El PP apunta a Rosa Díez para la lista de Casado por Madrid

Génova prepara gestos, también en sus listas, para agitar España Suma.

Génova prepara gestos, también en sus listas, para agitar España Suma.

Qué mejor manera de seguir echando leña a la marca España Suma, pese al «no» de Ciudadanos y de Vox, que la incorporación de un perfil como el de la política vasca Rosa Díez en la candidatura de Pablo Casado al Congreso en las próximas elecciones de noviembre. Por el País Vasco, difícil, no la quieren mucho, y menos si se tiene en cuenta que el acercamiento al PP de la ex socialista y fundadora de UPyD se produce de la mano de la hoy portavoz en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo. Y en Cataluña tampoco hay sitio ya que repetirán los cuatro cabezas de cartel, incluida Álvarez de Toledo por Barcelona. Pero en la lista de Madrid han quedado huecos que ofrecen el encaje ideal para ajustar los intereses de Casado y el deseo de Rosa Díez de volver a la primera línea política como diputada en Madrid.

Dentro del partido la operación no gusta a todos por igual, pero esto daría lo mismo porque en Génova han decidido hipotecar toda su estrategia a captar apoyos para el eslogan España Suma, de la sociedad civil y políticos aunque no sean de las dos partes necesarias, Ciudadanos y Vox. El «no» de Albert Rivera y de Santiago Abascal es lo de menos porque la fórmula España Suma es ya prácticamente un lema electoral para el PP. Y caiga bien o mal, nadie niega dentro del PP que la fundadora de UPyD es, por trayectoria y compromiso presente, una «baza» que en estos momentos suma al proyecto de Casado. Donde se toma la decisión guardan silencio porque todavía no estamos en fechas de candidaturas. Pero hay gestos y movimientos que han hecho que en el mismo entorno de Casado den por hecho la operación del «fichaje» de la ex dirigente socialista.

En las listas habrá más sorpresas por Madrid, pero en las demás candidaturas se impone la continuidad, incluso de las incorporaciones que resultaron más polémicas en abril y que luego no consiguieron un buen resultado en las urnas. Casado se siente fuerte y no hay presión interna que le pueda llevar a enmendar la «limpia» que hizo antes de las anteriores generales para abrir la nueva etapa, la «era Casado». Ahora vuelve a hablarse de nombres identificados con el «marianismo» o el «sorayismo», todos ellos «caídos» en la operación para tomar el control de las estructuras territoriales y nacionales. Y Génova no va a rectificar la decisión de levantar ese muro con el pasado, que vistió con el nombre de renovación. De hecho, si es por algunos de los que están en el núcleo de confianza del líder, ese corte con el pasado implicaría también la jubilación total de la figura del ex presidente José María Aznar. Aunque en esto todavía el «número uno» del PP tenga otros «susurradores» cerca, o asesores, que vienen de Aznar y no son tan tajantes sobre la necesidad de que Casado se libre de herencias o tutelas.

En lo que afecta a las listas no está en la voluntad de Casado rectificarse para volver a llevar al Congreso a referentes como Rafael Hernando o Fernando Martínez-Maillo. La ex ministra Fátima Báñez está fuera de la política, y lo mismo ocurre con el ex secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón. «El refuerzo no viene del pasado. Hay que hacerlo siempre, pero mirando hacia el futuro», sostienen en Génova.

Los equipos serán continuistas, para lo bueno y para lo malo, pero en lo que sí va a haber un gran cambio es en el estilo de la campaña de Casado. Hasta desde Cataluña piden moderación, huir de estridencias o exageraciones, dejar de «machacar» con el artículo 155 de la Constitución o ser prudentes en la valoración de la sentencia del juicio del «procés». Hay bastante acuerdo, no sólo lo dice ya el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, en que medirse en el cuerpo a cuerpo con Vox les perjudica y que esto sí es una enmienda necesaria para las nuevas elecciones. No sólo es lo que se juega Casado, sino la repercusión de la estrategia en plazas claves, como la catalana. Allí, los populares confían en sacar el segundo escaños por Barcelona, y si Casado supera los 85 escaños a nivel nacional, dan por descontado que tendrán el tercero. Y si el líder nacional supera los 90, entonces podría caer el de Tarragona. Hay tantos en juego, incluso la supervivencia del partido en Cataluña, que por eso es en la estrategia dónde está la pelea interna decisiva frente al 10-N.