El relato de los ministros del Interior: 59 años al otro lado

Todos coinciden en que no olvidarán los años duros del terror. Se les quedó grabado. Derrota, propaganda, metamorfosis... así ven la disolución

Todos coinciden en que no olvidarán los años duros del terror. Se les quedó grabado. Derrota, propaganda, metamorfosis... así ven la disolución.

El día en que ETA avanza hacia su disolución y anuncia su final, LA RAZÓN recaba la visión de una mirada experta, la de aquellos hombres que durante casi 59 años hicieron frente a la banda terrorista desde el Ministerio del Interior y que, aunque sufrieron el zarpazo del terror, pusieron todos los medios del Estado para que la democracia venciera a la barbarie. Uno de los «padres» de esa victoria es Alfredo Pérez Rubalcaba. Detentaba el cargo de ministro del Interior cuando la banda terrorista certificó su derrota el 20 de octubre del 2011, día en que anunció que abandonaba la violencia. «A partir de ese momento, ETA dejó de ser importante para nuestras vidas. Estaba en ellas porque mataba», considera Rubalcaba que ve como una «consecuencia» de aquello los pasos que se están dando ahora. Solo un año antes, en 2010, aunque reconoce no recordar la fecha con exactitud, el ex ministro tuvo la certeza de que el fin de la banda terrorista estaba cerca y así se lo comunicó a José Luis Rodríguez Zapatero. «Le dije al presidente del Gobierno que ETA estaba en las últimas, que los demócratas teníamos al alcance de nuestras manos su derrota definitiva». De esos años duros del terror, tiene gravados los atentados. «Conservo vivos los recuerdos. Nunca los podré olvidar», reconoce.

El comunicado que ponía fin a la violencia fue «una buena forma de cerrar quince años de responsabilidades en el PSOE en la lucha contra ETA y más de cinco de ministro del Interior», pero también «un triunfo de la democracia, de los Cuerpos de Seguridad, de jueces y fiscales, de los movimientos sociales que se opusieron al terrorismo, de las fuerzas políticas democráticas, y -nunca lo debemos olvidar- de las víctimas del terrorismo». Desde ese día hasta ahora, la banda terrorista «ha intentado consolidar su relato, queriendo demostrar que son quienes más han contribuido a la paz», por ello es capital «defender la verdad de este final e impedir que ETA falsee la historia». «El único conflicto que han sufrido los vascos y, con ellos, el resto de los españoles fue la existencia de una banda de asesinos que quería imponer a todo el mundo su forma de pensar y, esa banda, ETA, fue derrotada por la democracia». Defender la verdad de lo que pasó y de cómo terminó «es algo que le debemos a las víctimas y a las nuevas generaciones», zanja.

Para Jaime Mayor Oreja estamos ante la «culminación de un proceso que inició José Luis Rodríguez Zapatero» y que no es otro que la «solemnización de una legalización y legitimación para la nueva etapa que se abre a partir de ahora y que busca ahondar en la autodeterminación del País Vasco». «Esto no es un final es una metamorfosis», dice el ex ministro del Interior entre 1996 y 2001, que considera que lo que busca la banda es blanquear su pasado para afrontar este proceso de ruptura con España, su verdadera esencia, sin la mochila del terror. «ETA es un proyecto político de ruptura con España, que sigue muy vivo. Ese es su verdadero objetivo, no acabar con Franco como algunos piensan», nació para eso ante la certidumbre de que el PNV nunca iba a llevar la secesión hasta el final. Entre las cosas que aún quedan pendientes, Mayor Oreja se muestra taxativo cuando reconoce que «echa en falta que se diga la verdad». El ex ministro del Interior reconoce que ya en el año 98, ETA le ofreció a él una solución similar a la que aceptaron Alfredo Pérez Rubalcaba y Rodríguez Zapatero en 2011. «No quise hacerlo, no me atreví. Cuando me explicaron la culminación del proceso no supieron asegurarme si además de la paz se avanzaría en la autodeterminación», reconoce, al tiempo que confiesa: «No me arrepiento de no haberlo impulsado». Mayor Oreja recuerda como durante esa conversación en el 98 se le explicó ese «proyecto de resolución de conflictos» con el simil de dos alpinistas que por sí solos no son capaces de escalar un muro, pero con la ayuda de un «mediador» que les indica los movimientos que tienen que dar, finalmente logran alcanzar la cima. «Este no es mi camino», asegura el ex ministro. «Los socialistas se mueven mejor en la mentira, ahora son los que se colocan la medalla, pero no les arriendo la ganancia», dice. Mayor Oreja advierte de que en la actualidad la izquierda abertzale, «que es ETA», suma más escaños que PP y PSOE juntos en el Parlamento vasco. «La gran ficción» ahora es decir que EH Bildu no es ETA, pero la realidad es que lo son», asegura. Para el ex ministro no habrá «verdadera reconciliación» hasta que se busque un punto «de encuentro con el Estado» que suponga que «no quieren la destrucción de España».

Jorge Fernández Díaz, por su parte, considera esta disolución un movimiento «propagandístico» que busca «vender la derrota como un gesto por la paz». A pesar de lamentar que este hecho no se hubiera producido antes, sí reconoce que la planificación de esta disolución por parte de ETA se produce como resultado de que haya sido el Estado el que ha desactivado todas sus estructuras y los terroristas hayan perdido el apoyo social que tuvieron en otro tiempo. Fernández Díaz asumió la cartera de Interior dos meses después de que la banda terrorista anunciara el fin de la violencia, una decisión que achaca a la presión y el acoso del Estado (Guardia Civil, Policía y Justicia), y tras la que demandaron una negociación política que se les negó. Tampoco ahora prevé que vayan a obtener contraprestación alguna por la disolución. «No hay que pagar ningún peaje. Conozco al presidente del Gobierno sé como actúa y estoy seguro de que no van a recibir nada a cambio», señala. A pesar de que durante su mandato no hubo víctimas mortales, Fernández Díaz sí supervisó con éxito más de 160 detenciones y recuerda como especialmente traumática la excarcelación de Josu Uribetxebarria Bolinaga. El etarra, enfermo de cáncer terminal, fue puesto en libertad porque las autoridades penitenciarias consideraron que debía recibir atención domiciliaria. Sin embargo, esta decisión se «interpretó como una concesión política a ETA» por la que el entonces ministro sufrió «descalificaciones de todo tipo».

«Recuerdo como el 16 de enero del 2014 el secretario general de instituciones penitenciarias me llamó de madrugada para comunicarme la muerte de Bolinaga. He de reconocer que, tras rezar por su alma, sentí cierto alivio. Yo sabía la verdad, que no se había negociado nada políticamente». De cara al futuro, Fernández Díaz también hace hincapié como Rubalcaba en evitar que se reescriba la historia, porque la única «verdad histórica» es que «no ha habido más conflicto que el que ha generado ETA». Ahora el objetivo debe ser que «la semilla de odio» que ha fructificado se sustituya por la de la «reconciliación».

El ex ministro del Interior entre 1988 y 1993, José Luis Corcuera, asegura que «no va a dar su opinión cuando ETA quiera». Corcuera estuvo al frente del ministerio «cuando se detenía a un comando y se arrestaba a 70 personas», muchas de ellas de la sociedad civil, cooperadoras necesarias de los actos terroristas. El ex titular de Interior cree que «todavía queda mucho proceso, porque no se han entregado todas las armas y existen cabezas responsables de la barbarie que siguen en activo».