Nuevo escenario: DUI «retórica» y convocar elecciones constituyentes

El PDeCAT pide a Puigdemont una declaración sin efectos jurídicos para ganar tiempo

Carles Puigdemont
Carles Puigdemont

El PDeCAT pide a Puigdemont una declaración sin efectos jurídicos para ganar tiempo.

Los dirigentes independentistas están manteniendo constantes reuniones en los últimos días, y las tendrán en las 48 horas que faltan para que Carles Puigdemont comparezca en el Parlament. El objetivo es alcanzar un acuerdo sobre la hoja de ruta del soberanismo, sobre cuál es el siguiente paso a dar y valorar los escenarios que se están abriendo tras la fuga de empresas de Cataluña, la gran manifestación de ayer en Barcelona y los movimientos que puede hacer el Estado.

Sobre la mesa, diversas opciones. Una DUI suave –declaración sin efectos jurídicos– que abra un periodo de negociaciones con el Estado y, en seis meses como máximo, culminar el proceso. Esta opción es defendida por el PDeCAT para ganar tiempo y entablar una negociación, amén de poner coto a la actuación del Estado. Acabaría en una convocatoria electoral. A esta «declaración retórica» se refirió ayer en la BBC Marta Pascual, coordinadora del PDeCAT.

Una Declaración Unilateral de Independencia pura y dura para no «traicionar a la mayoría del pueblo de Cataluña». Esta opción está defendida por la mayoría del bloque soberanista, desde ERC a la CUP, pasando por las entidades soberanistas Asamblea Nacional y Òmnium Cultural. «De perdidos al río», la definía un dirigente independentista. Esta opción haría posible que el mundo se fijara en Cataluña y se forzara una mediación internacional, dicen sus partidarios.

Y en las últimas horas una tercera opción ha llegado al debate soberanista. Trata primero de no frustrar a miles de personas que han salido a la calle en defensa de la independencia y en, segundo, evitar que el Estado ponga punto y final a la aventura secesionista con duras medidas. Como la primera alternativa, defendida por el PDeCAT, se acerca más al posibilismo y es mucho más pragmática. Esta opción defendida por dirigentes de ERC, aunque desmentida por la dirección del partido republicano, contemplaría que Puigdemont, en su comparecencia del martes, proclamara una Declaración Unilateral de Independencia sin efectos jurídicos. Es decir, simplemente sería un movimiento táctico de contenido político, pero no justificaría, a juicio de sus defensores, ninguna actuación del Estado. Con la DUI encima de la mesa, Puigdemont anunciaría la convocatoria de elecciones, en el marco autonómico, pero con un calificativo: constituyentes.

Con este movimiento, el independentismo trata de evitar la intervención del Estado y, en paralelo, convocar elecciones. Si en 2015 fueron plebiscitarias, en 2017 serían constituyentes. La fecha que se baraja es el 19 de noviembre, pero este tema no está cerrado, aunque no irían mucho más allá para poder seguir activando a un potencial electorado que «está lanzado».

El acuerdo todavía no está cerrado porque sigue el debate y Puigdemont no está dando señales de cuál será su decisión. De hecho, fuentes independentistas apuntan que esta última opción sólo es posible si Puigdemont la lidera. En el PDeCAT la valoran como «una fórmula más para presionar al president». A 24 horas todo está en el aire y en manos de Puigdemont, con el soberanismo enaltecido puertas afuera, pero preocupado puertas adentro.

Oriol Junqueras se reunió con Josep Oliu y con Isidre Fainé, CaixaBank. Cuentan en el mundo soberanista que la actitud de Junqueras dando como irreversible la situación fue determinante para la decisión del presidente del Banco de Sabadell. «Salió por la puerta y se activaron de forma inmediata los protocolos de contingencia». También explican que los gritos se oían fuera de la sala tras la visita del presidente del Cercle d’Economia, Juan José Bruguera, a Carles Puigdemont en Girona.

El portazo económico no fue óbice para seguir arengando a los suyos. Si los empresarios se van de Cataluña no pasa nada porque la economía catalana es fuerte, recibe inversiones y está en su momento álgido de las inversiones. Junqueras, de hecho, salió para menospreciar los movimientos empresariales y la CUP ha llamado al boicot de todo aquel que dude del proceso republicano. Si salen miles de personas a la calle desmintiendo que Cataluña es un solo pueblo, independentista «of course», la respuesta, sin un mínimo de análisis y autocrítica, es que los manifestantes no son catalanes. Si se pide la mediación internacional y se fracasa, la culpa es del Estado español que se niega a negociar y que «actúa antidemocráticamente ante el pueblo democrático».

La procesión, sin embargo, va por dentro. El 1-O se salvó por las cargas policiales que el soberanismo convirtió en «violencia extrema», pero el referéndum no fue reconocido por ningún país europeo, ni por Estados Unidos, ni Bruselas, ni la ONU. La petición de mediación internacional ha sido el mejor ejemplo del fracaso de la «internacionalización» del conflicto. El soberanismo pone en la balanza el éxito de participación, aunque es consciente de que no ha servido para convencer a nadie más allá de Nicolás Maduro. Ante este escenario se barajan propuestas diferentes. El desenlace a este sodoku el martes por la tarde, y todo en manos de Carles Puigdemont, president y desde hace años miembro del grupo de los «talibanes» que empujaban a Artur Mas a su desafío.