Los barones del PSOE se preparan para el relevo de Sánchez tras las generales

Los líderes territoriales socialistas dan por hecho que las autonómicas de mayo examinarán su «liderazgo» y «señalarán la alternativa»

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ayer, a su llegada a la cumbre hispano-alemana en La Coruña
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ayer, a su llegada a la cumbre hispano-alemana en La Coruña FOTO: Cabalar EFE

Los barones socialistas se harán «un Feijóo» después de las elecciones generales si se cumple su pronóstico con respecto a esos comicios. Y la previsión no es otra que la de dar por «terminado» el ciclo de Pedro Sánchez, lo que lleva a que estén ya pensando en el supuesto momento en el que tengan que afrontar la puesta en marcha de un nuevo liderazgo, que entierre al «sanchismo» y a «la renuncia a ser un PSOE de mayorías».

Por lo que se palpa a día de hoy dentro de la organización socialista, en las elecciones autonómicas del próximo mes de mayo se examinará algo más que el poder territorial del PSOE o la fortaleza de las siglas a nivel nacional. En el partido, más allá de Moncloa y de Ferraz, ha empezado a circular la idea de que la batalla sobre el futuro del PSOE, tras esa caída de Sánchez después de las elecciones generales que dan por hecho, la protagonizará el barón o los barones que aguanten en las complicadas elecciones de mayo.

Los dos principales partidos nacionales arrancaron el nuevo curso político con encuestas bastante coincidentes en las proyecciones de voto con respecto a estas elecciones de mayo. Un diagnóstico demoscópico que aprieta al PSOE y que da alas al PP, porque no cierra la puerta al cambio en ninguna de las autonomías gobernadas por los socialistas. El PP tiene la ventaja de que en estas elecciones sólo se la juega en dos comunidades, Madrid y Murcia, y en ninguna de las dos temen por perder el Gobierno.

Feijóo, a dar la vuelta al marcador

Sin embargo, según los estudios internos que circulan en el PSOE y en el PP, el partido de Feijóo tiene posibilidades de dar la vuelta al marcador en todas las autonomías hoy en «rojo». Valencia, Baleares y Aragón estarían en riesgo máximo para el PSOE, pero esos análisis privados de intención de voto no descartan el cambio en otros territorios hoy fuera de la órbita popular, incluso en Asturias.

Con este marco de fondo, en las estructuras socialistas se mira a Castilla-La Mancha y a su presidente autonómico y candidato en las próximas elecciones, Emiliano García-Page. Si siempre se ha distinguido de la línea oficial del «sanchismo», esa ruptura se ha hecho más transparente a medida que se aproxima el examen electoral. «En Castilla-La Mancha se le aprecia, y está en condiciones de revalidar su gobierno, pero su supervivencia depende de que no le debilita el liderazgo de Sánchez. Nuestro electorado quiere a Page, pero no quiere a Sánchez». Este discurso que se escucha en Castilla-La Mancha lo comparten en otras federaciones, con la diferencia de que ellos callan y Page se está significando por ser el alter ego al «establishment» que controla Ferraz. Ayer lo volvió a hacer en una entrevista con Carlos Alsina, en Onda Cero, donde llegó a dejar caer que prefiere que el presidente del Gobierno le ayude no acompañándole en campaña. Si en medio del presunto derrumbe del PSOE en mayo, el barón manchego aguanta, su nombre se consolidará en los análisis sobre los escenarios que se abrirán en el caso de que el PSOE pierda La Moncloa en las próximas generales.

El runrún, con más fondo mediático que político, sobre el súper domingo electoral —generales, autonómicas, municipales y europeas en mayo—, no entra en los cálculos con los que trabajan en el PSOE. Es una opción que descartan, como también hoy descartan la posibilidad de que el presidente del Gobierno no repita como candidato. Sin embargo, al mismo tiempo, sí que coinciden en asumir que la pérdida del Gobierno de España debe provocar la dimisión de Sánchez y un relevo en la Secretaría General.

Batalla postsanchismo

Con discreción, Page lleva tiempo «de paseo por media España tejiendo alianzas». Al presidente de Aragón, Javier Lambán, le dejan fuera por «edad y por sus circunstancias». Pero en esa batalla postsanchismo se cuenta hasta con el «barón más sanchista», en referencia al presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón. En el PSOE miran también al presidente de la Comunidad Valenciana, Ximo Puig, identificado hasta ahora como el soldado leal del presidente del Gobierno, lo que da más valor a su decisión de romper la baraja y atreverse a criticar en público al «comandante en jefe» del partido, a Sánchez, en la presentación de su reforma fiscal. Puig ha roto las reglas de juego porque ha echado por tierra el sometimiento del poder territorial a las consignas de Madrid. En clave de partido, su paso al frente se ha interpretado como el gesto que deja el mensaje de que ya no se fía del acierto político de Sánchez, o, dicho de otra manera, que Sánchez es un lastre para sus intereses electorales y, por ende, del PSOE.

El PP ha vivido situaciones parecidas a la que hoy atraviesa el PSOE cuando el cambio de ciclo político apuntó contra su liderazgo nacional. Le pasó al expresidente Mariano Rajoy en las últimas elecciones autonómicas y municipales que disputó como líder de los populares. Entonces el problema era él, y sus barones también hicieron lo posible por esconderle en campaña. Ahora, al menos hasta el momento, Moncloa se niega a aceptar que Sánchez sea un lastre para el PSOE, a pesar de que sea la opinión interna mayoritaria.