España

27 protagonistas por acción, omisión o... accidente

La declaración de independencia del Parlament se aprobó a las 15:27. Segundos después de su proclamación, Puigdemont la suspendió. Ese corto espacio de tiempo marcó el devenir de la política en Cataluña (y el resto de España), y también el de numerosos políticos catalanes.

La declaración de independencia del Parlament se aprobó a las 15:27. Segundos después de su proclamación, Puigdemont la suspendió. Ese corto espacio de tiempo marcó el devenir de la política en Cataluña (y el resto de España), y también el de numerosos políticos catalanes.

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La tarde del 27 de octubre, tras días de tiras y aflojas entre las fuerzas independentistas, fagocitar el papel de la oposición en el Parlament, y casi con sordina, la mayoría secesionista declaró la República Catalana. Después de cánticos y fotos, el Gobierno se fue de vacaciones y se aplicó el 155. Un año después muchos de los protagonistas son historia, otros están en prisión, y algunos eran simplemente unos desconocidos. Estos son los protagonistas de ayer y de hoy.

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LOS QUE ESTABAN Y YA NO ESTÁN

Santi Vila. Dejó el Gobierno en el último momento por su oposición a la declaración unilateral. Fue encausado y estuvo una noche en prisión. Es la voz crítica del independentismo. Ha escrito un libro y concedidas muchas entrevistas. Es señalado como el «gran traidor». Este verano apareció fotografiado en bañador y desde los medios independentistas le afearon que estuviera de vacaciones –como todo el actual Govern– mientras hubiera presos. De paso, recibió ataques homófobos.

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José Luis Trapero. El jefe de los Mossos d’Esquadra ha mantenido un discreto silencio tras su destitución con la aplicación del 155 y su procesamiento. Sigue siendo considerado por el mundo independentista como el icono de la policía catalana, por su papel en el atentado del 17-A y en los hechos de septiembre y octubre de 2017. Se mantiene en activo en un puesto alejado de los focos mediáticos.

Jordi Jané. Fue el conseller de Interior hasta que se negó a incumplir la ley. Puigdemont lo cesó en el verano de 2017. Jané, hombre de la vieja guardia pretoriana de Convergència Democràtica, ha vuelto a su actividad profesional como abogado. Con su dimisión blindó a su esposa, Margalida Gil, miembro del Consejo de Garantías Estatutarias.

Neus Munté. Vicepresidenta con Puigdemont acabó en la calle al tiempo que Jané. Ha intentado mantener su actividad política presentándose a las primarias por Barcelona. Ganó, pero su candidatura es casi imposible porque Puigdemont quiere designar un candidato de su confianza más allá del PDeCAT.

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Artur Mas. Acuciado por las investigaciones del Tribunal de Cuentas, con su patrimonio embargado y con la corrupción de CDC como piedra en el zapato, el que fuera el hombre más poderoso de Catalunya ha perdido toda capacidad de influencia. Puigdemont no le hace caso y en el PDeCAT no es ni un jarrón chino.

Marta Pascal. Intentó plantar cara a Puigdemont en el PDeCAT sin ser consciente de sus fuerzas. Fue dilapidada en el congreso del partido. Puigdemont la castigó tras acusarla de no seguir sus instrucciones en la moción de censura a Rajoy. Pascal fue la que propició el voto de los nacionalistas a favor de Pedro Sánchez. Es senadora y mantiene un total silencio tras su defenestración.

LOS POLÍTICOS PRESOS

Oriol Junqueras. Su pragmatismo le ha convertido en el hombre de referencia tanto para independentistas como para los constitucionalistas que abogan por una vía de entendimiento. Desde la cárcel ha conseguido que su partido cierre filas contra la vía unilateral. Busca un nuevo marco político que «amplíe la base del independentismo» y que atraiga a los Comunes. Es el artífice de la nueva estrategia de ERC que se aleja de los gestos altisonantes e inútiles.

