Josep Ramón Bosch: «El apoyo internacional a la secesión es prácticamente cero»

Ofrece hoy una conferencia sobre el año de vida de Sociedad Civil, que cree «debería haber nacido hace 35 años»

Está al frente de una multinacional en su día a día, pero cada vez que puede reivindica su sentimiento catalán a la par que español. Josep Ramon Bosch (Manresa, 1963) rema contra viento y marea desde hace algo más de un año por construir desde la atalaya de Sociedad Civil Catalana un discurso que aúne a aquellos catalanes que desechan el plan secesionista de Mas y abogan por la unidad del Estado. No tiene intención de hacer política, sólo –y nada menos– que pedagogía sobre el tema catalán. A poco más de un mes para que se celebre el 27-S hace un balance de la trayectoria de una organización que ya suma unos 20.000 miembros y que ha venido para cerrar heridas. Hoy imparte una conferencia bajo el título «Un año de vida» de Sociedad Civil Catalana en El Escorial.

–El nombre de la organización que preside hace referencia a un colectivo tan heterogéneo como la sociedad civil catalana. ¿No es mucho decir?

–El propio nombre de sociedad civil era el que usaban los independentistas para asimilar que todo el pueblo catalán estaba detrás de un proyecto rupturista. Nacimos bajo este nombre con afán de provocar y decir que no toda la sociedad catalana está a favor de la independencia. Es cierto que nosotros no somos toda la sociedad civil catalana, pero sí que somos la mayoría los que estamos a favor de la Constitución y del Estado de Derecho.

–¿Por qué una iniciativa así no nació antes? ¿No era necesario?

–Deberíamos haber nacido hace 35 años. Llevamos mucho tiempo perdido, pero nunca es tarde si la lucha es buena. Todavía estamos a tiempo de conseguir que la sociedad catalana sea vista en clave de paz y de consenso.

–Han anunciado que no participarán en la Diada. ¿Por qué? ¿Cómo se vive el día de Cataluña no siendo independentista?

–Como una jornada festiva y alegre de reafirmación de la catalanidad. El año pasado sí organizamos un acto en Tarragona, pero para este hemos decidido no hacer nada porque la Diada coincide con inicio de la campaña electoral. Entendemos que eso no da lugar a que ninguna asociación participe y hemos trasladado nuestros actos a los días previos. Uno el día 9 de septiembre en Barcelona y otro el 10 en Madrid. En este último presentaremos un informe sobre la falta de calidad democrática que se manifiesta diariamente en Cataluña.

–¿Cuáles son los mensajes que están lanzando durante estas semanas previas a los comicios?

–Tenemos una campaña que se llama «Juntos y mejor». Es un poco la reproducción de lo que fue el «Better Together» británico que se hizo en el referéndum de Escocia. Pero nosotros no queremos sólo estar juntos con el resto de los pueblos de España, sino que consideramos que debemos estar mejor.

–¿Cómo se ha llegado hasta la situación actual? ¿Cuál es su diagnóstico?

–El problema de Cataluña no es la falta de transferencia de recursos, ni la financiación, ni el tema lingüístico. Es un problema sentimental. No se ha hecho la suficiente didáctica de lo que es España. Desde Sociedad Civil Catalana simplemente queremos explicar lo que hemos sido los catalanes por y para España. Pero no sólo basándonos en la explicación del sentimiento, porque eso nos haría entrar en un discurso muy romántico que sería tan o más peligroso que el propio nacionalismo, sino desde la racionalidad.

–¿Cómo convence a una persona que es favorable a la independencia de lo contrario?

–Es muy complicado. Cuando hablas de sentimientos te retrotraes a dos cosas: la historia y la lengua. Si nos quedásemos en este discurso sería muy peligroso porque entraríamos en esa visión romántica tan alemana del siglo XIX que desgraciadamente nos llevó a lo que nos llevó en el siglo XX. Sociedad Civil Catalana tiene que jugar con ambos discursos: el de los sentimientos y el de la racionalidad.

