«Isa está tranquila»

«Operación desgaste». El PP está convencido de que la izquierda llevará al límite la investidura y atacará a Díaz Ayuso con los problemas judiciales de Aguirre y Cifuentes. Algunos sectores empresariales «apuntan» a Garrido como responsable de esta ofensiva

Diálogo hasta la extenuación, cesiones con habilidad, y un alto grado de paciencia infinita. Según fuentes de los tres partidos, PP, Ciudadanos y Vox, es el resultado del gran acuerdo para la investidura de Isabel Díaz Ayuso como presidenta de la Comunidad de Madrid, prevista para la próxima semana, y que la izquierda del PSOE y Mas Madrid pretenden empañar con todo tipo de ataques. «El alto calor de este mes de agosto les abrasa», dicen en el entorno del secretario general del PP, Teodoro García Egea, un hombre clave en las negociaciones de este acuerdo que permite un Gobierno del centro-derecha en la primera región autonómica de España. A escasas horas del debate de investidura, que se preveé muy bronco, e incluso sucio, por parte de la oposición, los tres partidos coinciden en algo: la investidura de Isabel Díaz Ayuso «escuece a una izquierda resentida». Los últimos ataques a la candidata, vinculándola con Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes, en unas piezas judiciales antiguas, así lo demuestran.

En Génova trece no ha sorprendido para nada esta nueva ofensiva contra Isabel Díaz Ayuso, máxime ante el fracaso y «mareo de perdiz» del presidente en funciones, Pedro Sánchez, que está agotando al personal con tanto encuentro sectorial. «Menos hablar y más gestionar», dicen en el PP frente al espectáculo de este agosto atípico. No son menos críticos en los naranjas, dónde ni siquiera piensan en sentarse con Sánchez en una nueva ronda de contactos. Pero la izquierda no se rinde y pretenden llevar al límite en ese debate de investidura que comienza el próximo martes los sempiternos nombres de la «Púnica», «Gurtel» o «Lezo». Algo que ya aburre, y que sorprende estos momentos por parte de la Fiscalía Anticorrupción. «Qué casualidad», advierten dirigentes del PP con cierta estupefacción. Tampoco entienden, según fuentes del partido, que se vinculen acciones conjuntas de Aguirre y Cifuentes, dos ex presidentas que se detestaban profundamente y nunca lo ocultaban.

En la cúpula del PP tienen muy claras las motivaciones políticas de estos ataques y también se preguntan como nadie lo hace contra Ángel Garrido, quien de verdad fue un gran colaborador de Aguirre y la auténtica mano derecha de Cifuentes, a quien sustituyó en la presidencia de la Comunidad. «¿Alguien piensa que Isabel está más implicada que Garrido en los anteriores gobiernos?», se preguntan dirigentes regionales de Madrid. Incluso algunos sectores empresariales muy cualificados de la Comunidad, que han seguido de cerca estas negociaciones, sospechan que Ángel Garrido, un desertor de las filas populares hacia Ciudadanos, pueda alentar esta ofensiva contra su antigua colaboradora, como prueba de presión para mantener una posición de fuerza en el nuevo Gobierno madrileño. Entre los empresarios madrileños, los de mayores inversiones de España, sorprenden también las filtraciones de que Garrido será el nuevo Consejero de Transportes, con el mayor número de presupuestos, sin haberse cerrado aún la investidura. «Repartirse la carne antes de cazarla no es buena cosa», aseguran destacados financieros en Madrid.

Mientras, la candidata sigue tranquila: «En política, la resistencia es todo un arte». Isabel Díaz Ayuso ha sorprendido a propios y extraños por su capacidad de aguante durante casi tres meses de conversaciones duras, oscilantes, plagadas de contradicciones y rumores interesados. Para los suyos, algunos de ellos muy críticos ante su designación por Pablo Casado, «Isa está tranquila, es buena negociadora». Para los adversarios, «nunca pierde la calma y a veces nos desespera porque no cae en provocaciones». El secretario general, Teodoro García Egea, y su homólogo en Cs, José Manuel Villegas, han sido claves en el cierre del pacto. Sin olvidar al propio Pablo Casado, que habló varias veces con su antiguo compañero de partido, Santi Abascal, para doblegar las exigencias de Vox. Entre los empresarios Madrileños subyace un fuerte malestar con el dirigente de Cs, Ignacio Aguado, por su intransigencia y maneras de negociar, frente a la lideresa de Vox, Rocío Monasterio, que dio muchas «más lecciones de flexibilidad».

Así las cosas, Isabel Díaz Ayuso se enfrenta el próximo martes a un debate de investidura agrio, frente a una izquierda resentida que, una vez más, ha perdido la joya de la corona: Madrid. Junto a Isabel, sus dos negociadores públicos han sido David Pérez y Alfonso Serrano, sin olvidar al presidente en funciones, Pedro Rollán, pero bajo la sombra encubierta de Teo García Egea y Javier Maroto. Los dos conocían la dificultad permanente planteada por Cs para no firmar un acuerdo con Vox y se han tragado el sapo de Ángel Garrido, el ex presidente madrileño desertor de sus filas hacia el partido naranja. Muchos en el PP siguen desconfiando de él y observan «una mano alargada» para debilitar en un futuro el Gobierno de Diaz Ayuso.

La cuenta atrás ha comenzado. El martes, el presidente de la Asamblea, Juan Trinidad, abrirá el debate de investidura y se escucharán palabras duras contrala la candidata del PP. Llegó a la política madrileña desde la Universidad, un foro que le apasiona. Trabajó a destajo con Pablo Casado en los barrios ciudadanos y ve con cierta tristeza que ahora la quieran atacar con bajezas. No tuvo ningún reparo en renunciar a su escaño en la Asamblea para ser viceconsejera de presidencia con Ángel Garrido, ahora enfrente de la mesa negociadora, y posible consejero de su Gobierno, con incógnitas. Muchas cosas han cambiado, pero no Isabel, una mujer ligera de equipaje, en su piso alquilado del barrio de Malasaña con una cabeza bien amueblada. Liberal y poco sectaria, tiene el reto de mantener la otra joya de la corona para el PP, la Comunidad de Madrid. Sabe bien que estos días habrá aún mucho «navajeo», pero huye de la demagogia y proclama los valores del centro-derecha sin ningún complejo. Lideresa emergente en la nueva dirección de Pablo Casado, siempre da la cara, «aunque algunos nos la quieran partir», admite bien conocedora de las dificultades.

Esta investidura promete.