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A Casado se le agua la victoria

El presidente del PP afianza su liderazgo interno, pero con menos espacio en la oposición por la presión de Vox.

  • Foto: Platón
    Foto: Platón

Tiempo de lectura 4 min.

11 de noviembre de 2019. 02:04h

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Carmen Morodo Madrid. 11/11/2019

La ventaja de Pablo Casado en estas elecciones es que dentro del PP pueden discutirle poco. El sector moderado ha visto que esta vez sí seguía sus exigencias de no abandonar el centro, y los «duros» ya vieron en las anteriores elecciones que sus consejos estrellaban al PP hasta tocar su suelo electoral. Casado no se jugaba en estas elecciones ni su liderazgo ni la estabilidad del mismo, pero sí su capacidad como jefe de la oposición para poder aprovechar bien el terreno para conseguir el asalto a La Moncloa en las próximas generales, que, probablemente, serán sus últimas si no logra ser presidente del Gobierno. Ha tenido menos tiempo que sus antecesores porque las circunstancias políticas son distintas y mucho más complejas, si bien su entorno y él saben que esto es difícil que les sirva de excusa para prolongar su mandato como líder de la oposición después de presentar tres veces su candidatura. La política lo consume también ahora todo muy rápido.

En estas elecciones Casado sólo podía ganar escaños y la partida la empezó con tanto entusiasmo en las previsiones demoscópicas que Génova se confío en que lo que tenía al alcance era superar los cien diputados. En los comicios de abril el PP se obsesionó con Vox y ése fue el pecado original en el que los moderados creyeron ver la razón del estrepitoso batacazo. En estas elecciones la dirección popular sintió que había aprendido la lección y, si había sobrevalorado las posibilidades del partido de Santiago Abascal, y esto les estrelló en las urnas, pues esta vez concluyeron que lo que tenían enfrente no era un elefante sino un ratón. Al que convenía ignorar, en la medida de los posible. No seguirle el paso como en abril. Pero tampoco confrontar. Mejor el silencio o mirar hacia otro lado, salvo que no quedara otro remedio.

Los resultados electorales achican paradójicamente ese margen que Casado buscaba para liderar la oposición. Centrándose ha conseguido enterrar el sueño de Albert Rivera de competir con el PP por la jefatura del centro derecha, un balón de oxígeno, sin duda, tanto que puede decirse que tras la noche electoral de ayer el PP cree que ha acabado con Ciudadanos porque estas elecciones han confirmado que Rivera, sin el PP de Aznar y de Rajoy, sin el PP de la corrupción, prácticamente no tiene discurso con el que confrontar con los populares. Pero a Génova le ha salido otra larga sombra por la derecha, la de Vox, que le vuelve a abrir en canal el espinoso debate estratégico.

Casado está más fuerte que cuando llegó a la Presidencia del PP para resistir embestidas internos porque ha aprovechado todas las convocatorias electorales para tomar el control de casi todos los resortes de su organización política. Pero, aun así, los suyos, sus barones, examinarán con lupa hacia dónde dirige la nave a partir de ahora y si cede a la tentación de desplazarse hacia la derecha ante cada uno de los empujones que le lance Abascal en el Congreso. Y ahí Casado tendrá que decidir entre hacer la pedagogía a la que obliga su condición de partido de gobierno, líder de la oposición, o mantener el silencio o la aquiescencia con los planteamientos más populistas de la formación verde.

En Galicia habrá elecciones autonómicas el próximo año, todavía no se sabe si repetirá candidatura Alberto Núñez Feijóo, pero en la tierra gallega no suma la derechización de las siglas y desde ahí volverán a crecer las presiones para que el partido no dé una imagen en Madrid que les perjudique en sus intereses electorales. Perder la Xunta sería para el PP un durísimo golpe de poder territorial y símbolico porque es el único gobierno autonómico en el que siguen gobernando en solitario. Tampoco en Andalucía verían con buenos ojos un giro a la derecha del PP nacional para hacer frente a la presión de Vox aunque dependan de los votos del partido de Abascal en el Parlamento andaluz.

Si hay algo seguro es que no habrá unas terceras elecciones y esto amplía el margen de Casado para recolocarse en la oposición sin la distorsión que ha generado la situación en Cataluña.

Romper el bloqueo, por Abel Hernández

En el caso del PP ha sucedido lo que se esperaba. Ha mejorado los resultados de abril, pero sin posibilidades de encaramarse al primer puesto. La reagrupación de las fuerzas de la derecha no ha sido posible. Todos los esfuerzos han fracasado. La falta de compromiso, unido a su negativa anterior a colaborar con Sánchez para evitar estos nuevos comicios, ha conducido a Cs al mayor fracaso y a Rivera a la insignificancia política. Conviene tomar nota. La escalada de Vox, empujada en gran manera por la situación de Cataluña y la exhumación de Franco, ha impedido a Casado ganar las elecciones. Para este viaje Sánchez no hacían falta alforjas. Ha sido significativo y doloroso para los populares, y mucho más para Cs, que en los sitios donde gobiernan juntos -Murcia, Madrid, Andalucía, Castilla y León- el gran triunfador moral, cuando no físico, haya sido Abascal. Algo no lo han hecho bien. De todas formas, el PP ha salvado los muebles, que no es mucho, y Casado, el liderazgo dentro de su partido. Es, sin discusión, también el líder de la oposición. De cómo se comporte a partir de ahora dependerá su futuro y el futuro de España. Lo razonable sería, a la vista de los resultados y de las circunstancias nacionales -crisis catalana con los separatistas envalentonados, crisis territorial y crisis económica asomando la oreja- pensar en un gran gobierno de coalición, en el que Sánchez, el fracasado moral, tendría que hacerse a un lado. Es lo que sucedería en los grandes países europeos donde demuestran madurez democrática. La objeción de que eso dejaría el peso de la oposición a una fuerza como Vox tiene cierto peso, pero no es razón suficiente para dejar de echar una mano a España. A partir de ahora, lo que los electores piden, y le toca en gran manera al PP, es romper el bloqueo.

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