–¿Es la pedagogía suficiente para concienciar a una sociedad? ¿El salto a la política no es necesario si de verdad se quiere promover una causa?

–Debemos ir de la mano de los políticos, pero no podemos hacer política. Queremos hacer didáctica y ser conectores de células, es decir, conseguir que partidos de distinta ideología puedan pensar en un proyecto común.

–¿Han echado en falta a algún partido en este acercamiento?

–Hemos tenido contacto con todos los partidos, excepto con Esquerra. Y con Podemos, a pesar de que conocemos a mucha gente, todavía no hemos tenido un contacto formal. La señora Ada Colau se ha visto varias veces con ANC y Òmnium, entidades que van en las listas de su competencia, y en cambio con nosotros no ha tenido la oportunidad de reunirse, aunque se lo hemos pedido insistentemente.

–Han abierto durante este año delegaciones en Bruselas y Washington. ¿Cuán importante es construir en el extranjero un relato?

–La presencia internacional de voces que expliquen que todos los catalanes no están por la secesión es fundamental. El separatismo ha conseguido una presencia mediática importante a nivel internacional. Sobre todo en el ámbito universitario. Cuando nacimos visitamos todas las embajadas en España y a prácticamente todos los cónsules radicados en Cataluña y constatamos que el apoyo internacional a la secesión es prácticamente cero. El próximo día 10 abriremos una delegación en Madrid. También tenemos previsto abrir oficinas en París, Roma, Berlín, Nueva York...

–¿Cómo valoran una hipotética reforma constitucional?

–Dentro de Sociedad Civil Catalana hay federalistas, confederalistas, partidarios de devolver competencias al Estado... Por lo que éste es un tema complicado que provoca divisiones entre los propios miembros de la organización. Entendemos que no debemos abrir ese melón. Pero si hay grandes consensos para llevar a cabo la reforma nosotros estaremos encantados de poder ayudar en lo que haga falta.

–¿Con qué cara se levantará el día 28 de septiembre?

–Con una gran cara de satisfacción porque el separatismo habrá sido derrotado. Tengo confianza plena de que la lista unitaria no logrará sumar una mayoría, ni hacer una declaración unilateral de independencia.

–¿Cuál será la clave del 27-S?

–Mas tendrá muy complicado lograr una mayoría, siempre y cuando vote el 80% del electorado. Lo único que hay que hacer es ir a votar. Ése es el verdadero problema de Cataluña: que los independentistas están muy movilizados y no así los que no queremos la separación.

–¿Qué recorrido le queda a Mas tras el 27-S si la lista unitaria no consigue su propósito de lograr una mayoría?

–Puede pasar cualquier cosa. Desde una refundación de Convergència hasta una retirada de Mas. En todo caso, se van a vivir momentos interesantes desde un punto de vista histórico-político. Exactamente no sé a qué ha jugado Artur Mas. Se ha visto envuelto en una dinámica que él consideraba que se podría salir y se ha visto superado por los acontecimientos. Además, dentro de la lista de Juntos por el Sí hay muchísima gente que no votaría nunca a Mas, empezando por el propio número uno, Raül Romeva, que ha sido un opositor durante años como comunista que era a las políticas de derechas que aplicaba Mas.

–Si gana la lista unitaria, ¿Qué ocurrirá con Sociedad Civil Catalana? ¿Ve el momento de dar marcha atrás?

–Hemos nacido para quedarnos. La sociedad catalana quedará muy fragmentada y muchas personas que se han creído el cuento de la ruptura tendrán un grado de frustración muy alto. A esos catalanes es precisamente a los que Sociedad Civil Catalana se tiene que dirigir a partir del 28 de septiembre. No hay que hablar de la negatividad, ni de las amenazas, sino buscar toda la parte positiva de la convivencia con España.