Jordi Turull. Consejero de Presidencia y candidato fallido. Preso en Lledoners ha perdido todo su capital político e influencia. En el PDeCAT, sus apoyos son un recuerdo y Puigdemont sólo lo utiliza como «político preso», aunque él junto Josep Rull se mantienen fieles a los planteamientos del expresidente. Los dos junto con Sánchez presionan al PDeCAT de Bonvehí para que se disuelva en la Crida de Puigdemont.

Josep Rull. El 30 de octubre, lunes, esperó a Puigdemont en una cafetería cercana al Palau de la Generalitat para entrar con el presidente en la sede del gobierno. Habían quedado a las ocho. Esperó media hora hasta que sonó el teléfono. «El presidente no irá a Palau», le dijeron. Entonces se dirigió a su despacho en la consejería y se hizo una foto simulando normalidad en su puesto de trabajo. A pesar del engaño de Puigdemont, se limita a seguir sus instrucciones.

Jordi Sánchez. Fue el presidente de la Asamblea Nacional Catalana, aunque no ganó las elecciones internas, porque Mas maniobró para colocarlo como un hombre de su confianza. Su nombre suena como nuevo presidente de la Crida per Catalunya, el partido de Puigdemont, como hombre de consenso, con predicamento en la ANC y en su presidenta,

Jordi Cuixart. Fue el líder de Òmnium. Sus posiciones están más próximas a ERC que a Puigdemont y Torra. Nunca ha estado en política y se está manteniendo al margen de las luchas internas del independentismo. Se le considera un pragmático frente a las veleidades de Torra y mantiene su influencia en Ómnium, que tiene a Marcel Mauri al frente.

Carme Forcadell. Fue la presidenta del Parlament que dio luz verde a la DUI. Ha mantenido una posición de cautela desde la cárcel, y cuenta con el apoyo de ERC. Sus posiciones actuales están alienadas con la línea de Oriol Junqueras junto a su compañera de prisión, la exconsejera Dolors Bassa. En alguna ocasión se ha quejado del olvido del mundo independentista.

Carles Puigdemont. Se considera el presidente legítimo en el exilio. Se fugó a espaldas de la mayoría de los miembros de su gobierno. Trata de montar desde Bélgica un govern paralelo, pero su pérdida de influencia se ha notado en los últimos meses. Su papel como «internacionalizador» del conflicto deja mucho que desear más allá de las Islas Feroe y los independentistas de Flandes, incluyendo los próximos a la extrema derecha. Está muy influenciado por su cohorte de colabores en Waterloo, que algunos independentistas llaman «la burbuja», porque no están en la realidad.

Toni Comín. El peor consejero de Sanidad de un gobierno catalán, repudiado por sus compañeros de ERC. Se ha acercado a Puigdemont que lo ha situado como presidente del Consell de la República, un cargo que se había reservado para él mismo. Comín tiene un largo historial de «transfuguismo» ya que a lo largo de su carrera política ha sido diputado de Ciutadans pel Canvi, plataforma de Pasqual Maragall, del PSC y de ERC, y en su actual situación se aferra a Puigdemont en Bélgica como su salvavidas.

Clara Ponsatí. La ex consellera de Educación ha vuelto a su trabajo en la Universidad de Escocia. Ha sido la más crítica con el proceso soberanista denunciando que tras la DUI no había un trabajo para hacer efectiva la República. «No había nada», dijo recientemente poniendo en evidencia las veleidades de Puigdemont. Ayer mismo cuestionó a los ex consellers que se entregaron a la Justicia.

Anna Gabriel. La dirigente de la CUP se autoexilió en Suiza ante el temor de la imputación por el juez Llarena. Su influencia ha desaparecido prácticamente de la política catalana, incluso en Endevant el grupo más radical y activo de los independentistas anticapitalistas y está desaparecido de la vida política catalana.

Marta Rovira. Es señalada como una de las culpables de la declaración de la DUI, con gritos y lloros en el Palau de la Generalitat, presionando a Puigdemont para que no convocara elecciones. Se fugó en coche tras una sesión parlamentaria y en este año apenas ha tenido voz pública, a

unque aseguró que se fugaba para tenerla. Su influencia en ERC se ha reducido de forma exponencial.

