Purga de consejeros antireferéndum

Puigdemont remodelará hoy su Gobierno con Borrás y Munté en el punto de mira. ERC se resiste a entregar cabezas

Puigdemont remodelará hoy su Gobierno con Borrás y Munté en el punto de mira. ERC se resiste a entregar cabezas.

Carles Puigdemont cederá a las presiones y acabará haciendo una crisis de gobierno. l pulso de la tarde-noche de ayer se situaba en el alcance de la remodelación del Govern. Desde el PDeCAT querían que los cambios afectaran también a ERC, mientras que los republicanos se resistían. Puigdemont trataba de encontrar una solución para superar la enésima crisis, negociando a contra reloj y tratando de hallar una solución que no le provocara un nuevo enfrentamiento con su partido. Sin embargo, algunas fuentes del Govern daban por seguro que sólo se verían implicados consejeros del partido de Puigdemont, aunque figuras del PDeCAT como el conseller de Territori, Josep Rull, y el de Empresa, Santi Vila, sobrevivirán con toda seguridad.

Este pulso es un nuevo capítulo de los enfrentamientos en el mundo soberanista porque nadie quiere ser el «culpable del fracaso». Todos afirman compromiso con el 1-O, pero todos los movimientos se encaminan a erosionar al contrario pensando en el día 2-O, y en el nuevo escenario que puede desembocar en un proceso electoral. Nadie va a tirar la toalla, aunque, cada día que pasa, aumentan en el mundo soberanista las dudas sobre el éxito del (pen)último capítulo del «procés».

Esta nueva crisis será la segunda en apenas una semana, tras el cese de Jordi Baiget, que osó poner en duda la culminación del referéndum. El miércoles, tras un tenso día en el Parlament, el president Puigdemont inició una ronda de contactos con los suyos y se vio con Marta Pascal, coordinadora del PDeCAT; Artur Mas, ex presidente de la Generalitat; y Santi Vila, su nuevo hombre de confianza. En la reunión, Puigdemont informó de sus contactos con ERC, y se constataron los problemas a de solidez en el PDeCAT. Nada se sabe de sus conclusiones, pero después de nuevos contactos con ERC, Puigdemont aprovechó el pleno de la cámara catalana para citarse con los consellers y con los responsables de diferentes departamentos. Todos de su partido. Quería comprobar. en conversaciones uno a uno y cara a cara, que no había temblores de piernas y que tiene garantizado su compromiso con la consulta del 1-O, con los actos que conllevará y que tendrán consecuencias políticas y personales. Era la exigencia de Oriol Junqueras, que no se fía del PDeCAT, para asumir la responsabilidad de la organización del referéndum.

Durante todo el día, las muestras de desconfianza y enfrentamiento en Junts pel Sí ganaron volumen. A media tarde, un alto cargo del gobierno afirmó: «El revólver lo tiene el presidente, él es quién tiene que decidir». Nadie escondía la crisis, ni tan siquiera se disimulaba. Las hostilidades se agudizaron el martes cuando se filtró que ERC ponía condiciones para asumir todo el control del referéndum: «competencias, dinero y personal», por un lado y, por otro, «garantías de lealtad y compromiso de los consellers y altos cargos del PDeCAT». A la vista de que estos compromisos no eran firmes, el líder de ERC y número dos del Govern reclamó cambios a Puigdemont, aunque fuentes de ERC niegan que se pusieran nombres sobre la mesa. El órdago no sentó nada bien al president –aunque se señala a la consellera Neus Munté como la filtradora de estos entresijos para blindarse ante posibles movimientos en el Govern–, que aprovechó el pleno para asegurar que nombraría un conseller encargado del referéndum.

Junqueras contraatacó y se ofreció para protagonizar la compra de urnas de cara al próximo martes –día en que se reúne el gobierno catalán– junto al conseller de Exteriores, Raúl Romeva. Su idea es asumir la iniciativa y corresponsabilizar, a la vez, a todo el Govern en ella. Puigdemont sabía que con este movimiento estaba obligado a mover pieza. Entonces se reunió con Mas, Pascal y Vila para hacer frente «al amotinamiento de los cuadros del PDeCAT» que se consideran al margen del proceso.

La CUP, mientras, se lo mira desde la barrera esperando poder justificar sus críticas al PDeCAT y a ERC, por cómplice, de «su escaso compromiso con el 1-O». En pocas horas deberá remodelar el gobierno, definir nuevas competencias y evitar que las cesiones a ERC agraven sus relaciones con el PDeCAT. Se lo juega todo en unas horas porque necesita fortalecerse. A última hora de la tarde, anuló su agenda vespertina de hoy.