–¿Ve factible que se forme una lista constitucionalista? ¿Eso daría la razón a Mas y convertiría las elecciones en unas plebiscitarias?

–No, no lo veo. Sería negativo porque los partidos tienen que defender sus distintas posiciones y no hemos de darle la razón a una ruptura unilateral. No sólo no la veo posible, sino perjudicial.

–Hace unos meses afirmaba que para los que no sean independentistas era fundamental que la izquierda catalana saliese del armario. ¿Se han producido avances en este sentido?

–Sí, pero todavía muy tímidos. La izquierda catalana tiene que reconocer muchos de los símbolos comunes que nos unen y entender que hablar en Cataluña de España sin ruborizarse tiene que ser algo natural.

–¿Hay alguna alternativa para el Gobierno central al margen de ceñirse a la legalidad?

–El Gobierno no ha entrado en provocaciones y ha estado a la altura de las circunstancias hasta la fecha. Pero, ¿y ahora qué pasa? ¿La solución pasa por una reforma constitucional como la que promueve el PSOE para ir hacia un Estado federal o por una reforma más suave como la de Rajoy o que en el texto se hable de una especificidad catalana como la que propone Duran Lleida? Es difícil dar con la piedra filosofal que arregle el problema catalán. La financiación es uno de los temas que es importante trabajar, al igual que el reconocimiento de la lengua. En esos dos temas el Estado tiene margen de mejora.

–¿Será necesario que el Gobierno aplique el artículo 155 de la Constitución?

–Deseo que no. No veo ninguna posibilidad de que se aplique.

–¿Considera que el problema catalán es irresoluble ?

–Lo que pasa en Cataluña no es más que el grito desesperado de una situación de crisis. La guerra de separación en 1640, la guerra de sucesión, las carlistadas, la semana trágica de 1909, el propio nacimiento del movimiento catalanista a principios del XX... Todos esos momentos no son más que gritos desesperados ante una situación de final de ciclo de una clase política, de un país o de una forma de gobernar.

–¿Deberían los catalanes vivir bajo el concepto de la conllevancia orteguiana?

–Debemos superar aquel mensaje de Ortega como país. Debemos entender que la diversidad es nuestra mejor fortaleza.

–Tengo entendido que su mujer es independentista. ¿El amor puede con todo?

–Mi mujer es presidenta de Convergència en mi pueblo. Ella es independentista y un hermano es el alcalde de mi pueblo por Esquerra. En mi familia hay un poco de todo. Desde luego, por encima de las diferencias ideológicas está el amor y la amistad de tantos años.

–¿Tienen hijos? ¿Qué le cuentan sobre todo este entuerto? ¿Cómo ve que temas tan sensibles se cuelen en el ámbito familiar?

–Tengo un hijo de 18 años y otra hija de 22 años que ha estudiado en Inglaterra durante el último año debido a la presión ambiental que se vivía en Cataluña. El tema catalán no se habla en las reuniones familiares porque conlleva pasiones y sentimientos, y ante los sentimientos es difícil argumentar racionalmente. Esto tiene su parte casi morbosa, pero también un punto de insatisfacción porque convives con un enemigo que no lo es. Te das cuenta de lo difícil que es convencer desde los sentimientos a otra persona.

–¿Cómo es su día más allá de Sociedad Civil Catalana?

–Soy director de una multinacional japonesa. Para mí es muy complicado. Le echo muchas horas de mi tiempo libre en los fines de semana con el perjuicio personal y familiar que eso conlleva. Pero también lo hago con mucho gusto.

–¿Tiene decidido su voto para las autonómicas? ¿A quién votará?

–Sí, claro que lo tengo decidido. Pero en este caso sí que mi voto es secreto.

–¿A quién invitaría a su casa a cenar? ¿A Mas, a Junqueras o a los dos juntos?

–Me gustaría invitar a Mas. Al margen de las diferencias considero que es una persona inteligente, bien preparada y con la que se puede conversar. Al menos ésa es la sensación que yo tengo.