LOS RECIÉN LLEGADOS

Joaquim Torra. Fue presidente por carambola. Su actividad política se limita a los CDR, dónde él y toda su familia han participado, y en Reagrupament, la escisión «friki» de ERC que tuvo una limitada vida en la política catalana. Activista irredento, xenófobo y clasista, alcanzó la presidencia de la Generalitat de la mano de Puigdemont. Se desconoce cual es su actividad como presidente más allá de las soflamas independentistas que realiza, incluso, a espaldas de su Gobierno.

Pere Aragonés. Vicepresidente del Gobierno. Hace un año era uno de los hombres de Junqueras en Economía. Mantiene fluidas conversaciones con el ejecutivo de Sánchez para la «desinflamación» y es uno de los pilares de la nueva estrategia de ERC. Defiende que mientras no haya República hay que gobernar. Su gestión le ha reportado a la Generalitat 1.500 millones en partidas pendientes con el Estado.

David Bonvehí. Es el presidente del PDeCAT tras la caída de Marta Pascal. Bonvehí siempre mantuvo antes de la DUI una actitud crítica con el procés y las formas de Puigdemont. En el congreso de este verano, Puigdemont lo impuso para poder mantener así el control que aún le queda sobre el partido, pero no parece que Bonvehí se doblegue ante sus exigencias de diluir el partido en la Crida. Bonvehí aspira a una fusión, no a una absorción.

Roger Torrent. El alcalde de Sarrià de Ter fue portavoz de Junts pel Sí. Pasó de ser casi un desconocido en la política nacional a que su llegada a la presidencia del Parlament en esta legislatura le convirtiera en figura clave y ha ascendido a la primera división de la política catalana. Ha sido el objetivo de JxC para forzar situaciones de desobediencia a las que se ha negado sistemáticamente y ha podido mantenerse en los límites legales. Forma parte del núcleo duro de Junqueras.

Sergi Sabrià. Torrent en el Parlament, Aragonés en el Govern y Sabrià en el partido, este es el triunvirato dirigente de ERC que mantiene el hilo directo con Junqueras. Sergi Sabrià es el encargado de explicar la estrategia de los republicanos para evitar que salten chispas en el territorio. Su misión no es nada fácil porque Puigdemont trata de romper a ERC por las bases.

Elsa Artadi. Desconocida hace un año. Se dio de baja de CDC para pasarse a las huestes de Puigdemont sin avisar al partido. Aspiró a ser presidenta de la Generalitat, pero Puigdemont perdió la confianza en ella porque “tiene su propia hoja de ruta”. Sus relaciones son frías como lo son con Torra. De hecho, Artadi mantiene la negociación con el Gobierno de España al margen de las declaraciones altisonantes del presidente catalán. Carmen Calvo lo deja claro «me veo muchísimo con ella».

Carles Riera. Es el nuevo líder de la CUP. Es un viejo conocido del activismo político de la izquierda independentista. Fue el autor del comunicado de la organización independentista Crida a la Solidaritat que acusó a la policía de ser responsable del atentado de Hipercor. Promueve la línea dura contra el Govern porque es autonomista.

Josep Costa. Vicepresidente del Parlament y hombre de Puigdemont. Es un activista independentista desde su juventud en Ibiza. Hasta su llegada al Parlament no tenía actividad política. Se ha convertido en la amenaza permanente al presidente del Parlament, Roger Torrent, al que intenta una vez tras otra que se salte la ley.

LA VIEJA GUARDIA

Carles Campuzano. Es la genuina representación de Convergència. Su papel en el Congreso es valorado por todos los grupos parlamentarios y siempre ha sido un hombre que ha dicho lo que piensa. No acepta la disolución del PDeCAT en la Crida y se ha plantado ante Puigdemont en numerosas ocasiones. Llegó a amenazar con la dimisión cuando se le ordenó retirar una proposición de ley para abrir una negociación en Cataluña.

Joan Tardà. A pesar de sus toscas maneras, Tardà es un hombre bien relacionado, y considerado, en el Congreso, con mucho predicamento en el mundo independentista. Ha marcado el cambio de rumbo de ERC con declaraciones medidas en los momentos adecuados. Su papel fue clave en la moción de censura y lo será en los presupuestos.