La difícil aritmética socialista

División en el PSOE por la estrategia de alianzas de gobierno. Veteranos como Gónzalez o Solchaga abogan por no descartar la coalición con el PP

Pedro Sánchez ayer en un acto con militantes en Pamplona
Pedro Sánchez ayer en un acto con militantes en Pamplona

Las calculadoras echan humo. A golpe de encuesta los partidos políticos están tejiendo sus estrategias. El primer «round» se está produciendo en Andalucía, pero a partir del 24 de mayo España se convertirá en un gran casino en el que los pactos estarán a la orden del día mirando todos de reojo a la gran cita de las generales que se celebrarán en noviembre, o cuando el presidente Rajoy quiera.

Susana Díaz empieza a despejar el camino para su designación como presidenta de la Junta. Podemos y Ciudadanos ponían una línea roja en Chaves y Griñán. Querían su dimisión. En puertas del primer debate de investidura se han producido los primeros movimientos que son condición necesaria para conseguir la abstención de estos dos partidos en la investidura, aunque todavía no son condición suficiente. De momento, Podemos lanza un mensaje de diálogo y Ciudadanos se muestra más reacio y plantea medidas concretas, en paralelo al anuncio de retirada de los dos ex presidentes de la Junta afectados por el caso ERE.

José Antonio Griñán ha anunciado que deja la política. Tanto Susana Díaz como Pedro Sánchez se han movido entre bambalinas para convencerlo. No han tenido que apartarlo, se ha apartado él motu propio. Ese era el objetivo para evitar que las costuras socialistas reventaran por los cuatro costados. Tenía que ser una decisión personal y no un escarnio público para evitar echar más leña al fuego en el escenario socialista que sigue en ebullición por el «golpe de mano» realizado en Madrid, las tensiones en la confección de listas y las expectativas electorales que centran toda su atención en Madrid y Valencia. En estas plazas se la juega Pedro Sánchez. Se juega su futuro. Un buen resultado en estas plazas complementado con la recuperación de ayuntamientos sensibles –hoy sólo gobierna en 10 capitales de provincia– junto con el ascenso a la presidencia en algunas comunidades –Asturias, Extremadura, Castilla-La Mancha y Murcia están en el punto de mira– le consolidarían como candidato a la presidencia del Gobierno. Otros resultados volverían a remover el patio socialista.

Díaz y Sánchez lo han conseguido, incluso antes de que el Tribunal Supremo decida imputar o no a Griñán. Con Manuel Chaves la cosa no ha sido tan sencilla pero el objetivo se ha cumplido. César Luena, secretario de organización del PSOE, puso los puntos sobre las íes en los pasillos del Congreso. Luena se enfundó en el uniforme de vidente y afirmó que el PSOE no tenía previsto que Chaves figurara en las listas de las generales. A las pocas horas, Manuel Chaves anunció que al final de la legislatura se retiraba.

Con los dos anuncios, Díaz ha dejado expedito el camino a la presidencia. Jugaba con las cartas marcadas porque sabía que el PP le daría el apoyo –abstención– en el último momento porque no se arriesgaría a unas nuevas elecciones que podían ser letales para los populares. Sin embargo, a pesar de esta ventaja quería plantear claramente que su opción es un pacto con la izquierda y con Ciudadanos, una fuerza emergente que cada día exhibe más músculo y que será determinante en la gobernabilidad de comunidades y municipios.

Bajo este prisma debe entenderse el acuerdo alcanzado en Murcia entre UPyD, Podemos y PSOE. Sin embargo, este acuerdo no es, ni será, generalizado. En el seno del PSOE, diferentes voces autorizadas –Felipe González y Javier Solana, incluso el propio Alfredo Pérez Rubalcaba– opinan que no hay que descartar la «gran coalición» con los populares en una versión española. Los que abonan estas tesis apuntan que el PSOE no debe caer en la tentación del Frente Popular y en algunos lugares debe apoyar la lista más votada, aunque esta sea la del PP. El escenario más propicio para llevar adelante esta opción es Madrid pero puede darse también en otras comunidades y ayuntamientos. En este contexto hay que entender la destitución de Tomás Gómez, un dirigente poco proclive a sustentar al PP y muy diferente a Ángel Gabilondo que se podría atender a otras soluciones.

Pedro Sánchez mantiene una línea argumental de oposición al Gobierno y al PP pensando en las generales y no ha bendecido ninguna de las dos alternativas. En su entorno afirman que hay que ir paso a paso. Primero ganar las elecciones y luego ya será el momento de las calculadoras y las estrategias. De hecho, la prudencia de Sánchez es aconsejable ante la incógnita de la contienda electoral del 24 de mayo con unas generales en el horizonte. Lo más probable es que la dirección federal socialista «ponga huevos en todas las cestas» y la amalgama de pactos que se abra después de las municipales se asemeje más al arco iris que un frente popular. Habrá de todo y en función de la realidad local, apuntan dirigentes socialistas. De hecho, en el PSOE se ve de forma diferente lo de Murcia o de Andalucía. Susana Díaz gobernará en solitario y realizará pactos puntuales en los que el PP no quedará excluido. Murcia apunta la necesidad «por higiene democrática» de propiciar la alternativa.

En los próximos días, Susana Díaz se someterá a la primera sesión de investidura. No la superará y seguramente no lo hará hasta el 24 de mayo. Ciudadanos y Podemos pueden empezar a ponerlo fácil, pero hasta después de las elecciones municipales y autonómicas no habrá fumata blanca en la comunidad andaluza. Después de esa fecha, todas las piezas entrarán en el bombo y empezará la madre de todas las partidas.