Opinión

Andalucía promete alterar el escenario nacional. Basta darse una vuelta por la campaña, cuando encara la última semana, para ver que en el Partido Popular soplan aires de euforia contenida. Todo parece ir a pedir de boca. Las encuestas, todas, llevan semanas dando ganador a Juanma Moreno. Continuará gobernando. La única duda por disipar a estas alturas es si necesitará de un entendimiento con Vox. Aunque en este preciso instante los tracking señalan a Macarena Olona a la baja y al PP restándole votantes, lo que coloca acariciando la mayoría absoluta a los populares. Elías Bendodo, coordinador general en Génova 13 y mandamás de la campaña, pide «calma y trabajo». Pero su equipo ya tararea «Puede ser mi gran noche».

El 19 de junio debe ser la consolidación de Moreno. Podemos estar ante un vuelco sin matices en un bastión inexpugnable de poder socialista. Un taxista madurito que lleva en su radio sintonizada la SER es un buen barómetro del ambiente: «Yo he votado siempre a la izquierda, pero Juanma lo hace bien, habrá que votarle». Las formas tranquilas de Moreno, su modelo eficaz de prosperidad y bienestar, convencen andaluces de edades, tonos e ideas muy dispares. Una victoria arrolladora, rotunda, inapelable del candidato del PP otorgaría además a Alberto Núñez Feijóo un refuerzo indiscutible para abrir las puertas de La Moncloa. Más aún cuando Andalucía representa el pistoletazo de salida de un ciclo electoral que incluye municipales y autonómicas en mayo de 2023 y las generales después.

En el reverso de la moneda aparece el PSOE. «Van a pasarnos muy por encima», me predice un cercano a la «arrinconada» Susana Díaz. Se masca la dolorosa derrota que lleva escritas profundas consecuencias. La guerra en el socialismo andaluz estará de nuevo servida. Aunque Juan Espadas se convierta en el primer pagano del fracaso, pocos creen que el propio Pedro Sánchez salga indemne del revés. El presidente del Gobierno se ha cuidado de mantener cierta distancia para evitar el golpe que se avecina. Pero, a pesar de su omnímodo poder, no será posible. Las órdenes frecuentes de Sánchez a los suyos de ponerse las pilas para conectar con la ciudadanía vienen perdiéndose por su gobernabilidad plagada de errores.

La tierra tiembla bajo los pies presidenciales. ¡Ay, sus peligrosos socios! Todos van a achacar el paso atrás andaluz a sus amistades y a unas políticas equivocadas que quitan dinero del bolsillo de los ciudadanos para pagar un Consejo de Ministros mastodóntico e ineficaz que va de lío en lío. Sin embargo, el secretario general de los socialistas sigue empeñado a tirar para adelante. En su particularísima opinión, cree que la salida del círculo vicioso en el que vive está únicamente en su mano. »El Presidente no va a dar muestras de debilidad», anticipa un cargo monclovita. De hecho, ya trabajan en un despliegue propagandístico de la acción del Gobierno. A partir de ahí, anticipa una lectura exclusivamente autonómica de los resultados del domingo y resalta la escasa consolidación de Espadas y su poco control sobre la federación. Mientras, notables socialistas andaluces, en voz baja, lamentan pagar el castigo a Sánchez.

El 19-J va a ser la prueba del algodón. Porque el ruido interno cada vez es más difícil de contener. Algunos territorios están que trinan. Abrió fuego días atrás el manchego Emiliano García-Page al deslizar que «en el PSOE manda uno; los demás somos monaguillos». De momento, se puede hablar, por parte del barón, de desahogo. Otros, de puertas adentro, deslizan sus deseos de mimetizarse, de cara a 2023, con «el estilo Juanma» y centrarse en sus propias figuras, huyendo de las siglas socialistas y de un presidente que resta. En las plantas nobles de Ferraz se rebelan contra algunos compañeros que, a sus ojos, «compran» los argumentos de la derecha y «pintan a Sánchez vendido a los separatistas y a los comunistas». Ojo, el tablero amenaza quedar hecho añicos.