Más prensa que visitas en el primer día en Mingorrubio

Varias coronas de flores rojas y amarillas presiden la entrada del camposanto de Mingorrubio. Son para su nuevo e ilustre inquilino, el general Francisco Franco, cuyo restos descansan desde el pasado jueves en su interior. «Siempre leales a tu memoria» o «Desde Almería para el Caudillo». En total, una docena de ofrendas florales que desde primera hora de la mañana de ayer llegaron a la tranquila colonia de Mingorrubio, a escasos 15 minutos de Madrid.

Las puertas abrieron como cada día a partir de las diez de la mañana. Eso sí, en esta ocasión varios policías nacionales tomando los datos a todo el que quería entrar, tanto a aquellos que visitaban a sus familiares como a los curiosos y nostálgicos que se acercaron a cuentagotas hasta el cementerio. «Estamos las 24 horas para evitar disturbios o actos de vandalismo como pintadas», dice uno de los agentes que custodia la entrada. La idea es que poco a poco, el cementerio funcione como normalidad, pero sí que es cierto que las horas posteriores a la inhumación de Franco se caracterizan por un ir y venir de curiosos, nostálgicos y vecinos de la colonia que se acercan hasta el cementerio.

La iglesia que acoge el panteón de los Franco está cerrada. Solo sus familiares están autorizados a entrar previa petición de las llaves a los responsables del cementerio. Hasta allí, durante la mañana de ayer, ningún nieto o bisnieto del dictador se acercó, según pudo constatar LARAZÓN.

Quienes sí acudieron son algunos mayores que recuerdan el régimen con cariño. Es el caso de Lupe, Carmen y Darío, tres jubilados que llegaron a Mingorrubio después de visitar a primera hora de ayer el Valle de los Caídos. «No hemos podido entrar porque permanece cerrado hasta el martes, eso al menos es lo que nos han dicho», se lamenta Carmen. Su prima Lupe viajó desde Badajoz hace dos días y desde entonces han sido testigo de todos los actos en torno a la exhumación del dictador. «Es muy emocionante. Es como si estuviera visitando a un familiar», describe con mucha emoción, la misma que sintió hace 31 años cuando fue testigo directo en el funeral de la mujer de Franco, Carmen Polo. «Franco fue una persona extraordinaria, hizo cosas muy buenas para España». Los tres opinan que el traslado de los restos de Franco desde el Valle a El Pardo era innecesario. «No veo necesidad de montar este número», dice Lupe. «No había necesidad de gastar tanto dinero», le contesta Carmen. «Lo que han conseguido es que gente que no conocía a Franco...», afirma Lupe, «...gente joven», añade Carmen, «...lo conozca hoy. De eso me alegro», sentencia Lupe.

Precisamente dos de esos jóvenes aparecieron vestidos con ropa deportiva oscura y pelo medio rapado cogido en una coleta. Tras dar una vuelta por el cementerio, uno de ellos afirmó ante la decenas de periodista congredas allí, sin parar de caminar, que habían ido a ver al «generalísimo Franco» y al otro dictador enterrado allí, el dominicano Rafael Trujillo.

Pablo y Santiago, de 19 años, aprovecharon unas horas después de clase y antes de presentarse a un examen para acudir para visitar Mingorrubio por «curiosidad», para ser testigo de «un momento histórico». Su opinión respecto a Franco la tienen clara: «Era un genocida, asesino». De paso en Mingorrubio visitaron las tumbas de Luis Carrero Blanco y Carlos Arias Navarro, cual «excursión» al pasado, dicen los dos jóvenes.

Las dos líneas de autobús que llevan hasta Mingorrubio –601 y 602– registraron ayer normalidad, «con tres o cuatro» usuarios con destino al camposanto, explica uno de los conductores que cree que la curiosidad será cuestión de unos días. También en el bar más cercano, la serenidad y normalidad definieron el ambiente durante la jornada de ayer. A la hora del aperitivo y con un sol primaveral en medio del otoño, los vecinos lamentaron que «ahora Mingorrubio está en el mapa», una circunstancia que, dicen, romperá la calma de este lugar.