleno estado de alarma con toque de queda nocturno y la posibilidad de volvernos a confinar a domicilio y, por si fuera poco, nos amenaza con un «Gran hermano Orwelliano» que analizará el uso que hacemos de las redes sociales. Volvemos a la censura por medio de un comité dirigido por la mano derecha de Sánchez. Alarma, toque de queda, mordaza, confinamiento… y ahora, censura previa.

Sin duda el comunista vicepresidente Iglesias estará feliz con esta situación, porque ya afirmaba su concepto de la libertad de expresión cuando defendía que no podían existir medios de titularidad privada, evocando como modelos de referencia los de Ecuador con Correa y Venezuela con Chávez y Maduro.

«Combate contra las falsas noticias y la desinformación», se proclama desde el Gobierno, erigiéndose ellos mismos en jueces supremos y únicos para decidir qué es falso o verdadero en la información. Ellos, que instalados en la posverdad y el relativismo más absoluto, pretenden colocar a los ciudadanos una nueva mordaza –otra más–, para no apartarnos del guión que Redondo diseña desde Moncloa.

Todo esto nos transporta a un 1984 imaginado por Orwell en una novela que ya es histórica, pero que en España pretenden hacer realidad.