«Mas está hecho polvo»... por el 3 por ciento

El ex president afronta un septiembre negro con dos sentencias que amenazan con salpicarle: el «caso Palau» y las comisiones ilegales de su mano derecha

El ex president aplaude tras la aprobación de la ley para activar el referéndum
El ex president aplaude tras la aprobación de la ley para activar el referéndum

Con un pacto para atizar la calle de acuerdo con Carles Puigdemont, pero replegado por los dos casos más graves sobre su persona: el escándalo del Palau y las comisiones ilegales del 3% de Germá Gordó. Este es el ánimo de Artur Mas, en el momento desafiante de Cataluña. Personas de su entorno confirman que tras el anuncio del Tribunal de Cuentas habló con su sucesor y ambos acordaron la rueda de prensa y el «discurso del miedo». Pero al margen de sacar pecho, lo que preocupa al ex president es el horizonte judicial que le amenaza ante las dos sentencias que se avecinan inminentes sobre el Palau y la actuación de quien fuera su número dos y hombre de confianza. «Afronta un septiembre negro», aseguran en su entorno.

La manipulación sobre la decisión el Tribunal es absoluta en el bloque soberanista. Según fuentes jurídicas, no se conmina de momento al pago de indemnización alguna a los responsables del 9-N, sino que se les cita el día 25 para iniciar un procedimiento y, posteriormente, incoar expediente. Pese a ello, Mas y Puigdemont acordaron escenificar otro frente contra el Estado español y refugiarse en sus «amenazas opresoras», que culminan con la petición de la ANC de poner en marcha una colecta que cubra el posible embargo judicial. «Una nueva farsa», dicen fuentes del Tribunal y dirigentes constitucionalistas, que ven un «desvarío total» en los partidos separatistas.

La mayor preocupación de Mas radica en las próximas sentencias del Palau, el mayor expolio que se recuerda, y las acusaciones contra Gordó, ex consejero de Justicia y gerente del partido por cobro de comisiones irregulares. Mas era el máximo responsable de Convergència y ello le salpicaría muy de cerca. Tras unos meses casi callado, ha reaparecido en algunas declaraciones con su discurso victimista para intentar ocultar lo que se le viene encima. «Una pantomima para tapar los trapos sucios», admiten veteranos convergentes tras destacar que, hoy, en la nueva cúpula del PDeCAT no se le reconoce la autoridad que tenía.

El TSJC decidió imputar a Gordó por el caso 3% de presuntas comisiones ilegales a Convergéncia, con duras acusaciones de delitos de tráfico de influencias, cohecho, prevaricación y malversación. Un golpe en toda regla para Mas, dado que Gordó fue su mano derecha. Secretario de la Generalitat, consejero de Justicia y gerente de CDC durante siete años con un gran poder. «Mas está hecho polvo», admiten antiguos cargos convergentes de su etapa presidencial. Aseguran que el «caso Palau», cuyas penas se prevén elevadas, y la imputación de Gordó, le han afectado el doble que el informe del Tribunal de Cuentas sobre el gasto de dinero público en la consulta del 9-N.

El ex president no piensa dimitir de la presidencia del PDeCAT, su objetivo es defender el «procés» hasta el final y buscar el choque de trenes con Madrid, de cuyos vagones no piensa apearse. Para sus leales, Mas es una víctima del acoso a Cataluña. En opinión de sus adversarios, busca envolverse en la independencia «para ocultar sus fechorías». En todo caso, la división en el partido es muy fuerte, la tensión latente y las críticas a Puigdemont por su dependencia de la CUP, enormes. «Me da todo igual», le espetó el president a su antecesor en su última conversación telefónica ayer mismo. «solo nos queda la calle», respondió Mas en una desesperada huida hacia adelante.