La reforma del Senado, más allá de PP y PSOE

El resto de grupos de la Cámara Alta pone las cartas sobre la mesa

Su Majestad el Rey y el Príncipe de Asturias junto a los miembros del Gobierno y todos los presidentes autonómicos el pasado 2 de octubre en el Senado
Su Majestad el Rey y el Príncipe de Asturias junto a los miembros del Gobierno y todos los presidentes autonómicos el pasado 2 de octubre en el Senado

Mucho se ha hablado de los planteamientos de los dos grandes partidos para modificar las funciones de la Cámara Alta, pero ellos no tienen la última palabra

Por unanimidad. El 22 de febrero de 2012 todas las fuerzas políticas del Senado daban luz verde a una reforma tan necesaria como urgente. Una urgencia que llegaba determinada por la crisis y la falta de confianza de los ciudadanos en esta institución. Así, se fijaron como objetivo reforzar sus funciones y convertirla en una verdadera Cámara de representación territorial. Nada les hacía presagiar por aquel entonces que, apenas un año después, la Ejecutiva del PSOE decidiría ir por libre, ninguneando a sus propios senadores, y plantearía directamente la disolución del Senado tal y como lo conocemos. Una actitud que contrastaba con la prudencia del PP que se limitó a confirmar la necesidad de «reformar» la Constitución.

Sobra decir que la jugada o «jugarreta» del PSOE a sus senadores Francesc Antich y Joan Lerma, que se enteraron por los medios de que su partido quería cargarse la Cámara Alta, no gustó. Y no sólo a los socialistas sino al resto de grupos políticos que forman parte de la ponencia para reformar el Senado y que, hasta ese momento, no habían abierto, como aquel que dice, la boca. «El partido socialista le ha hecho un flaco servicio a sus dos respetables senadores, que llevan casi un año en esta ponencia», sentenció el senador del PNV, Iñaki Anasagasti.

Pero no era su única queja. El parlamentario vasco lamentaba que la «salida de tono» de la dirección socialista tapase un trabajo de meses. Máxime cuando la propuesta carecía de coherencia. «Dudo mucho que prospere», matizaba Anasgasti, porque estamos centrados en «modificar sólo algunas de las funciones de la Cámara». Mientras, el senador de la Entesa del Progress, Carles Martí, restaba importancia al incidente y aseguraba que el trabajo seguía su curso normal. «El debate que ha habido en el PSOE se inscribe en un debate más general. Hablamos de una propuesta mucho más global», apuntaba el parlamentariio del PSC.

Puntos clave

Y ya centrados en la reforma meramente dicha. El senador del PNV no quiso romper la privacidad de las negociaciones o conversaciones, según se mire, y comentó que, por el momento, están analizando y trabajando sobre las propuestas de los intervinientes que han pasado por la ponencia». O, lo que es lo mismo, están intentando definir lo que significa «primera o segunda lectura autonómica». En este punto, desde la Entesa, su ponente Carles Martí explica que su grupo «siempre ha mantenido la misma posición», es decir, «si el Senado tiene que asumir funciones de primera lectura -que ahora realiza el Congreso- es necesario un cambio en la Constitución».

La segunda clave de esta reforma, a juicio de la Entesa, se encuentra en la composición de la Cámara Alta. «La representación tiene que manar de las Comunidades Autónomas. Ahora es por provincias y no tiene sentido», apunta Martí. Y es que, a su juicio, es la única forma de convertir el Senado en la estructura territorial del Estado. Pero este debate llegará cuando se llegue a un acuerdo global sobre las funciones, algo que podría producirse en junio de este mismo año.

Pese a los temores iniciales, desde la Entesa se muestran contentos, «ya que el tema de la reforma constitucional no está ni mucho menos orillado». Desde el Grupo Parlmentario Vasco, el senador Anasagasti asegura que «están viendo con interés cuál es el resultado final». Y tienen dos curiosidades: «Si el Congreso va a permitir que se le quite alguna competencia y si el debate europeo se podrá o no residenciar en el Senado». Dicho queda.