El «daño directo» del independentismo deja a Barcelona sin la Agencia del Medicamento

Amsterdam se alza como ganadora tras imponerse a Milán por sorteo

La ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, dijo que perder la Agencia Europea del Medicamento es uno de los «daños directos» del independentismo
La ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, dijo que perder la Agencia Europea del Medicamento es uno de los «daños directos» del independentismo

Amsterdam se alza como ganadora tras imponerse a Milán por sorteo. El Gobierno culpa al independentismo de causar «un daño directo», por trasladar una imagen de inestabilidad política.

La ofensiva diplomática de la delegación española, que no había dado la batalla por perdida hasta el último momento, no ha dado los frutos esperados. La candidatura de Barcelona para albergar la Agencia Europea del Medicamento, (EMA) por sus siglas en inglés, cayó en primera vuelta sin ningún tipo de resquicio para la esperanza. Un movimiento que no sorprendió a nadie ya que la ciudad Condal había sido descartada de todas las quinielas, pero que deja el regusto amargo de las oportunidades perdidas.

La ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, se desplazó ayer a la capital comunitaria para arañar los apoyos necesarios de cara a una votación opaca y en la que establecer alianzas de última hora se convierte en el factor decisivo. Pero no pudo ser. La imagen de inestabilidad política del desafío soberanista pudo más que los criterios puramente técnicos. La propia ministra no dudó ayer en culpar al independentismo del mal resultado cosechado por la Ciudad Condal a pesar de sus muchas bondades para sustituir a Londres tras la consumación del Brexit. «Me atrevo a decir que este es quizá uno de los daños directos que nos ha podido llevar el independentismo a Cataluña, pero que ahora, más que nunca, todos juntos tenemos que trabajar unidos para continuar en este proyecto que es Europa y que es España», aseguró ayer Montserrat. Con igual dureza se expresó el Secretario de Estado de Asuntos Europeos, Jorge Toledo para quien un escenario en el que «2.500 empresas abandonan Cataluña no es lo mejor para llamar a una agencia como ésta». Según la ministra, el resto de los países europeos preguntaron por «activa y por pasiva» por el tema catalán y, en una carrera en las que los votos dependen de los competidores, el «procés» era «el elefante en la habitación» tal y como aseguró una alta fuente diplomática incluso antes del 1 de octubre. Como último acto para fumar la pipa de la paz, la presentación de la candidatura el pasado 18 de octubre en Bruselas. La última ocasión en la que comparecieron juntos miembros de las tres administraciones: Gobierno, Generalitat y Ayuntamiento de Barcelona. Como muestra del giro de los acontecimientos, uno de los asistentes, el entonces conseller Toni Comín, sigue en Bélgica, formando parte del particular Govern en el exilio. Dentro de la interpretación de lo sucedido a pesar de los buenos augurios, el exiliado Carles Puigdemont, en paradero desconocido en la capital belga no dudó en culpar a la aplicación del 155 del fracaso de Barcelona. Lo hizo vía Twitter con imágenes de los Jordis y de las cargas policiales durante el 1 de octubre

Fuentes diplomáticas españolas han glosado en las últimos meses las cualidades de Barcelona: sector farmacéutico fuerte, infraestructuras inmejorables que aseguran la conectividad para los funcionarios que tengan que cambiar de domicilio, plazas suficientes de colegios internacionales para los hijos de los trabajadores y acceso al mercado laboral para los cónyuges. España fue también uno de los primeros países en poner cara a la nueva sede y ofreció la Torre Aqbar para alojar a los cerca de 900 funcionarios que se trasladarán desde Londres a la nueva sede De hecho, la ciudad condal fue la segunda candidata para albergar la EMA después de Londres en el año 92. El informe elaborado por la Comisión Europea y por la propia agencia también señalaba este buen punto de partida.

Dentro de las relativas sorpresas, la elección de Ámsterdam como ganadora. Una candidata fuerte que logró imponerse a Milán en la tercera vuelta no por sus evidentes cualidades sino por el puro azar. Una mano inocente fue la encargada del desempate ya que las dos candidatas consiguieron el mismo número de votos (13 cada una ya que estaban permitidas las abstenciones). Una posibilidad prevista desde el punto de vista técnico, pero impensable hasta el último momento en los pasillos comunitarios.

La primera ronda ya dejó claro que algunos presagios estaban lejos de cumplirse. El método de elección, bautizado en la burbuja comunitaria como «eurovisivo» era terreno fértil para las alianzas geográficas, el intercambio de cromos y las conspiraciones de diversa índole. Las papeletas en las que se depositaron los votos fueron quemadas para no dejar rastro. En la primera ronda, las veintisiete capitales (exceptuando Londres) tuvieron posibilidad de designar seis votos: primera opción (tres votos), segunda (dos) tercera (uno). En este primer estadio, Barcelona consiguió tan sólo 13 votos por detrás de Milán con 25 votos, y 20 de Ámsterdam y Copenhague.

Como gran perdedora, aparte de la Ciudad Condal, la considerada gran candidata del Este, Bratislava. La capital de Eslovaquia también quedó descartada en la primera ronda al conseguir tan sólo 15 puntos. Había sido señalada en las quinielas de la últimas semanas como el botín perfecto para contentar a los levantiscos nuevos socios y tenía a su favor su cercanía a Viena y la posibilidad de apoyarse en la red logística de la capital austriaca. Pero la mejor cualidad de una candidata tapada reside en su capacidad para imponerse en el último momento y Bratislava había dejado de ser el factor sorpresa. En la segunda ronda, Copenhague fue descartada. Entre Milán y Ámsterdam el dinero gastado y la capacidad de lobby quedó en un segundo plano para dejar paso a la suerte.

Como la segunda gran sorpresa de la jornada, la designación de París para albergar la Autoridad Bancaria Europea (EBA por sus siglas en inglés) desbancando a las dos favoritas: Frankfurt y Dublín. Como si los planetas se hubiesen alineado para poner el solfa el método eurovisivo pergeñado por las autoridades europeas, esta última elección también fue debido al azar ante el empate entre París y Dublín. La ciudad alemana, sede del Banco Central Europeo, cayó en la segunda ronda. Bruselas, Luxemburgo, Praga y Viena eran otras ciudades candidatas. España decidió no designar ninguna candidatura para esta segunda agencia ya que prefirió concentrar sus esfuerzos en la Ciudad Condal.