Próxima parada separatista: Tomar la calle

Afines a la CUP planean instalar acampadas en el Parque de la Ciutadella, junto al Parlament, y convertirlo en un símbolo de resistencia

Un partidario de la independencia hace campaña por el «Sí» a la secesión, ayer, en Barcelona
Un partidario de la independencia hace campaña por el «Sí» a la secesión, ayer, en Barcelona

Afines a la CUP planean instalar acampadas en el Parque de la Ciutadella, junto al Parlament, y convertirlo en un símbolo de resistencia.

Los partidos independentistas saben que en estos momentos, –tras la contundente respuesta del Estado ante su golpe a la Democracia y tras que el Tribunal Constitucional suspendiera de manera cautelar la ley del Referéndum– sus apoyos ciudadanos pueden disminuir. Además, también cuentan con que no controlan los municipios de mayor población catalana, como los gobernados por el PSC, que ya han avisado de que no pasarán la línea de la ilegalidad en el referéndum ilegal, es decir, que no cederán sus locales para colocar urnas ilegales.

Por estos motivos, para ganar músculo en la calle y así escudarse en los ciudadanos catalanes, grupos afines a la CUP pretenden ocupar el Parc de la Ciudatella de Barcelona, donde se encuentra el Parlamento autonómico, evocando al 15-M, donde se produjo la masiva acampada en la madrileña Puerta del Sol, a causa del malestar de una parte de la sociedad que reclamaba un cambio en la política española.

Los círculos separatistas intentan así hacer una acampada multitudinaria como símbolo de protesta frente a la negativa del Estado a que se produzca la consulta ilegal del próximo 1 de octubre. La CUP será la encargada de llevar a cabo este tipo de agitaciones, y el lugar elegido es uno de los más emblemáticos de la Ciudad Condal. En esta localización pretenden atraer hasta 15.000 personas para el apoyo a su consigna independentista. Allí organizarán, previsiblemente, todo tipo de manifestaciones contra cualquier institución catalana que respete los límites de la legalidad.

De hecho, el partido radical fue el principal protagonista de las manifestaciones que ayer se sucedieron frente a los ayuntamientos contrarios, unos 160, a ceder locales municipales para la consulta.

La Generalitat ha fiado buena parte del éxito organizativo de la consulta a los ayuntamientos catalanes. Para ello cuenta con la inestimable ayuda de la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), que controla a 787 de los 948 consistorios catalanes. Sobre el papel, el 83,1% de los ayuntamientos. No obstante, como decía Mark Twain, existen las mentiras, las malditas mentiras y la estadística. Al fin y al cabo, el independentismo tiene algo de rural. Tres de las cuatro capitales de provincia se han negado a abrir los ayuntamientos. Dicho de otro modo, trece de las veinte principales ciudades.

No es de extrañar, pues, que las miradas independentistas se dirigieran ayer hacia los ayuntamientos «esquiroles» y muy especialmente a Barcelona. El independentismo nunca ha podido digerir que la capital de Cataluña diese la espalda al «procés» en 2015 con la victoria de Ada Colau en las elecciones municipales en lugar de entregar una segunda legislatura al convergente Xavier Trias.

Ante esta situación, la CUP, junto con Arran, su organización juvenil satélite, y la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC) organizaron manifestaciones frente a estos ayuntamientos para presionarles y conseguir la apertura de locales. La negativa de Colau a ceder espacios municipales sin que la Generalitat explique por escrito cómo sortear la prohibición del TC motivó también que se convocara anoche mismo una manifestación frente al Ayuntamiento para protestar contra su ambigüedad.

Mientras se celebra el debate en los Ayuntamientos sobre sí ceder o no sus dependencias, el independentismo ha optado por señalar directamente a aquellos municipios que no apoyan la consulta. Concretamente ha puesto a disposición de sus fieles una web en la que consultar la postura de su Ayuntamiento, y en la que incluso animan a presionar a través de las redes sociales a los alcaldes que respetan la Constitución.